Los cinco galeristas entrevistados. Collage: Ruben Vique

Los cinco galeristas entrevistados. Collage: Ruben Vique

Arte

Galerías más allá de Orión: anatomía del futuro en el horizonte de las ferias de arte

Invitamos a cinco galerías a reflexionar sobre el futuro del sector: Albarrán Bourdais, Moisés Pérez de Albéniz, ADN, Cibrián y la recién llegada a ARCO Río & Meñaka.

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En el año 2045 quizá haya galerías de arte en refulgentes platillos volantes que sobrevuelen nuestros espacios aéreos para acudir a las diferentes ferias. El cielo de ARCO estaría trufado de aeronaves suspendidas en el aire como una excelsa exhibición de globos aerostáticos.

Quizá los coleccionistas puedan entonces pagar sus adquisiciones con los interfaces cerebro-neuronales de Elon Musk, o quizá las obras de arte se hayan desmaterializado por completo y dejen de ser objetos para convertirse en emociones o sensaciones. Pero hasta que todo eso suceda (o no) nos movemos en un terreno especulativo basado en hechos reales.

Para vislumbrar ese futuro no tan lejano que enuncia esta edición de ARCO, hemos hablado con galeristas de larga, media y reciente trayectoria como Albarrán Bourdais (Eva y Christian), Moisés Pérez de Albéniz (MPA), ADN (Miguel Ángel Sánchez), Cibrián (Gregorio Cibrián) y Río & Meñaka (Enrique del Río y Amaia de Meñaka) y les hemos preguntado por el presente y el futuro de su negocio.

Unas veces tildado de zombi (“Se viene hablando del modelo galerístico y su obsolescencia desde que inicié el proyecto hace más de 20 años”, afirma Miguel Ángel Sánchez de la barcelonesa ADN) y otras celebrado en su efervescencia.

Lo primero que aflora al escucharlos es que el galerismo español ya no cabe en un único diagnóstico. Para Miguel Ángel Sánchez, director de ADN, “sigue siendo un sector muy atomizado y con muchísimos players”. Más agentes, más costes y márgenes más estrechos: “Noto una fatiga generalizada y cierto desánimo que compensamos con una enorme dedicación. Ahora bien, sin tiempo de reflexión de calidad, cuesta muchísimo poder cartografiar nuestras áreas de influencia y ejecutar de manera precisa”.

Gregorio Cibrián. Foto: Emmy Martens

Gregorio Cibrián. Foto: Emmy Martens

Eva Albarrán y Christian Bourdais, en cambio, hablan de un momento “dinámico” y “estimulante”, con nuevas aperturas y una voluntad clara de expansión, aunque “persisten retos importantes, como el IVA cultural, que sigue siendo un factor determinante para la competitividad del sector”.

Gregorio Cibrián introduce otra reflexión: hay talento, sí, pero falta una internacionalización más profunda: “El galerismo español sigue arrastrando carencias estructurales importantes. Aunque existen proyectos sólidos, el sistema en su conjunto no está suficientemente internacionalizado ni estratégicamente articulado para las dinámicas actuales del arte contemporáneo”.

Desde Río & Meñaka, Enrique del Río lanza un diagnóstico más optimista: “Nunca en 22 años de trayectoria he visto un momento tan efervescente en el mercado del arte español”.

Las cifras globales del mercado del arte dibujan un paisaje menos apocalíptico que la película Blade Runner. Según el prestigioso informe Art Basel & UBS Art Market Report 2025, el mercado mundial del arte cayó en valor un 12 % en 2024, hasta los 57.500 millones de dólares, y las ventas descendieron un 6 %.

Moisés Pérez de Albéniz. Foto: MPA

Moisés Pérez de Albéniz. Foto: MPA

Sin embargo, el volumen de transacciones subió un 3 %, señal de que el mercado se está ensanchando por abajo, en los tramos más accesibles. En ese paisaje, las ferias siguen siendo decisivas: representaron el 31 % de las ventas de las galerías y fueron la principal fuente de nuevos compradores para el 31 % de los vendedores consultados. No hay hundimiento del modelo: hay redistribución de riesgos, presión sobre los costes y una batalla por la visibilidad.

Casi todas las galerías consultadas hablan menos de reinventarse que de afinar su escala y adaptarse a lo que venga. MPA lo cuenta desde una experiencia personal: tras verse obligado a dejar su anterior espacio en Doctor Fourquet, ha sustituido la amplitud del cubo blanco por un lugar “más íntimo, recogido e incluso más reflexivo”, acompañado de sesiones con grupos reducidos para profundizar en los procesos artísticos.

En San Sebastián, Cibrián asumió desde el inicio que no podía depender del tráfico espontáneo y optó por “construir una audiencia propia y establecer un diálogo real con el circuito internacional”. ADN ha respondido ensanchando funciones: más apoyo a artistas, más gestión y más programa público.

El problema, resume Sánchez, es la “polivalencia de tareas” excesiva de las microempresas culturales. Y Albarrán Bourdais ha hecho de la diversidad un estilo propio: Menorca, Solo Houses y Solo Sculpture Trail: “Esta diversidad nos ha permitido repensar el modelo tradicional de galería. Hemos ampliado el contexto de exhibición y generado nuevas formas de relación entre obra, artista y público. Esa capacidad de evolución es, precisamente, lo que define nuestro modelo”.

Eva Albarrán & Christian Bourdais, 2024

Eva Albarrán & Christian Bourdais, 2024

En el futuro no se atisba la desaparición de la galería, sino una tendencia a su mutación en artefacto híbrido. Nadie afirma que el formato esté muerto: “No creo que esté obsoleto, pero sí profundamente tensionado. La galería ya no puede limitarse a exponer y vender: debe producir, contextualizar, acompañar carreras, generar discurso y mantener una presencia internacional constante”, afirma Gregorio Cibrián.

Albarrán Bourdais imagina estructuras “mediadoras culturales flexibles”, capaces de tender puentes entre lo institucional, lo privado, lo editorial, lo arquitectónico o lo territorial. MPA insiste en que, sea físico o digital, el espacio galerístico debería conservar sus “valores didácticos y pedagógicos” y seguir siendo gratuito.

Miguel Ángel Sánchez de ADN. Foto: ADN

Miguel Ángel Sánchez de ADN. Foto: ADN

Y Río & Meñaka introducen un matiz decisivo: “Cambiarán los modelos y las estructuras, –dicen–, pero no el ADN de una galería: dar voz a los artistas, representarles bien y hacer llegar su trabajo al mejor público posible”.

Ese desplazamiento obliga a repensar el papel de las ferias. Han sido, y siguen siendo, un revulsivo comercial y simbólico formidable, pero cada vez menos galeristas creen que puedan sostener por sí solas una estructura. Cibrián advierte contra la “dependencia de un calendario ferial cada vez más exigente”; Sánchez incluso pronostica que las ferias “van a perder algo de protagonismo” en la actividad de las galerías.

Las cifras internacionales confirman esa ambivalencia: las ferias continúan siendo un canal crucial de ventas y captación, pero sus costes de participación figuran ya entre las principales preocupaciones del sector. La feria sigue siendo necesaria, pero ya no basta.

Frente a la ansiedad por la hiperconexión y la presencia digital, nuestros cinco interlocutores defienden, con matices distintos, la persistencia de lo presencial. Pérez de Albéniz lo formula con alegría: “Me pasa lo mismo con las exposiciones: necesito verlas, olerlas, sentir las texturas, apreciar el color, etc. Son imprescindibles para mí y para mi concepto del arte. ¡Viva lo físico!”.

Río & Meñaka. Foto: Río & Meñaka

Río & Meñaka. Foto: Río & Meñaka

El director de ADN va más allá y propone una ética de la atención: “Mi sensación es que comunicar menos y mejor podría ayudar. Nos quejamos de poco tráfico de visitas e interacciones de calidad en nuestros espacios, pero al mismo tiempo no paramos de enviar información de forma constante y, en ocasiones, me pregunto si no estaremos desmotivando la visita con tanta presencia en los smartphones”.

Albarrán Bourdais subraya que la relación directa con “la escala, la materialidad y el entorno de la obra sigue siendo insustituible”. Cibrián lo resume con precisión: “Lo digital es una herramienta estratégica; la experiencia sigue siendo corporal”.

Río & Meñaka ven incluso un giro de época: “La balanza se está inclinando tanto y tan fuerte hacia un lado que el arte y la cultura tendrán una nueva época dorada. Hay un renacimiento enorme de los oficios, de lo tradicional, de lo palpable, de lo artesano… El arte será más relevante que nunca por contraste con lo digital”.

La otra cuestión que azota su supervivencia es política: ¿quién podrá sobrevivir en un ecosistema cada vez más concentrado en menos manos? ADN teme la polarización entre grandes estructuras y “radicales libres emergentes”, y defiende una idea esencial para cualquier ecología cultural: “Estructuras medias y solventes es lo que más necesitan los artistas”.

Albarrán Bourdais recuerda que “la diversidad fortalece el tejido cultural” y Cibrián lo formula como principio sistémico: “El futuro parece orientarse hacia formatos flexibles, capaces de combinar exposición, producción, edición, investigación y mediación cultural”.

Río & Meñaka, más confiados, creen que en el arte todavía persiste una “esperanza democrática” que permite abrirse camino a quien tenga una propuesta sólida. Incluso MPA reivindica la libertad radical de una profesión sin manual ni formación reglada.

De fondo late una cuestión: el coste de mantener las puertas abiertas. El informe de Art Basel y UBS señala que los gastos se incrementaron de media un 10 %, incluyendo salarios, alquileres, tecnología y otros costes fijos. No extraña que, entre la inflación, la presión inmobiliaria y el esfuerzo de internacionalización, muchos proyectos busquen menos el crecimiento que alcanzar un estado que les permita respirar.

Quizá ahí esté la imagen menos espectacular pero más certera del futuro. Lejos del platillo volante, las galerías se convertirán en organismos más porosos, fluidos, humanos, y más conscientes de su escala y de sus vínculos con su comunidad; menos encerradas en la lógica del cubo blanco.

Si algo dejan claro estas cinco voces es que el modelo no está acabado: está discutiéndose a sí mismo y reinventándose constantemente. Y eso, en arte, suele ser una buena noticia.

El porvenir de las galerías no se decidirá solo en la caja, ni en el algoritmo, ni en el stand de una feria. Se decidirá en su capacidad de supervivencia y adaptación, en su forma de convertirse en espacios donde una pieza no solo se venda, sino que pueda ser discutida en compañía y libertad.