Jan Brueghel el Viejo y Rubens: 'El olfato', 1618

Jan Brueghel el Viejo y Rubens: 'El olfato', 1618

Exposiciones

Así huelen Jan Brueghel y Rubens

El Museo del Prado evoca 10 de los aromas de 'El olfato', pintura en la que figuran más de 80 especies de plantas

4 abril, 2022 17:04

Estamos acostumbrados a explorar el arte a través de la mirada pero hay un sentido que el Museo del Prado quiere incorporar: el olfato. La exposición La esencia del cuadro. Una exposición olfativa propone descubrir El olfato, pintura de Jan Brueghel el Viejo y Rubens, a través de una serie de aromas ideados por el perfumista Gregorio Sola. Así, el espectador puede sentir las rosas, los nardos o los jazmines que se ven en el cuadro.

Se trata de una exposición inmersiva que permite descubrir algunas de las 80 plantas y flores que componen esta obra que Jan Brueghel el Viejo pintó en 1617 y 1618 y en la que las figuras alegóricas fueron realizadas por Rubens. “Es una manera de acercarnos al pasado, que era olfativamente más sensible de lo que lo es el presente, las cosas olían más. Oler permitía a la gente darse cuenta de que un alimento o un lugar era peligroso”, asegura Alejandro Vergara, comisario de la muestra. 

La pieza evoca el jardín de árboles y plantas que Isabel Clara Eugenia y su marido tenían en Bruselas a principios del siglo XVII aunque, como dice el comisario Alejandro Vergara, no se conoce con seguridad que las tuvieran todas. “Todas las plantas existen y eran objetos de interés. En la época era frecuente que los artistas pintaran para un coleccionista lo que él quisiera tener”, apunta. 

Para esta muestra, el perfumista Gregorio Sola ha creado diez fragancias relacionadas con el lienzo. “Hay más de 80 plantas y hemos elegido las que son afines a la perfumería como el ámbar, la alegoría o la higuera”, apunta. Uno de los aromas mezcla las rosas con el jazmín y el clavel: “la rosa es la reina de las flores y su rey es el jazmín, es una combinación que aporta riqueza”. También nos encontramos con el lirio, la esencia más cara de la perfumería cuyo precio puede doblar el del oro, o el narciso, que “contiene una nota floral casi aceitosa, amaderada y con toques de melocotón y aceituna machacada”.

En esta sala olfativa, en la que se han instalado unos dispositivos que emanan las fragancias, hay espacio para la creatividad en otros motivos como la Alegoría, que invita a detener la mirada sobre el ramillete de flores que huele la figura alegórica; Guantes, que reproduce el olor de un guante perfumado de ámbar según una fórmula de 1696; Higuera, que nos animará a reconocer esta planta en la escena o Flor de naranjo, que dirigirá nuestra atención hacia los alambiques que se usaban para destilar este producto. 

También han incluido un guiño a la civeta, que era el fijador de los perfumes de la época, lo que hacía que el aroma perdurase en la piel”, apunta Sola. Sin embargo, ha hecho hincapié en que se trata de la única fragancia sintética pues no querían “tocar ningún animal”. En total, 10 fragancias que acompañan al sentido de la vista y que permiten conocer un poco más de cerca el pasado. Esta exposición, así, persigue que el recuerdo se quede con el visitante. En palabras de Gregorio Sola: “La memoria visual y auditiva tienen una memorabilidad más corta que la olfativa. Todos recordamos el perfume de nuestra madre, el olor de nuestro primer beso o el olor de los lápices. Lo que queremos es que el cuadro de Jan Brueghel nos deje a todos una huella olfativa única y memorable”.

El olfato forma parte de Los cinco sentidos, serie que probablemente fue un encargo de la infanta Isabel Clara Eugenia y su esposo Alberto de Austria, soberanos de los Países Bajos meridionales, para quienes Brueghel trabajó como pintor de corte. Para Vergara, “no hay pintura más gozosa que la suya”. De manera que pensando en una manera de llamar la atención sobre la figura del artista mantuvo una serie de conversaciones con Gregorio Sola. La tecnología que han usado “evoca los objetos del cuadro sin humedad y sin que afecte a la obra”. 

Los objetos que se ven en estas escenas reflejan el coleccionismo y gusto de las cortes europeas de la época. En 1636 los cinco cuadros se encontraban en Madrid, en la colección del rey Felipe IV, quien los instaló en una sala decorada con dos estanterías de ébano y bronce junto a cuadros atribuidos a Durero, Tiziano y Patinir entre otros. Se encontraban entre las principales joyas del monarca.

Esta muestra permite, además, “acercarnos al pasado porque en el siglo XVII se referían a la pintura también por su olor”. De hecho, Federico Borromeo le dijo a Brueghel que al ver su pintura podía imaginar el olor de la primavera. Sin embargo, “hemos perdido esa manera de relacionarnos con el arte”.