Las imágenes que no quieren gustarte: el archivo incómodo de Donna Ferrato llega al PhotoFest de Palma. 'Bolts'
Las imágenes que no quieren gustarte: el archivo incómodo de Donna Ferrato llega al PhotoFest de Palma
Cuando mirar deja de ser cómodo. Donna Ferrato convierte cuatro décadas de violencia, rabia y resistencia en un archivo vivo que interpela al espectador y cuestiona el orden que la sostiene.
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Ojalá te enfurezcan. Esa es, en el fondo, la única advertencia honesta ante la exposición Holy de Donna Ferrato que inaugura el Casal Solleric de Palma. Sus imágenes no están hechas para gustar, ni siquiera para comprender del todo. Están hechas para incomodar, para tensar algo por dentro, para recordarnos que hay violencias que siguen ocurriendo mientras miramos hacia otro lado.
Donna Ferrato (Ohio, 1949) no llegó a este lugar por teoría, sino por impacto. En 1981, mientras realizaba un reportaje para una revista, vio a un hombre golpear a su esposa. No apartó la mirada. Hizo la fotografía. Aquel momento fue el inicio de Living With the Enemy. Una de las series más influyentes de la fotografía documental contemporánea. Desde entonces, su cámara no ha dejado de señalar.
La exposición en Palma, enmarcada dentro del Mallorca PhotoFest y comisariada por Tomeu Coll, reúne ese recorrido y lo expande a través de Holy (2020), una suerte de manifiesto visual sobre el cuerpo, la rabia, el placer y la resistencia. No es una retrospectiva al uso, sino una acumulación de energía. Las imágenes de Ferrato, directas y sin artificio, atraviesan décadas pero parecen suceder ahora mismo.
Hay algo en su forma de fotografiar que rompe con la tradición documental clásica. Ferrato no observa, se implica. Su cámara no es un escudo, es una herramienta de contacto. Ha trabajado durante años junto a mujeres que huían de relaciones abusivas, en refugios, en espacios de tránsito.
Ha documentado heridas, pero también procesos de reconstrucción. "Cuando les pedí que me mostraran quiénes eran, me miraron a los ojos y se mantuvieron firmes", recuerda. En sus imágenes no hay víctimas pasivas, hay cuerpos que resisten.
Minneapolis, Minnesota. 1987 Diamond, un niño de 8 años, llamó a la policía para denunciar a su padre. Cuando la policía llegó, dijo: «Te odio por pegar a mi madre. No vuelvas a esta casa».
Holy es, en ese sentido, una exposición que se mueve entre extremos. Una fotografía muestra a su hija dando a luz en casa, en un estado de éxtasis. Otra, cuerpos marcados por la violencia que no bajan la mirada. Dolor y placer conviven sin jerarquía. "Ese es el tipo de belleza del que hablo", comenta Ferrato. No hay estética de lo agradable, hay verdad.
El comisario Tomeu Coll lo resume con precisión: "La cámara, en manos de Donna, se convierte en una herramienta todavía revolucionaria". Y no es una metáfora vacía. Durante años, el trabajo de Ferrato ha estado vinculado a estructuras reales de ayuda a mujeres maltratadas.
Rita. Filadelfia, Pensilvania. 1986. Rita hizo historia al convertirse en la primera mujer maltratada en aparecer en la portada de una revista nacional.
La fotografía no termina en la imagen, continúa en la acción. "Cree ferozmente en la fotografía como herramienta para cambiar las cosas", insiste Tomeu. Esa fe poco habitual en un tiempo de cinismo atraviesa toda la exposición.
Pero Holy no se sostiene solo en la denuncia. Hay una pregunta que recorre la obra como un hilo incómodo. "¿Por qué tantos hombres odian a las mujeres?". Ferrato no responde desde la teoría, sino desde la acumulación de historias. Su diagnóstico es brutal. La violencia de género como sistema, como herencia cultural normalizada.
Donna Ferrato, NY 2026.
Y, sin embargo, lo que permanece al salir de la exposición no es solo la oscuridad. Es la fuerza. Las mujeres que aparecen en sus imágenes no están derrotadas. Sostienen la mirada, se reconstruyen, atraviesan la violencia y la transforman. Ferrato habla de revolución en términos íntimos, el paso de estar golpeada a volverse imbatible.
A sus 76 años, la fotógrafa sigue trabajando con la misma urgencia. Dice que la cámara es el lenguaje al que recurre cuando las palabras fallan, que le pesa como un albatros pero que también es la única forma que ha encontrado de ser útil. En un presente que describe como confuso y violento, su respuesta no es retirarse, sino seguir mirando.
Donna Ferrato y Tomeu Coll en la presentación de la exposición ante los medios.
En una de las imágenes incluidas en la muestra, tomada durante la manifestación del 8 de marzo de 2019 en Madrid, una multitud ocupa la calle. No es una escena excepcional, es continuidad. Porque si algo deja claro Holy es que la historia que empezó en 1981 no ha terminado.
En el Casal Solleric, las fotografías de Donna Ferrato no se contemplan. Se atraviesan. Y al salir, queda una sensación incómoda, necesaria: la de haber visto algo que ya no permite mirar igual, sino que te destroza ferozmente. Ese es el verdadero poder de la fotografía de Donna.
Destellos de Ira. Lorain, Ohio. 1976. Cartel del festival.