Laia Estruch: 'Carrau', 2026. Foto: Jonás Bel y Erhardt Flórez

Laia Estruch: 'Carrau', 2026. Foto: Jonás Bel y Erhardt Flórez

Arte

Laia Estruch, del castillo inflable de nuestra infancia a la obra de arte crítica

Erhardt Flórez presenta una exposición que se desarrolla en las puertas y que consiste en atravesarlas.

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Podría pensarse, parafraseando al protagonista de Solenoide de Mircea Cartarescu, que la exposición individual de Laia Estruch (Barcelona, 1981) en la galería Ehrhardt Flórez está cerrada a cal y canto: basta con palpar con los dedos la superficie inflable de colores saturados de la obra, que ocupa todo el acceso a la galería, para comprender que ahí no hay aberturas ni fisuras.

Laia Estruch. Carrau

Galería Erhardt Flórez. Madrid. Hasta el 2 de mayo. De 27.000 a 32.000 €

A diferencia de la idea de ese personaje, que concibe la literatura como una máquina capaz de generar primero beatitud y luego decepción, es el espectador indiferente quien, ante esta obra, experimenta únicamente este último efecto.
La barrera inicial podría evocar la obra de Daniel Buren que clausuró las puertas de la Galleria Apollinaire, y algunos inquietos no se resignarían a permanecer en su exterior, pues intuirían que la artista catalana guarda algo más por detrás de los cilindros de aire unidos entre sí.

Descubrirían, con suerte, que pueden atravesar el inflable para desvelar lo que se oculta al otro lado, con la esperanza de encontrar un despliegue expositivo similar al de Buren en la galería John Weber, cuando expuso sus obras desde un extremo de la sala hasta hacerlas llegar a la fachada del edificio de enfrente.

No obstante, al perforar esa densidad plástica que se resiste, deslizándose por la grieta que la propia fuerza va abriendo hasta caer finalmente al otro lado, se encuentran con el vacío, acompañado del sonido continuo de un motor que insufla esa estructura.

Entonces, los visitantes podrían sentirse decepcionados por considerar la instalación anticlimática. Pero luego están aquellos con curiosidad que comienzan a buscar sentido de manera activa. Se percatan de que la instalación está acompañada de documentación gráfica adherida a su superficie, que remite a proyectos anteriores de la artista.

Laia Estruch: 'CARRAU', 2026. Foto: Jonás Bel / Galería Ehrhardt Flórez

Laia Estruch: 'CARRAU', 2026. Foto: Jonás Bel / Galería Ehrhardt Flórez

A través de estas imágenes, en las que se la ve interactuando con sus obras, se comprende que lo lúdico es un elemento esencial en este contexto, y que atravesar esa membrana se asemeja a cuando éramos niños jugando en un castillo inflable, plenamente conscientes de que somos los únicos responsables de crear nuestra propia experiencia. Y ese juego continúa en los otros dos espacios, donde se encuentran más membranas inflables que debemos atravesar como recién nacidos.

Durante el trayecto la expectativa se mantiene: nos preguntamos si habrá algo al otro lado o si el espectáculo se limitará al gran boom del umbral. Al final, descubrimos que en este ir y venir constante, en esta repetición, como ocurre al girar una carraca (“carrau” en catalán), surge un sonido creado por nuestras propias manos.

Es un gesto que recuerda, en una sociedad cada vez más acostumbrada a delegar todo a la inteligencia artificial, el valor de la acción y de la participación frente a la mera contemplación y a la insensibilidad de quien observa el juguete girar sin tocarlo.

Ahí, en la curiosidad activa, reside la beatitud de la que nos habla Cartarescu: la dicha de poner en movimiento algo, en el goce de jugar y el poder descubrir por uno mismo lo que parecía velado.