Image: Claudia Wieser, alma de madera

Image: Claudia Wieser, alma de madera

Arte

Claudia Wieser, alma de madera

Amou Fou

26 septiembre, 2014 02:00

Las cerámicas dialogan con el papel de pared en la galería

Galería Casado Santapau. Conde de Xiquena, 5. Madrid. Hasta el 25 de octubre. De 3.000 a 9.000 euros.

En la antigua Grecia, las imágenes de culto más sagradas y ricas, como la Atenea Partenos y el Zeus de Olimpia, ambas de Fidias, eran esculturas crisoelefantinas, realizadas con placas de oro (chrysos) para los ropajes o atributos y de marfil (elephantinos) para la carne, sobre un núcleo o "alma" de madera. No hay marfil en esta exposición de Claudia Wieser (Freilassing, Alemania, 1973), aunque veamos representaciones fragmentadas de efigies helénicas, pudiendo reconocer un perfil del Auriga de Delfos, pero sí hay oro y madera, que expresan una particular versión de lo que Kandinsky denominó "lo espiritual en el arte". Wieser, cuya trayectoria ha ganado en visibilidad internacional desde Berlín tras exponer el año pasado en la galería Marianne Boesky de Nueva York, sigue a los pioneros de la Bauhaus en su deseo de "despertar la capacidad de captar lo espiritual en las cosas materiales y abstractas".

Sin embargo, no es una artista consagrada en exclusividad a la abstracción y en su aproximación a la misma suma diversos enfoques. Hay ecos evidentes en su obra de Paul Klee pero también de los diagramas más espiritistas de, por ejemplo, Hilma af Klint. Y sus referencias no siempre son tan remotas: en una entrevista citaba como faro a Richard Artschwager y reconocía su afinidad con el minimalismo. Su interesantísima simbiosis de tan buenas correspondencias tiene una decidida vocación de expansión en el espacio. Trabaja a menudo sobre amplios "murales" -aquí más reducidos, dirigidos antes al espacio doméstico que al público, en el que ha intervenido en varias ocasiones- de papel impreso con collages de ampliaciones de fotografías extraídas de libros antiguos de historia del arte, combinado con baldosas de cerámica pintadas por ella y, a veces, composiciones geométricas con espejos.

Tanto los espejos como las perspectivas arquitectónicas de las fotografías ampliadas, que suelen incluir escaleras y arcos, extienden el espacio real y modifican la percepción de las esculturas cuidadosamente colocadas en él, las cuales interactúan con las representaciones en los murales.

Son figuras geométricas simples, hasta cierto punto platónicas, talladas en madera o con alma de madera y recubrimiento de cerámica o metal pulido, espejeante, que contrasta con las superficies opacas del papel, la madera desnuda y la pintada con acrílico.

El componente artesanal es clave en la obra de Claudia Wieser, que trabajó en un taller de herrería antes de estudiar bellas artes. No solo en el exquisito cuidado que pone en los acabados sino también, y sobre todo, en esa persecución en la materia del espíritu. El pan de oro aparece en muchos de los refinados dibujos colgados en la sala de entrada, "partida" en diagonal por una línea áurea que recorre paredes, techo y suelo. Esa línea "bizantina" sacraliza de alguna forma el dibujo y el espacio, y subraya el esplendor de la geometría trascendente.