Detalle de 'Ghost Shadow', de Carlos Irijalba. Foto: Juan Silió/cortesía del artista

Detalle de 'Ghost Shadow', de Carlos Irijalba. Foto: Juan Silió/cortesía del artista

Arte

Carlos Irijalba: pájaros sin sombra en el país de los drones fallidos

La primera exposición del artista navarro residente en Nueva York en la madrileña Juan Silió explora la geología natural y la libertad de movimiento.

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Una arqueología del futuro es la que practica el navarro residente en Nueva York Carlos Irijalba (Pamplona, 1979). Su primera exposición en la madrileña sede de Juan Silió se convierte en un yacimiento del porvenir: un relato de ciencia ficción de piezas que protagonizan una geología nueva, una que despliega ruinas industriales que resuenan a ídolos aztecas, a Venus de Willendorf, incluso a lurras, esas esculturas chillidianas de pequeño formato.

Carlos Irijalba. Love that bird

Galería Juan Silió. Madrid. Hasta el 21 de marzo. De 2.000 a 75.000 €

Love that bird es un canto a la libertad de movimiento, a pesar de que su relato comience con moldes industriales de arena, usados para motores de aviones y tractores, fosilizados y encontrados en Olite –el pueblo de sus padres–, titulados Nothing/Nobody y producidos este mismo año 2026. Decimos “a pesar de” porque la naturaleza del molde es, en su esencia, antagonista: es la de restringir, constreñir, cohibir.

Estos que se ven en la foto derivan en objetos abstractos que parecen recién cosechados de la tierra. Su libertad se enuncia siendo otros. A su lado, acompañando a estos moldes, Ghost Shadow, 2026: interesantes piezas de aluminio vertido, estas sí, obtenidas desde el curso libre de su camino.

Irijalba, para realizarlas, trabaja en una fundición de metales de Madrid con cuatro operarios que le ayudan a manipular el aluminio ardiente como magma ígneo, y a volcarlo lenta y cuidadosamente sobre una superficie ignífuga: son estos soportes azules con las huellas del curso del aluminio líquido que también podemos ver en la exposición y aún huelen a quemado.

Colada tras colada, tentativa tras tentativa, Irijalba selecciona o desecha el resultado de su derrame hasta que encuentra la forma que desea, los trazos de libertad definitivos.

Detalle de 'Ghost shadow', 2026. Foto: Juan Silió

Detalle de 'Ghost shadow', 2026. Foto: Juan Silió

Una tercera parte del relato, la que se encuentra en el sótano de la galería, es un vídeo de nueve minutos, titulado como la exposición, cuya banda sonora ha producido, con gran sensibilidad, Pedro Portellano.

La película ha sido realizada en su totalidad con material encontrado en plataformas de internet, ya que una de las premisas de Irijalba para crear parte de la responsabilidad de no lanzar al mundo más objetos. El artista cita a san Jerónimo cuando dice: “El mundo está lleno y no nos contiene”.

Vista de la exposición con 'Ghost’s Shadow', 2026, y 'Nothing/Nobody', 2026. Foto: Juan Silió

Vista de la exposición con 'Ghost’s Shadow', 2026, y 'Nothing/Nobody', 2026. Foto: Juan Silió

La pieza audiovisual, ágil y bien producida, vuelve al pájaro como modelo de libertad debido a su aerodinamismo, pero destila un subtexto que alude a los movimientos migratorios en la era Trump y a la trascendencia política del no vuelo. Su montaje, pensado no como una secuencia aleatoria, sino como imágenes significantes yuxtapuestas que siguen la teoría del montaje cinematográfico de Eisenstein, evoca un relato ingrávido donde los drones se estrellan y caen mientras los halcones árabes vuelan con sus cabezas tapadas en jet privado hasta cualquier país del golfo Pérsico.

Irijalba nos regala tres proyectos que se imbrican en un relato coherente donde la escultura y la pintura se confunden, continuando sus trabajos anteriores que profundizaban en las formas geológicas y el materialismo especulativo en la era del Antropoceno.