Rodri Hernández, durante un homenaje del Villarreal.

Rodri Hernández, durante un homenaje del Villarreal. EFE

Fútbol

Rodri Hernández, 29 años: "Te das cuenta que un chico como yo, salido de un barrio normal, puede ser el mejor del mundo"

El futbolista del Manchester City aseguró en una entrevista que ser el mejor del mundo en algo es una cosa en la que jamás había pensado.

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G.E.
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El panorama futbolístico actual está repleto de figuras que destacan tanto dentro como fuera del campo, a menudo envueltas en ostentación, redes sociales y excentricidades. Sin embargo, en medio de este escenario, emerge una figura atípica que ha conquistado el mayor galardón individual del fútbol: el Balón de Oro.

Rodri Hernández representa el triunfo absoluto de la normalidad, un hito que él mismo analizó en profundidad durante una reveladora entrevista para la revista Esquire, publicada el 14 de noviembre de 2024.

Cuestionado en dicha charla sobre qué se siente al ser considerado el mejor del planeta en su profesión, el centrocampista madrileño respondió con una reflexión que encapsula perfectamente su esencia.

Sus palabras exactas fueron: "Como dices tú, ser el mejor del mundo en algo es una cosa en la que jamás pensé, la vida te sorprende y es el ejemplo de que los sueños se pueden cumplir. Nunca mirando al más allá, sino viviendo el día a día, intentando crecer... al final te das cuenta de que un chico como yo, salido de un barrio normal, puede llegar a ser el mejor del mundo".

Esta declaración evidencia que el éxito astronómico y los títulos con el Manchester City y la selección española no han borrado en absoluto sus raíces.

Rodrigo Hernández recibe el Balón de Oro 2024

Rodrigo Hernández recibe el Balón de Oro 2024 Reuters

Rodri es plenamente consciente de que su perfil rompe todos los moldes en el fútbol moderno. En la misma entrevista con Esquire de aquel mes de noviembre, al ser preguntado sobre si se siente distinto al resto de sus compañeros de gremio por ser un chico discreto, con carrera universitaria y sin cortes de pelo extraños, confesó de manera textual: "Sí, sí que lo siento. Además se nota rápido, desde el momento en el que pisas el primer vestuario".

A pesar de este contraste, el jugador asegura que no ha visto la necesidad de cambiar su forma de ser, pues siempre ha competido por amor al deporte. De hecho, cuando rememora la esencia del juego, afirma con cierta nostalgia: "El fútbol inocente, el de calle, el que todos hemos jugado cuando éramos niños es un fútbol más emocional, más bonito en ese sentido".

Esa lejanía del ruido mediático moderno es una decisión completamente voluntaria. Rodri es uno de los pocos futbolistas de élite sin perfiles públicos de internet, algo que justificó en la publicación de manera tajante: "Las redes sociales han conseguido secuestrarnos y no somos conscientes de la cantidad de tiempo que el teléfono móvil nos quita de vivir la vida real. Yo eso lo tuve claro desde hace mucho tiempo y agradezco la decisión que tomé".

Tampoco es partidario de los tatuajes; cuando le preguntaron si se tatuaría el Balón de Oro, su respuesta reflejó su inquebrantable mentalidad de equipo: "No me tatuaría nada... para mí los títulos colectivos son siempre más importantes".

Rodri nos demuestra que no hace falta sucumbir al artificio ni construir un personaje para alcanzar la excelencia. Con talento y autenticidad, aquel chico de barrio logró llegar a lo más alto del mundo.