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Roma. Eterna, cautivadora, imprescindible. La capital italiana es uno de esos destinos a los que uno tiene que viajar, al menos, una vez en la vida. Y si se puede, muchas más para descubrir una de las cunas de la civilización. Del Coliseo al Panteón, pasando por los foros imperiales, la Basílica de San Pedro o la Fontana di Trevi. Y eso solo por citar alguno de sus atractivos.

Además de la belleza que atesora, la ciudad también es un paraíso gastronómico. Es el lugar de la carbonara, la amatriciana, la saltimbocca alla romana... Pero también es una ciudad en la que los sabores del sur, la creatividad contemporánea y la alta cocina han encontrado un lugar donde expresarse con libertad.

En pleno corazón de la città eterna, a dos pasos de la Plaza de España, se encuentra el W Rome, un hotel urbano de lujo que ocupa dos elegantes palacetes del siglo XIX y que ha conseguido convertir su propuesta gastronómica en un auténtico motivo de peregrinación.

Detrás de sus muros clásicos se esconde un universo moderno, muy en consonancia con una firma hotelera como W. Pero más allá del interiorismo y el estilo, el verdadero imán del hotel reside en su cocina. El hotel ha trazado una ruta gourmet de tres paradas memorables. ¿Quién dijo que los hoteles no eran también destinos gastronómicos?

Giano, la joya de la corona y la elegancia siciliana según Ciccio Sultano

Giano no es solo el nombre del restaurante insignia del hotel, también tiene todo el sentido. Janus (Giano en italiano) es el dios romano de las dos caras, el que mira al pasado y al futuro. Y eso es precisamente lo que hace el chef siciliano Ciccio Sultano, dos estrellas Michelin, con su cocina.

Sultano define su estilo como “Cucina Educata”, una cocina civilizada, elegante y precisa que huye de los excesos sin perder sabor. Defiende mirar atrás para reinterpretar el recetario tradicional siciliano con técnica actual, pero sin olvidarse de que en este caso, está en Roma.

Y es por ello que su carta es como un puente entre dos ciudades tan diferentes como increíbles, Sicilia y Roma, entre el mar y el continente. Todo ello con un denominador común, producto de primera y un lema "cocina para vivir".

El menú es de esos que no dejan indiferente. Hay un equilibrio entre unas y otras cosas. "En Giano, los sabores auténticos se tratan como leyendas del rock en un teatro de ópera", definen ellos mismos. Y es que hay tradición, pero también mucha innovación pensada para el tipo de público que visita el hotel. Gente cool a rabiar.

Lo mejor es arrancar con alguno de sus antipasti. La tradición se ve en platos como la parmigiana di melanzane o el vitello tonnato con bottarga. Pero no se presentan como se suele hacer al uso, tienen ese twist que le da un chef con mucha mano. Otro imprescindible y muy siciliano es el pulpo asado a la perfección que se acompaña de una salsa de tomate confitado, crema de berenjena, mejorana y ricotta de búfala.

Los platos están pensados para disfrutar en el centro de la mesa. Las pastas -siempre frescas y artesanas- son el corazón del menú. De unos espaguetis tres tomates, con la salsa de tomate cherry de Ciccio Sultano a unos paccheri a la Norma.

Pero la más célebre es el Spaghetti Taratatà, una composición ya bien conocida de Sultano que fusiona bottarga de atún rojo, crema de limón y carpaccio de mero. El resultado es un equilibrio entre cremosidad, delicadeza y toques salinos y cítricos que le hacen a uno preguntarse si acaso no será la mejor pasta que ha probado jamás.

Otros imprescindibles son el Maialino Nero dei Nebrodi, un cochinillo negro autóctono servido con verduras locales y la ventresca de atún rojo que se presenta con una crema de cebolla y jugo de carne. Para cerrar, nos invitan a jugar para elegir el postre. Es aquí donde entran en juego algunas de las creaciones de otro de los pesos pesados que oficia en el hotel...

Zucchero x Fabrizio Fiorani: alta pastelería italiana

La segunda parada del recorrido nos lleva a Zucchero, la boutique pastelera del hotel y el primer espacio propio del chef Fabrizio Fiorani en su Roma natal. Reconocido como Mejor Chef Pastelero de Asia en 2019 y con una trayectoria que incluye algunos de los mejores restaurantes de Tokio y Osaka, Fiorani tiene aquí su visión contemporánea de la pastelería italiana.

Zucchero es un lugar donde el juego y la técnica se dan la mano. En sus vitrinas conviven desde cannoli rellenos al momento con ricotta de leche de vaca, hasta tartas individuales de temporada o creaciones sorprendentes como las Happy Pills, pequeñas esferas de chocolate servidas en blísters como si fueran medicamentos para la felicidad.

Entre las estrellas del menú hay croissants hojaldrados, pain au chocolat crujientes, maritozzi (bollitos romanos rellenos de nata) o el icónico Tiramisù con gli occhiali, un tiramisú deconstruido con unas gafas de chocolate y galleta comestibles.

Su propuesta es visual, provocadora, pero siempre con un sentido, porque el sabor sigue siendo lo más importante. Fiorani huye del efectismo vacío y en sus manos, ha conseguido que la tradición pastelera italiana se transforma sin perder su esencia.

Se puede recorrer Roma a golpe de bocaditos de chocolate con los monumentos más conocidos o jugar a una especie de juego de la oca en el que siempre hay premio en forma de bombón creativo. También comprar crema de pistacho, de nocciola, galletas...

Seu Pizza con Vista: pizzas de premio en las alturas

En la última planta del hotel, sobre una terraza rodeada de limoneros, se encuentra la WET Deck, un espacio que combina piscina, cócteles y vistas infinitas hacia algunos de los hitos más impresionantes de Roma como el Monumento a Vittorio Emanuele II o la cúpula de San Pedro.

Es allí donde Pier Daniele Seu, uno de los pizzeros más reconocidos de Italia, ha instalado su cuartel general con Seu Pizza con Vista. Seu, nombrado Mejor Pizzaiolo en 2022, es conocido por su enfoque innovador en el mundo de la pizza. Apuesta por una masa, de fermentación lenta y textura ligera, que le sirve como lienzo para dar con recetas sorprendentes que beben tanto del recetario italiano como de la alta cocina en general.

Aunque la pizza es la estrella, no es lo único que tienen allí. La cena puede arrancar con una selección de embutidos o quesos, con unas patatas cacio e pepe o al más puro estilo romano, con un supplì clásico relleno de risotto de tomate, mozzarella fior di latte y albahaca.

En cuanto a las pizzas, en carta conviven clásicos y con creaciones más arriesgadas. La Margherita, con tomate San Marzano, mozzarella fior di latte y albahaca fresca, es la mejor para tomar el pulso al lugar, mientras que la Napoli, con anchoas de Sciacca y orégano, rinde homenaje a las raíces del sur.

¿Algo más atrevido? La pizza XXX, que combina tomate con ’nduja calabresa, salami picante, stracciatella de Puglia, mermelada de habanero y aceituna en polvo. Picante y adictiva. No se queda atrás la pizza que combina queso primo sale, achicoria, pesto de tomates secos y Parmigiano Reggiano.

Todo ello se encuentra en un hotel de los más vibrantes de la ciudad, con habitaciones donde relajarse tras un día recorriendo la ciudad y otros tantos espacios como el W Lounge donde se concentra la vida social del hotel en un bar que cambia de piel a lo largo del día e incluso una tienda, W The Store que ofrece piezas de moda y objetos de diseño seleccionados, fieles a la filosofía de la marca.