Eugenio Ampudia: 'Museum & Space', 2011

Eugenio Ampudia: 'Museum & Space', 2011

Arte

El museo de los artistas

Con motivo del Día Internacional de los Museos, ocho artistas escogen su favorito y reflexionan sobre ellos

18 mayo, 2018 00:00

Llega el Día Internacional de los Museos. Una jornada para poner el foco en los centros que velan por nuestro patrimonio. Este año hemos querido que los artistas, sus huéspedes naturales y sus visitantes más fieles, sean quienes elijan su favorito. Tenía que ser español, aunque Isidoro Valcárcel Medina ha optado por uno imaginario, el Museo de la Ruina. Junto a él, escogen el suyo Eugenio Ampudia, Sandra Gamarra, Ignasi Aballí, Gloria Martín, Francesc Torres, Montserrat Soto y Oriol Vilanova, todos ellos artistas cuyas obras, que ilustran estas páginas, reflexionan sobre estos contenedores artísticos. Con equipos de van de doce a casi 400 personas, de presupuestos ajustados a millonarios y mucha diferencia en el número de visitantes, trazamos un recorrido por todos ellos.

Eugenio Ampudia

Eugenio Ampudia: 'Museum & Space', 2011

Me quedo con el MUSAC porque siempre me ha parecido importante el trabajo desde la periferia, donde los museos arriesgan más y hacen un enorme esfuerzo por mantenerse activos y conseguir que se hable de ellos. Desde el principio me sentí implicado en su proyecto, pues toda mi familia es de León, y aún hoy sigue pareciéndome un ejemplo de proximidad, preocupado por introducir nuevas ideas en las cabezas de los ciudadanos que viven a su alrededor. Y eso es lo que le pido a un museo: que sea cercano, de todos, que se expanda e introduzca elementos nuevos en diálogo con sus visitantes y que haga aportaciones serias que sirvan para completar, complicar y diversificar ideas. Mi relación con ellos es de simbiosis: son uno de los territorios donde se desarrollan las estrategias de los artistas (hay algunos que están más preparados para que eso suceda) y un punto de encuentro y comunicación con el público durante el tiempo que dura la exposición. Son también espacios donde las ideas terminan de tomar forma y cambian de manos, pasando a ser parte del público.

Desde que el MUSAC se inaugurara en 2005, ha organizado exposiciones de artistas como Gustav Metzger, Pierre Huyghe, Pipilotti Rist, Lara Almarcegui y muchos otros. Se ha trabajado en una colección que hoy reúne más de 1.600 obras de arte que van de los años ochenta a la actualidad. Con un equipo de 14 personas dirigidas por Manuel Olveira desde 2013 y 5,1 millones de euros de presupuesto, en 2017 recibieron a más de 60.000 visitantes. Este año planea hacer 15 exposiciones.

Sandra Gamarra

Sandra Gamarra: ''Detalle VI', 2006

No sé si es favorito porque me gusta o por todo lo contrario, pero si de un museo me acuerdo, comento y no dejo de pensar ése es el Museo Nacional de Antropología de Madrid. Siempre me han gustado mucho los museos de antropología y cuando llegué a España fue el primero que visité. Pensaba sobre todo en las pinturas de castas: existe sólo una serie peruana y está allí. Mi sorpresa no sólo fue no verla expuesta, sino descubrir que no existía una zona europea, o española, que era lo que me interesaba ver estando aquí. Al preguntar por ella me contestaron que eso era “Historia” y que tenía que buscarlo en otros museos. Más allá de mi sorpresa, comprendí que los museos son espacios para cuestionar(se). Se conciben para contar una historia y a mí lo que me gustaría es que, sin tapar o abolir su historia, fueran capaces de admitir otras lecturas, presentarlas en paralelo, cuestionarse y hasta criticarse. Siguen siendo espacios donde se puede leer el perfil institucional de un país, cómo quiere que se lea la historia, para quién está escrita. En un museo es tan importante lo que está expuesto como lo que no, sobre todo en los históricos. Los de arte contemporáneo son más abiertos en ese sentido, se sobreentiende que “se están escribiendo” y eso deja más ventanas y puertas a los interrogantes y a la duda. Es curioso cómo entramos a los museos de historia como niños y no se nos ocurre poner en duda la información que se nos ofrece. Son una suerte de espejo de un conocimiento que creemos tener, en donde las jerarquías de tiempo, desarrollo y hasta de raza, se ven consolidadas.

Este museo abre sus puertas en 1875 y tiene su origen en la colección del médico segoviano Pedro González Velasco. Entre los objetos de su colección encontramos una plumaria amazónica, tejidos tradicionales filipinos y altares budistas. Más de 80.000 personas pasaron por sus salas en 2017. Con un equipo de 45 personas, no tiene presupuesto propio sino que forma parte del de la Subdirección General de Museos Estatales.

Ignasi Aballí

Ignasi Aballí: 'Reflexió V', 2004-2006

El MACBA es el museo del arte contemporáneo con el que tengo un vínculo más estrecho, continuado y cotidiano porque es el museo de la ciudad en la que vivo, además de por el interés de su programación, algo que también destaco del Museo Reina Sofía. Visito los museos para aprender y descubrir cosas que no conocía y también para disfrutar de las obras que se exponen. Me gusta mucho ir, de hecho son una de mis prioridades cuando viajo a otros países. Y no sólo los de arte contemporáneo, también los de otros periodos y disciplinas, como la arqueología o las ciencias naturales. Un aspecto que me interesa mucho es el display o manera de mostrar las piezas y los contenidos al público, algo que incorporo después a mi obra.

El MACBA ha organizado 261 exposiciones temporales desde 1995, algo más de diez por año, como las muestras individuales de Palazuelo, Tàpies, Adrian Piper o Vito Acconci. Con un presupuesto anual de 11 millones de euros, cuenta con una colección de casi seis mil obras, un equipo de 80 personas -con Ferran Barenblit al frente desde 2015- y recibe alrededor de 300.000 visitantes al año.

Gloria Martín

Gloria Martín: 'Oro', 2017

El Museo de Bellas Artes de Sevilla no sé si es mi favorito, pero sí es con el que tengo una relación más especial. Es el primer museo del que guardo recuerdo, el que más visito, su ubicación hace que lo use como parada en el camino, es gratis y siempre está a mano, no está masificado (todo lo contrario) y puedo disfrutar del mejor Zurbarán para mí sola. Al mismo tiempo es un museo sin programación regular, sin difusión, que vive de espaldas a los artistas de la ciudad y al arte de su tiempo; un mausoleo a la deriva política entre la Junta de Andalucía y el Estado. Para mí un museo tiene que conservar y difundir su colección permanente, pero a la vez ser dinámico y ofrecer una programación de exposiciones temporales, enseñar cosas, invitar a que participemos, dialogar con su entorno y formar parte de él. ¡Y que no haya colas, por favor! Como artista y espectadora es fuente de inspiración constante para mis proyectos y un espacio de reflexión y de contemplación en torno a la obra de arte. Me interesa buscar entre sus fondos claves que conecten con mi trabajo.

El Museo de Bellas Artes de Sevilla es una de las pinacotecas más importantes de España, abre en 1841 en el Convento de la Merced. El Greco, Zurbarán, Valdés Leal y Murillo se encuentran entre sus fondos. Cuenta con un equipo de 60 personas, un presupuesto en 2017 de 1.149.847 € (sin contar los gastos de personal) y 335.000 visitantes anuales. Este año habrá más por su exposición Murillo y los capuchinos de Sevilla.

Francesc Torres

Francesc Torres: 'La caja entrópica (El museo de objetos perdidos)' en el MNAC

Los museos son mis mejores amigos y mi gran refugio ante las cantidades industriales de mediocridad con que nos cubre la política. Buscan, preservan y cuentan historias que hacen más comprensible de dónde venimos, quiénes somos y el mundo -tanto el natural como antropológico- que habitamos. Sugiero a los visitantes que vayan con los deberes hechos. Entre todos, me quedo con el Museo del Prado porque me parece más interesante lo que se guarda dentro que lo que pasa fuera, y más allá de nuestras fronteras con el Imperial War Museum de Londres ex aequo con el Museo de Historia Natural de Nueva York.

Las cifras del Museo del Prado son en millones: 46 de presupuesto total en 2017 y casi 3 de visitantes. Se inaugura en 1819 y tiene 383 personas en su equipo. Son muchas las exposiciones que han sido un hito en su historia, desde la de Velázquez en 1990 hasta la de el V Centenario de El Bosco en 2016. Miguel Falomir es su director desde 2017.

Montserrat Soto

Montserrat Soto: 'Silencios', 1997

El museo que más me interesa en este momento es el Reina Sofía, porque es de los pocos que aparentemente tiene un proyecto, que no es mucho pedir. Hoy el museo está desvirtuado. La política cultural se ha apropiado de ellos para crear itinerarios turísticos. Apenas existen proyectos inteligentes, reflexiones sobre el arte y el pensamiento pasados y contemporáneos. Un museo tiene que contener los pequeños grandes momentos del arte y de su tiempo. Tendrían que valorar las obras no solamente por su escenificación o su estilo, sino también por su contenido. En un museo se tendría que tener el tiempo para limpiar, ordenar y reflexionar sobre lo que se ha hecho o se está haciendo y sobre lo que se ha pensado o se está pensado. Tendrían que ser independientes y albergar todos los grandes pensamientos presentes en las obras de arte, respetando fielmente los procesos de los artistas, sin manipulaciones. Aunque miedo me dan los intermediarios y sus interpretaciones. Mi relación con los museos es pasajera y sin compromisos.

Con un presupuesto de 37,9 millones de euros en 2017, el Reina Sofía rozó los 4 millones de visitantes. Creado en 1990 y dirigido por Manuel Borja-Villel desde 2008, cuenta con un equipo de casi 500 profesionales. Organiza entre 12 y 16 exposiciones al año. Entre ellas, la de Dalí en 2013 y Piedad y terror en Picasso. El camino a Guernica en 2017 aumentaron las colas a sus puertas.

Oriol Vilanova

Oriol Vilanova: 'Sin distinción, 2017', 2006

El Museo Frederic Marès de Barcelona es uno de mis preferidos. Es una colección particular capaz de mezclar de forma natural objetos tan variopintos como teatros de papel, armas, abanicos, llaves, relicarios y pipas de fumar, entre otras cosas. Los museos tienen que conseguir que tengamos ganas de repetir. A cada museo le pido cosas distintas: a algunos les suplico que no se muevan y a otros que no dejen de reescribirse. Mi relación con ellos es de amistad, de descubrimiento, de olvido, de consumo, de estudio, de voyerismo, de reencuentro, de ocio. Soy un usuario multidisciplinar: voy a los provinciales y a los metropolitanos, a los militares y a las pinacotecas, a los clásicos y a los más ordinarios. En algunos entro sólo a saludar, mientras que en otros puedo pasar jornadas enteras.

El museo abre en 1948 en el Palacio Real de los Condes de Barcelona, en pleno Barrio Gótico de la ciudad. Con un presupuesto de 800.000 € (nóminas de sus 12 trabajadores aparte) y 54.000 visitas en el último año, su gestión depende del Ayuntamiento.

Isidoro Valcárcel Medina

Isidoro Valcárcel Medina: 'El Museo de la Ruina', 1986

Mi museo favorito no se ha construido todavía. Se llama El Museo de la Ruina y lo proyecté en 1986. Conservo los planos y tengo todos los cálculos hechos. Se trata de un edificio que está intencionadamente mal construido: el hormigón es pobre, los pilares y soportes no aguantan las vigas que apoyan sobre los dinteles, hasta el punto de que los obreros que trabajan en su edificación lo hacen sólo desde fuera, con andamios, porque está destinado a derrumbarse. Tiene que ver con lo que pienso que debía ser un museo: un lugar que no almacenara porque realmente está llamado a desaparecer. Mi relación con los museos es correcta y respetuosa e incluso cordial y amistosa. Entre todos, yo me quedo con mi museo, que no exhibe ruinas -cosa muy frecuente, por otro lado- sino que se convierte en ruina de forma intencionada. Al resto les pido una cosa encarecidamente: por favor no cuenten sus visitantes, déjenles entrar y salir.