La hidratación ideal tras la realización de actividad o ejercicio físico es el agua. Sin embargo, no son pocos los que deciden echar mano de los refrescos tras hacer ejercicio; o lo que es peor, beber cerveza como si hidratase igual que el agua, como llegaron a afirmar algunos trabajos científicos en su momento. La realidad es que el alcohol provoca deshidratación, dado su efecto diurético, e incluso el 4-5% de alcohol de una cerveza típica sería suficiente para producir dicho efecto. Así pues, en lugar de rehidratar el organismo, estaríamos consiguiendo justo lo contrario.

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Los refrescos azucarados, por su parte, no son una opción mejor. Sin olvidar el hecho de que dichas bebidas han demostrado aumentar el riesgo de diabetes e hipertensión, ahora un nuevo trabajo ha llegado a la conclusión de que el consumo de refrescos tras hacer ejercicio puede tener un perjuicio sobreañadido: lesionar los riñones.

Beber refrescos tras hacer ejercicio: Una mala idea

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Según este nuevo trabajo, publicado en la American Journal of Physiology: Regulatory, Integrative & Comparative Physiology, realizado por los investigadores de la Universidad de Buffalo (Nueva York), beber refrescos tras hacer ejercicio, o bien antes o durante del mismo, no solo no sería beneficioso (dada la adición de azúcar procesado totalmente innecesario), sino que aumentaría el riesgo de deshidratación renal.

Durante la realización de ejercicio físico, sobre todo en un ambiente caluroso, el flujo de sangre renal se reduce, dado que el sistema intenta regular la tensión arterial y conservar toda el agua posible. Pero, si se produce una reducción significativa de la sangre hacia los riñones, es posible sufrir una insuficiencia renal aguda.

De hecho, en anteriores trabajos, se ha demostrado que durante el ejercicio físico realizado en ambientes muy calurosos aumentan los biomarcadores de lesión renal aguda. Por otro lado, otros trabajos sugerían que el consumo de refrescos con un elevado contenido de fructosa (azúcar) aumentaría el riesgo de insuficiencia renal aguda, al menos en ratones.

Basándose en estos estudios, los investigadores han intentado unificar ambas líneas de trabajo, y comprobar si beber refrescos tras hacer ejercicio eleva los marcadores de posible insuficiencia renal, en comparación a beber agua. Para ello, reunieron a 12 adultos sanos con una edad media de 24 años, y les instaron a realizar 30 minutos de ejercicio en cintas de correr, y posteriormente 15 minutos de actividad que imitaba el trabajo físico en un sitio agrícola.

Tras los 45 minutos de ejercicio físico, los participantes se relajaron 15 minutos, mientras tenían acceso a bebidas azucaradas o agua con sabor. En total, repitieron este ciclo de 1 hora hasta cuatro veces. Una semana después, los participantes repitieron el mismo ciclo, pero de forma inversa: los que habían bebido refrescos el primer día, bebieron agua; mientras tanto, los que bebieron agua el primer día, bebieron refrescos para “recuperarse”.

No, beber refrescos tras hacer ejercicio no hidrata igual que el agua

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Todos los participantes se sometieron a la medición de diferentes parámetros antes y después de la actividad física, y también 24 horas después de la sesión, incluyendo datos como frecuencia cardíaca, temperatura corporal, peso y presión arterial.

Según sus resultados, en los pacientes que consumieron refrescos tras hacer ejercicio se objetivó un aumento de los parámetros sugestivos de insuficiencia renal (como la creatina o el filtrado glomerular, entre otros). Además, los participantes que consumieron refrescos estaban ligeramente deshidratados, y tenían aumentada la hormona antidiurética, la cual causa un aumento de la presión arterial. Otro signo de deshidratación.

Por tanto, según los investigadores, el consumo de refrescos no solo no rehidrata el organismo como se suele creer, sino que su consumo en ambientes calurosos puede ser perjudicial, y desde luego no es lo ideal.

Aún así, es evidente que el estudio incluyó a pocos participantes, por lo que los mismos investigadores sugieren que debería repetirse con una muestra más grande. Así mismo, también cabe destacar que es un estudio realizado en un corto espacio de tiempo, y sin seguimiento a largo plazo, por lo que es complicado discernir si los refrescos pueden llegar a provocar una lesión renal grave, complicada o incluso crónica.