Maduro a su llegada al helipuerto de Manhattan, desde donde ha sido trasladado al tribunal donde será juzgado.

Maduro a su llegada al helipuerto de Manhattan, desde donde ha sido trasladado al tribunal donde será juzgado. Reuters

A la intemperie

El tirano Maduro y el peligroso delito de Trump: latines para la incertidumbre venezolana

Del 'sic semper tyrannis' al 'memento mori', las expresiones que mejor describen el derrocamiento del presidente venezolano a manos de EE. UU.

Más información: Juan Carlos Chirinos: "Maduro forma parte del club de los tiranos. Y los tiranos saben el final que les espera"

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Se atribuye a Marco Junio Bruto en el momento de asesinar a Julio César la frase que hemos usado tantas veces a la hora de la muerte de un tirano: "Sic semper tyrannis". Traducción al español: "Así siempre con los tiranos". El presidente venezolano Nicolás Maduro era como tal un falsario, un tirano caribeño más, un criminal sin agobios y sin la más mínima grandeza. Trump lo ha bajado del trono y de las bravatas de todos sus tiempos de un solo manotazo.

El 21 de septiembre de 1976, Marcos Orlando Letelier, que fuera ministro de Estado del gobierno del presidente Salvador Allende, fue asesinado por orden de Pinochet en la Avenida Pensilvania de la ciudad de Washington. Algún crítico de ese asesinato y sin embargo senador pinochetista clavó la descripción del crimen: "Bien muerto, pero mal matado".

Lo mismo ha hecho Trump con Maduro el 3 de enero del año en curso. Saltándose las más elementales leyes internacionales, el casi desaparecido Derecho Internacional, y las nacionales de su país, el presidente norteamericano ha cometido un delito de lesa humanidad que colabora en grado sumo a la terrible decadencia de la democracia y las libertades de la civilización universal.

Calibán triunfa sobre Ariel una vez más. La barbarie de la fuerza frente a la razón de la ley y la paz. Pero, ahí está la gran paradoja: desde la tiranía que está construyendo claramente en todos sus alrededores, ha librado a Venezuela de un tirano sin límites. De tirano a tirano y que siga el hundimiento del Titanic democrático.

Primero se pierde el respeto, luego la confianza y al final llega la debacle ética y estética. De tirano a tirano, y ya que estamos en el Imperio romano, memento mori, que se traduce en español así: "Recuerda que eres mortal".

Es historia que en la parte trasera del carro del vencedor de las batallas del Imperio que entraba en Roma entre la gloria personal, los honores del poder y el griterío del populacho, un esclavo colocado ad hoc y agachado tras el campeón de la guerra le gritaba cada cierto tiempo la frase que ha llegado hasta nosotros: "Memento mori". No te olvides de que eres mortal.

Hoy, enero de 2026, en América: de tirano a tirano, el esclavo derrotado puede avisar a Trump del final de tantos tiranos vencedores de inútiles batallas: "No te olvides de que eres mortal", porque en la gloria del triunfo mientras más entusiasmo y más hiperbólico aplauso el tirano triunfador suele olvidarse de la frase de Bruto a la hora de matar a Julio César: "Sic semper tyrannis".

Donald Trump ha cometido un delito de lesa humanidad que colabora en grado sumo a la terrible decadencia de la democracia y las libertades

Los trágicos griegos (Esquilo, Sófocles –sobre todo– y Eurípides) escribieron las grandes obras que luego dieron realidad a Shakespeare y sus no menos grandes obras en las que se basa casi siempre la ópera clásica para explicarnos entre cantos y músicas sobre un escenario de teatro la fragilidad de la condición humana, su vicio por las emociones y sentimientos exagerados, su gusto por las pulsiones del amor y la muerte, los jinetes del Apocalipsis y las tumbas para toda la eternidad.

Trump se cree uno de aquellos emperadores romanos que, en la decadencia del Imperio (léanse a Montanelli), llegaba a excesos para agarrarse desesperadamente a una inmortalidad y a una grandeza de las que carecía. Todo lo que hace está fuera de la ley, porque puede y porque hace lo que le da la gana.

Como los cubanos de la ya entonces traicionada Revolución cubana, Trump va haciendo la paz con la guerra, de modo que consigue todo lo contrario de lo que pretende y el bumerán está siempre a la vuelta de la esquina.

Ya no hay principios, se acabaron las leyes básicas de la Ilustración, ya no hay leyes, cada vez hay menos plata y más barro sobre el terreno de juego de la historia. "Si vis pacem, para bellum" (si quieres la paz, prepárate para la guerra), escribió el campeón Julio César no sin falta de razón, lo que no le privó en ningún momento de morir como un tirano.

Ahora no les falta razón a quienes, Casandras al fin y al cabo, nos dicen que si queremos la paz vayamos preparándonos para la guerra. Los episodios de Venezuela, con sus traiciones secretas, sus abusos y bravuconadas de un lado y otro, nos van diciendo que no hay otro camino. Y el que nos queda no es gratis, como bien advertía hace un par de días Josep Borrell en un programa de televisión.

Comprender, e incluso compartir, la inicial alegría del inmenso exilio venezolano no nos saca de la inquietud, de un fantasma inminente que va tomando forma en el mundo del siglo XXI; no nos saca de la incertidumbre en la que está sumida Venezuela y toda la región circundante, Monroe redivivo y vuelta a empezar, como el horror que ya tenemos encima, en nuestro propio mundo civilizado, Calibán sodomizando a Ariel, el ángel en el que sin embargo seguimos creyendo algunos.