Carlos Moyá, en un entrenamiento en Madrid

Carlos Moyá, en un entrenamiento en Madrid Europa Press

Tenis

Carlos Moyá, 49 años: "He confiado en alguien en EEUU que gestiona mi patrimonio. Yo no soy un experto"

El extenista español puso empeño en proteger y hacer crecer el dinero ganado durante más de veinte años de circuito.

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J. P.
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Carlos Moyá fue el primer español en coronarse número 1 del ranking ATP masculino, una cima que parecía el cierre perfecto a una trayectoria deportiva brillante.

Sin embargo, con el final de su etapa como jugador descubrió que el verdadero partido empezaba lejos de la pista: el de proteger y hacer crecer el dinero ganado durante más de veinte años de circuito.

Hoy, con 49 años y tras haber sido una figura clave del equipo técnico de Rafa Nadal, su preocupación va más allá del revés y la derecha: intenta que las nuevas generaciones no desperdicien lo que tanto les ha costado ganar.

En una charla de hace meses sobre inversión, junto al gestor Pedro Escudero, Moyá se atrevió a verbalizar lo que muchos deportistas prefieren silenciar. Rompió la imagen edulcorada del tenista multimillonario que solo piensa en títulos y se desentendió de las cifras.

Describió con crudeza la estructura económica que soporta un jugador de élite y desmontó el mito del beneficio limpio. "Un tenista que genere, por ejemplo, 10 millones de euros al año, podría pagar más de la mitad en gastos", expuso ante el auditorio.

No hablaba de coches deportivos ni de mansiones, sino de la estructura imprescindible para mantenerse arriba: entrenadores de máximo nivel, fisios, preparadores físicos, analistas, viajes constantes por todo el mundo, staff que no descansa y una logística compleja que acompaña cada semana de torneo.

En la práctica, el deportista funciona como la cabeza visible de una pequeña empresa en la que él es el director general, pero también el principal (y casi único) activo sobre el que se sostiene toda la estructura.

Carlos Moyá, en una edición pasada del Mutua Madrid Open

Carlos Moyá, en una edición pasada del Mutua Madrid Open Europa Press

Moyá recordó que su propia relación con el dinero ha pasado por varias etapas. En sus primeros años como profesional, su entorno familiar fue quien tomó las riendas y canalizó buena parte de sus ingresos hacia el ladrillo en Mallorca, siguiendo el patrón típico del deportista español de los noventa.

La inversión inmobiliaria era casi la única vía conocida y se apoyaba más en la confianza personal y el conocimiento del terreno que en un análisis técnico de riesgos, diversificación o ciclos económicos.

Con el tiempo, esa visión se fue transformando. La internacionalización del tenis, el acceso a información financiera más sofisticada y el contacto con asesores especializados le llevaron a replantearse la gestión de su patrimonio.

Hoy su dinero ya no se decide en una conversación de sobremesa o en el despacho de un conocido, sino en despachos a miles de kilómetros, con criterios profesionales y herramientas propias de los grandes patrimonios.

"He confiado en alguien en Estados Unidos que gestiona mi patrimonio, me comenta, me dirige y me propone [...] Yo no soy un experto, pero me ha gustado leer y confío en mi asesor", admite, subrayando que prefiere delegar en quien se dedica a ello a tiempo completo antes que improvisar.

Ese cambio supone una ruptura con el modelo del "amigo que sabe" tan arraigado en España y se acerca a las filosofías de inversión a largo plazo, basadas en el estudio y no en la moda del momento.

Por eso lanza un aviso a los jóvenes que empiezan a ganar dinero rápido: le preocupa que "los jugadores noveles no tienen en mente invertir su primer millón" y que, todavía hoy, muchos sigan viendo la bolsa "como un casino".

Para Moyá, la verdadera libertad no está solo en levantar un trofeo en Roland Garros, sino en comprender que la carrera deportiva es apenas el primer tramo de la vida y que el capital acumulado debe sostener, con cabeza, los dos tercios restantes lejos de la competición.