La Barraqueta

La Barraqueta Macarena Escrivá

Restaurantes

La antigua casa de playa en Oliva donde un chef formado en grandes restaurantes sirve arroces fuera de lo común

Juan Vicente Más y Carlos de Fuentes están al frente de La Barraqueta, un proyecto pequeño y acogedor en el poblado marítimo de Oliva que trabaja con producto cercano, lonja de Gandía y una carta con guiños viajeros.

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Las barracas forman parte del imaginario valenciano. Durante años se han asociado al campo, a la huerta, a los arrozales, a esas construcciones sencillas de cubierta inclinada que servían de vivienda y lugar de trabajo para agricultores y pescadores. Muchas han acabado convertidas en restaurantes, sobre todo en el entorno de la Albufera, donde la paella y los arroces siguen marcando buena parte del paisaje gastronómico.

Pero hoy nos detenemos en otra barraqueta. No está en mitad de la huerta ni responde exactamente a la imagen clásica de la barraca valenciana, aunque el nombre ya dé alguna pista de sus intenciones. La Barraqueta se encuentra en el poblado marítimo de Oliva, a un paso de la playa, en una antigua casa baja que mira de reojo al Mediterráneo y donde se cuecen muchas más cosas que una paella al uso.

Allí, el dúo formado por Juan Vicente Más -Juanvi para casi todos- y Carlos de Fuentes ha levantado, en apenas dos años, uno de los proyectos más interesantes de esta zona de la costa valenciana. Un restaurante pequeño, sin grandes aspavientos, que no juega a ser chiringuito ni casa de comidas tradicional, pero que toma algo de ambos mundos: la cercanía del mar, la importancia del producto y una cocina con mucho oficio detrás.

Una antigua casa de playa con un gran equipo

La Barraqueta ocupa una antigua casa baja en segunda línea de playa, en Oliva. Es un restaurante pequeño, coqueto y muy acogedor, con una sala sencilla y luminosa y una terraza delantera muy apetecible.

Exterior

Exterior Macarena Escrivá

Al frente está Juan Vicente Más, un cocinero que ha pasado por distintas etapas del oficio antes de abrir su propio restaurante, trabajando en casas como Quique Dacosta -cuando todavía era El Poblet-, Ca Sento o El Celler de Can Roca.

Su vuelta a Oliva y la apertura del restaurante -que en breve cumple dos años- responden a una oportunidad muy concreta: se liberó este local frente a su vivienda y decidió poner en marcha un proyecto propio. A su lado está Carlos de Fuentes, al frente de una sala cercana, atenta y sin rigideces, que acompaña mucho la experiencia.

Juanvi Más

Juanvi Más Oliva Turismo

Ese regreso a casa marca el carácter del restaurante. La Barraqueta no se plantea como un local para el turista de paso, sino como una dirección pensada también para la gente local, algo que se nota en el trato, en el ritmo y en una carta que habla de la zona.

Entrantes de la terreta con giros viajeros

Aquí, la carta va muy pegada al territorio. Verduras de proveedores cercanos, pescado de la lonja de Gandía siempre que el temporal lo permite y una cocina que parte de algo reconocible -arroz, brasa, salazones, huerta y mar-, pero lo lleva a un terreno más personal gracias al recorrido de un cocinero que ha salido, ha aprendido y ha vuelto a casa.

Buñuelos de bacalao

Buñuelos de bacalao Macarena Escrivá

Para arrancar, lo mejor es pedir su pan. Un pan tipo coca que encargan a un horno cercano y que sirven con un toque de calor que lo hace irresistible. Lo siguiente es entrar en materia con una colección de entrantes para todos los gustos. Los buñuelos de bacalao son un sí. Los elaboran con un cremoso de patata monalisa emulsionada con bacalao al pil-pil, los fríen en una tempura casi etérea e introducen el toque internacional acompañándolos de una mayonesa de kimchi.

Ensaladilla

Ensaladilla Macarena Escrivá

Otro imprescindible es la ensaladilla, un plato ya convertido en clásico de la casa. Sobre una base tradicional de patata, zanahoria y mayonesa, disponen gamba cristal frita y crujiente, aguacate y cebolleta encurtida, que conecta mucho con la tradición valenciana de la salmorra. Verduras a la llama con salazones, calamar de playa a la parrilla, pulpo con parmentier estilo Robuchon... son solo algunos de los platos que más se piden en La Barraqueta.

No le quedan a la zaga las originales flores de alcachofa confitadas, que marcan a la parrilla y acompañan con salsa Albufera, una elaboración de corte clásico que se hace al momento con caldo de gallina, foie fresco y crema. El toque final lo ponen unos torreznos por encima.

Arroces fuera de lo común y pescados a la brasa como bandera

Una de las patas importantes del proyecto son los arroces. Algunos son fijos en carta, como el arroz del senyoret, el de bogavante azul o el de pulpo y garrofó. Pero otros dependen de la creatividad de ese día.

De hecho, una vez hecha la reserva, llaman a los comensales unas horas antes para cantarles las propuestas. Y son de lo más apetecibles: salmonete y tuétano, arroz de puntilla y papada, de lubina a la parrilla o un original arroz de pulpo y figatell.

Fideuà de sepia y alcachofa

Fideuà de sepia y alcachofa Macarena Escrivá

Y todo al gusto del cliente, ya sea arroz seco, meloso o incluso caldoso. También los elaboran con gamba roja de la lonja, en versión caldereta de pescado o reinterpretando la famosa fideuà de Gandía, que aquí se eleva con cigala de tronco. Se pida el que se pida, todos son excepcionales, con fondos muy trabajados y apenas medio dedo de grosor.

Aunque esta es una de sus apuestas fuertes, a ellos mismos les gusta afirmar que su producto estrella son los pescados a la brasa. Cada día, de la lonja pueden salir los pescados que se sirven enteros o por mitades, asados en una parrilla de gas sobre roca volcánica, ya que el tamaño de la cocina no permite instalar otra.

Ni falta que les hace, porque consiguen que la piel quede crujiente y el interior mantenga todos sus jugos. Dentón, lubina, rodaballo... son solo algunas de las piezas que, si la climatología lo permite, desfilan por la sala.

Servicio en sala

Servicio en sala

Porque la forma en que se sirve también importa. A la manera de los grandes restaurantes, el pescado se presenta entero a los comensales y, con un carro junto a la mesa, Carlos se encarga de limpiarlo, prepararlo y racionarlo para cada comensal.

Además de las piezas salvajes, en carta lucen otras elaboraciones como una lubina con fondo de allipebre y alcachofas o raya a la meunière de espárragos y puerros, entre otros platos.

Hay también concesiones carnívoras, con propuestas como un solomillo trinchado con salsa de Stilton, el lingote de vaca con tikka masala y cortes de carne premium que van del wagyu a un porterhouse de vaca Simmental.

Para los postres, recuperan la tradición viejuna del pijama, que aquí versionan con un fantástico flan acompañado de nata, fresas maceradas en amaretto y helado de vainilla. El resto cambia, pero no faltan delicias como una tartaleta de pera con crema al whisky o torrija, entre otras.

Flan estilo pijama

Flan estilo pijama Macarena Escrivá

En definitiva, una dirección pequeña, honesta y muy ligada al territorio que confirma que, en Oliva, todavía quedan restaurantes de playa capaces de mirar al mar sin olvidarse de quienes viven allí todo el año.