Leonora Carrington: 'Edwardian Hunt Breakfast', 1956. Foto: Estate of Leonora Carrington / ADAGP

Leonora Carrington: 'Edwardian Hunt Breakfast', 1956. Foto: Estate of Leonora Carrington / ADAGP

Arte

La artista Leonora Carrington, alquimista de lo invisible, despliega su magia surrealista en París

El Museo de Luxemburgo muestra en la capital francesa 126 obras de la creadora y de otros compañeros de generación en un recorrido excepcional.

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Es todo un acontecimiento: la primera monográfica en Francia de Leonora Carrington (1917-2011), una de las figuras femeninas más relevantes en el arte del siglo XX. Se han reunido 126 obras suyas, pero también de otros artistas con los que mantuvo contacto.

Leonora Carrington

Museo de Luxemburgo. París. Comisarios: Tere Arcq y Carlos Martín. Hasta el 19 de julio

Se puede decir que el núcleo central del trabajo artístico de Carrington es la autorrepresentación: la visión de sí misma en una proyección intensa de retratos dinámicos, metamórficos y mitológicos junto a expresivos animales. Con todo ello, estamos ante una cuestión central: el carácter cambiante y fluido de la identidad, algo que nos sitúa ante una clave decisiva de su vinculación con el surrealismo.

Nacida en Inglaterra, en el condado de Lancashire, su trayectoria se articula a través de un proceso continuo de viajes, de Florencia a París, del Sur de Francia a España, y culminaría en la etapa más larga de su vida en México, donde acabaría convirtiéndose en una figura de culto.

Viajes y metamorfosis, interior y exterior: mezcla de lo humano, lo animal, lo vegetal y lo imaginario… De ahí la síntesis entre surrealismo, mitología y esoterismo.

La exposición se articula en seis secciones. La primera, “En los orígenes de un gran viaje interior”, se centra en los inicios, en la Inglaterra de comienzos del siglo XX y una estancia en Florencia en los primeros años treinta. La imaginación de su infancia, nutrida con cuentos de hadas y literatura fantástica, se va abriendo a la representación pictórica de lo fantástico combinada con el contacto con las obras de los artistas clásicos. Las obras aquí reunidas son acuarelas, en algunos casos con textos escritos en ellas.

Leonora Carrington: 'Ballerina II (Mythical Figure)', 1954. Foto: Estate of Leonora Carrington

Leonora Carrington: 'Ballerina II (Mythical Figure)', 1954. Foto: Estate of Leonora Carrington

El título de la segunda sección, “La Esposa del Viento”, es el término que empleó para caracterizarla Max Ernst, su pareja durante el tiempo que se produjo su inmersión en el surrealismo. Vivieron juntos hasta que, en 1940, Ernst fue arrestado como enemigo potencial de Francia y sus caminos se separaron.

Carrington se marchó a España, pero en Madrid fue víctima de una violación colectiva, tras lo cual la internaron en Santander en un sanatorio psiquiátrico, donde fue sometida a un régimen severo, que vivió como una intensa tortura. En 1941 se trasladó a Nueva York donde estableció contactos con los surrealistas exiliados. En esta etapa predominan las figuras de animales en una síntesis con lo humano y las proyecciones fantásticas.

En la tercera parte, “Extrañamiento: memoria de los orígenes, nostalgia de las riberas”, el extrañamiento marca el inicio, en 1942, de su vida en México, donde permaneció hasta el final de su vida. Su pintura alcanzó entonces una magnificación intensa, con una profunda dimensión introspectiva.

En 1946 se casó con el fotógrafo de origen húngaro Emérico “Chiki” Weisz, con quien tendría dos hijos: Gabriel y Pablo. En 1948 presentó su primera exposición en Nueva York, un momento decisivo en su reconocimiento internacional.

En Carrington prima la autorrepresentación: la visión de sí misma en una proyección de retratos dinámicos, metamórficos y mitológicos

El título de la cuarta, “El viaje de la heroína”, está tomado del escritor y especialista en mitología Joseph Campbell, y tiene que ver con las representaciones míticas y transculturales de los viajes heroicos, que tanto influyeron en su trabajo de los años cincuenta.

La quinta, “La oscuridad luminosa”, recorre su obra a través de los “lugares oscuros del conocimiento”, en relación con su interés por la magia, el tarot, la alquimia, la astrología, el espiritismo y otras mancías de la antigüedad que van de los años cincuenta a los setenta.

Vista de la exposición de Leonora Carrington. Foto: Didier Plowy / GrandPalaisRmn, 2026

Vista de la exposición de Leonora Carrington. Foto: Didier Plowy / GrandPalaisRmn, 2026

Y, finalmente, la sexta sección, “La cocina alquímica”, de 1943 a 1975, es una metáfora que integra su utilización de las tradiciones mágicas y el simbolismo esotérico en una síntesis o “cocinamiento”, que alude también a su pasión culinaria.

Carrington se despliega sobre todo a través de la pintura: con dibujos, collages, grafitos, y cuadros al óleo. Lo que vemos son figuras, pero la figuración se une a un juego de fluidos con líneas y espacios difusos de diversos colores; se trata de una figuración dinámica, que busca transmitir el carácter cambiante de los seres y la realidad.

Es crucial, también, la dimensión profunda de pensamiento y teoría que caracteriza a la artista. En un texto personal de 1970, titulado Animal humano hembra, subraya en el inicio la dimensión metamórfica: “Hace cincuenta y tres años nací animal humano hembra. Eso, me dicen, quería decir que yo era una mujer, pero nunca he comprendido qué querían decir con eso”.

Tras una serie de reflexiones sobre la comprensión y la interrogación de quiénes somos, acaba el texto con una explícita reivindicación de la feminidad: “Si nosotras las mujeres continuamos siendo pasivas, pienso que entonces hay poca esperanza de que la vida sobreviva sobre este planeta”.