Casa Bernardo
El restaurante de playa en Chiclana donde todos preguntan por un langostino que solo aparece a finales de verano
Casa Bernardo, en Chiclana de la Frontera, es una marisquería familiar frente a La Barrosa conocida por sus mariscos, sus arroces y por los langostinos de estero, los pequeños “agustinitos” que llegan en torno a San Agustín.
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Los veranos en Cádiz son invencibles. Y no es de extrañar, con esas playas kilométricas, las puestas de sol a pie de mar y una gastronomía que aquí se disfruta todavía más. Municipios y playas hay muchos, pero nadie pondrá en duda que la de La Barrosa es una de las reinas.
Ocho kilómetros de arena fina, aguas cristalinas y un buen puñado de restaurantes en los que disfrutar a lo grande. Precisamente allí, con el mar colándose por los ventanales, se erige uno de los templos del buen comer gaditano, Casa Bernardo.
Una marisquería que inició su andadura en 1996 y que desde entonces se ha convertido en una de las favoritas de la zona. Por producto, servicio, buen hacer y por algo que no se encuentra fácilmente: los agustinitos, esos preciados langostinos de estero tan caprichosos como deliciosos.
El pequeño rey de los esteros
No los busquen todavía. Aquí estos langostinos llegan cuando tienen que llegar, normalmente hacia finales de agosto, y por eso en Chiclana muchos los conocen como agustinitos. El nombre tiene toda su lógica. San Agustín se celebra el 28 de agosto y, más o menos por esas fechas, estos pequeños langostinos rayados empiezan a aparecer en los esteros de la Bahía de Cádiz, donde el agua del mar entra y sale a través de compuertas.
Vitrina Casa Bernardo
Allí, entre caños, salinas y marismas, el langostino encuentra un entorno completamente distinto al del mar abierto. El langostino de Chiclana pertenece a la misma especie que el famoso langostino de Sanlúcar: Penaeus kerathurus. La diferencia no está en el animal, sino en el lugar donde crece.
Ambos nacen en el mar, pero mientras el de Sanlúcar se desarrolla en ese entorno marino o en la entrada del Guadalquivir, el de Chiclana entra en los esteros siendo larva. Ese movimiento suele producirse en primavera. A partir de ahí, los langostinos se quedan en estas piscinas naturales durante los meses de verano. Crecen alimentándose de pequeños crustáceos, algas y de todo aquello que el propio estero les ofrece.
Langostino de Chiclana
Se capturan de forma artesanal, normalmente con nasas, desde agosto y hasta que llegan los primeros fríos, en torno a octubre. Después desaparecen. El producto ha ganado tanta importancia en los últimos años que el Ayuntamiento de Chiclana registró la marca “Langostino de Chiclana” para proteger y diferenciar estos ejemplares.
¿Y cómo se disfruta este producto local? Hay quien los come cocidos, casi sin más. También se sirven fritos cuando el tamaño y la cantidad lo permiten. Aquí han llegado a prepararlos fritos, con huevos y pimientos asados, una auténtica delicia que no necesita más.
Una marisquería frente a La Barrosa
Pero Casa Bernardo no vive solo de los agustinitos. El restaurante tiene una propuesta mucho más amplia y reconocible para quien busca comer producto de mar en La Barrosa. Está frente a la playa, junto al módulo de Cruz Roja, y cuenta con terraza, salones climatizados... Pero lo importante sucede en la mesa. Así lo quiso Bernardo Fontao Sánchez, fundador de esta casa y nombre propio de la hostelería chiclanera.
Interior Casa Bernardo
Hoy la historia continúa con la siguiente generación de la familia Fontao, con Víctor y Jesús al frente de un restaurante que ha sabido mantener esa mezcla de casa familiar, marisquería seria y sitio de verano al que uno siempre quiere volver. Por lo bien que se come, por el trato cercano del servicio y por una ubicación que hace el resto.
Marisco, arroces y una vitrina de lo más apetecible
Antes de sentarse y al pasar al salón, ya hay una primera parada casi inevitable. Nada más entrar, se te van los ojos a las vitrinas. Ahí está buena parte del relato de la casa, colocado sobre hielo o en aliños.
Hay gambas, langostinos, cañaíllas, puntillitas de Sanlúcar, chocos, pescados de la bahía y piezas que van cambiando según mercado. También huevas, pulpo, anchoas, boquerones en vinagre, conservas en aceite, banderillas, gildas y ese repertorio de mostrador gaditano que abre el apetito nada más llegar.
Vitrinas Casa Bernardo
Mientras se espera al langostinillo de Chiclana, que tiene su momento y no aparece hasta finales de verano, la carta ofrece otros motivos para no frustrarse. Están los langostinos de Sanlúcar, las gambas blancas, las gambas al ajillo, almejas, coquinas, ostiones, carabineros... Y así unos cuantos más.
Papas aliñás
¿Para empezar? Unas papas aliñás, que aquí saben a gloria y se sirven nada más que con la patata y su aliño, sin melva ni atún. No les quedan a la zaga la ensaladilla de marisco, el salpicón o unas huevas de choco que lucen en la vitrina. Hay también tomates de Conil con atún mechao o una ensalada de pulpo y langostinos a la miel y mostaza.
Tortillitas
La carta tiene mucho de marisquería clásica gaditana, pero no se queda solo en el producto cocido o a la plancha. En los fritos aparecen otras tantas maravillas como el cazón en adobo, los chocos, daditos de corvina muy típicos en la zona, además de puntillitas, acedías, boquerones, ortiguillas o las imprescindibles tortillitas de camarones que bordan: fritas al momento, crujientes y sin exceso de aceite.
Atún rojo
Como no podía ser de otra forma, otro de los protagonistas es el atún rojo de almadraba, que ahora mismo se encuentra en plena temporada. Lo preparan en tartar, tataki, sashimi o carpaccio. También cocinado, con partes como el lomo o la barriga a la plancha, unos dados en adobo o un plato más contundente: la costilla de atún a la mostaza con reducción thai, donde se permiten un pequeño punto viajero.
Arroces
Entre las especialidades de la casa y platos más contundentes hay delicias como las albóndigas de choco en salsa de mariscos, un revuelto de ortiguillas y gambas o unas gambas al ajillo con papas fritas y huevo frito. Los pescados de la bahía cambian según lonja y se pueden pedir al horno o a la sal. ¿Las opciones? Dorada y lubina, urta y pargo de Conil, lenguado, salmonetes... Si se va en horario de comida, la gran apuesta son los arroces. Hay paella de mariscos, arroz negro, con carabineros, cremoso de atún rojo...
Langostinos
Se agradece, además, que muchos platos se puedan pedir en medias raciones. No es un detalle menor en una carta así. Permite probar varias cosas sin convertir la comida en una prueba de resistencia, que es especialmente útil cuando uno quiere probar todo. En definitiva, mientras llegan los agustinitos, sobran motivos para sentarse a la mesa. Y cuando a finales de verano aparezca este manjar, habrá uno más para volver.