Impresionante libro. En 373 páginas, Francisco Fuster hace vibrar al entero siglo XX de la literatura española. Lúcido, sereno, objetivo, el autor descarga su equipaje intelectual, tan sólido, en el entorno de Azorín. Los éxitos, las envidias, las miserias, los temores y temblores de los grandes escritores que convivieron con el creador de España clara robustecen el ensayo de Fuster. He devorado su Azorín (Alianza) sin que se debilitara mi interés en una sola página.

Una tarde, al salir de la Comisión de Cultura en la Real Academia Española, mantuve una larga conversación con Mario Vargas Llosa, al que conocí en Lima cuando empezaba. Hablamos sobre Azorín. “No tengo dudas –me dijo–. Es uno de los escritores más importantes de la Historia española. Se escribía de una forma antes de Azorín y se escribió de otra después de Azorín. Suprimió el doble, el triple adjetivo y desgarró la metáfora. Una buena parte de los escritores en América y en España nos sumamos a sus enseñanzas”.

Como se cumplía el centenario de Azorín, Mario y yo propusimos en el Pleno que la Real Academia Española rindiera homenaje a uno de los académicos clave de nuestra historia literaria.

Tenía yo apenas veinte años y el inolvidable director de ABC, Luis Calvo, me incorporó a la Redacción del periódico como becario. En aquella época, en el ABC de la calle Serrano, no había mesas individuales para los redactores, sino una gran mesa general compartimentada. Al lado del más veterano se sentaba el nuevo ayudante. Así es que me instalé junto a Azorín, que iba a la Redacción solo una o dos veces por semana. Me acogió en amistad.

Hablábamos de literatura en el periódico y luego en su casa de la calle Zorrilla. Recuerdo su despacho y aquel pequeño cuadro que reproducía Las meninas. Al hacer yo referencia a la obra de Velázquez, me desmenuzó durante media hora la vida de los personajes que rodean a la infanta Margarita: María Sarmiento, Isabel de Velasco, Mari Bárbola y Nicolasito Pertusato.

En 373 páginas, el historiador hace vibrar al entero siglo XX de la literatura española en una biografía lúcida, serena y objetiva

Hasta su muerte en el invierno de 1967, mantuve contacto con aquel hombre excepcional que me hizo entender la literatura como la expresión de la belleza por medio de la palabra que produce en el lector un placer puro, inmediato y desinteresado.

Pero volvamos al libro. Fuster subraya los éxitos de Azorín, sus premios, los homenajes que le rindieron, su entera vida desde la infancia hasta la ancianidad, siempre delgado, siempre elegantemente vestido, siempre a distancia. Desmenuza también sus fracasos.

Por tres veces le rechazaron en la Academia hasta que fue elegido. Tres veces también resultó derrotado en el premio Cavia, toisón de oro de los galardones periodísticos. Sin él saberlo, le presenté yo con el que sería su último artículo Condensaciones de tiempo. Emilio Romero presionó al director de ABC y su candidato venció a Azorín. Lamentable.

Ortega y Gasset, Pérez Galdós, Antonio Machado, Miguel de Unamuno, Valle-Inclán, Pío Baroja, Jorge Luis Borges, Pérez de Ayala, Ramiro de Maeztu, Américo Castro, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre, Albert Einstein, Charles Maurras, Menéndez Pidal, Gabriel Miró, Sebastián Miranda, Xavier Zubiri, Jorge Guillén, Pedro Salinas, José Bergamín, entre otros muchos, son los personajes que se relacionaron con Azorín.

Acusado de franquista por algunos de sus antiguos amigos, el autor de Al margen de los clásicos mantuvo con gran dignidad sus posiciones políticas y las falsedades que sobre él se vertieron y solidificaron. Azorín me dijo en ABC y lo he publicado varias veces: “Nunca fui franquista, pero preferí a Franco por encima de la II República española que nunca fue liberal, que nunca fue la República de todos, sino que era el instrumento de la izquierda radical para convertir a España en una República soviética. Y el comunismo totalitario es la peor dictadura”.

Se completa el libro de Fuster con una bien seleccionada bibliografía en la que tal vez falte la entrevista que le hizo Cortés-Cavanillas y que se publicó en ABC el 9 de febrero de 1964. No se arrepentirá, en fin, el lector que dedique un fin de semana a la lectura de este libro apasionante.