Guille, chef, en un montaje de El Español
Guille, chef: "Las torrijas más cremosas no se fríen, se pasan por la sartén con un poco de azúcar y mantequilla"
El secreto está en sustituir el aceite por una pizca de mantequilla y un azúcar aromatizado con limón que carameliza la superficie y deja el interior jugoso.
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- Total: 30 min
- Comensales: 6-8
Hay recetas que parecen magia y la de las torrijas es una de ellas. Tienen la capacidad de convertir un trozo de pan duro del día anterior en un postre capaz de hacer suspirar a toda una mesa y son un negocio redondo en esta época del año.
Su recorrido ha sido imparable y ha pasado de ser una receta de aprovechamiento de las que nacieron en cocinas humildes a protagonizar los escaparates de las mejores confiterías y pastelerías de España durante la Cuaresma y la Semana Santa.
En este artículo, Guille Rodríguez, al frente del canal de YouTube que lleva su nombre, propone una versión sin freidora que apuesta por una sartén sin aceite, con apenas una pizca de mantequilla y azúcar para conseguir unas torrijas cremosísimas.
"Hoy vamos a preparar la receta de torrijas más cremosas que te has comido en tu vida", avanza al inicio del vídeo.
La clave de las torrijas cremosas
El primer truco de Guille es añadir nata para montar a la leche con la que se empapa el pan. Esa proporción de grasa aporta una untuosidad que la leche sola no es capaz de conseguir.
La mezcla se aromatiza con canela en rama, piel de limón y una pizca de sal. "Un poquito de sal para realzar el sabor de todo lo dulce", como recuerda el cocinero, la sal es un potenciador de sabor que funciona tanto para alimentos dulces como salados.
El fin de esa mezcla de leche y nata es preparar una crema inglesa ligera con la que se bañan las rebanadas. "Es importante que queden muy bien emborrachadas", insiste Guille, que recomienda dejarlas toda la noche hidratándose en la nevera.
El segundo golpe de efecto llega en el acabado. Guille reserva la mitad de la piel de limón, la ralla sobre el azúcar y crea un "azúcar aromatizado" con el que reboza cada torrija antes de dorarla en una sartén antiadherente.
Con este paso se ahorra la fritura en aceite y el resultado es una superficie caramelizada y crujiente que contrasta con un interior cremoso.
Ingredientes
- Barra de pan del día anterior, 1 ud
- Leche, 500 ml
- Nata líquida 35 % M.G., 150 ml
- Yemas de huevo L, 3 ud
- Azúcar, 100 g
- Mantequilla, 1 nuez (aprox. 20 g)
- Piel de limón, 1 ud
- Sal, una pizca
- Canela en polvo, opcional
Paso 1
Retiramos las puntas y cortamos la barra de pan en rebanadas de 3-4 centímetros. Las colocamos en una fuente amplia.
Paso 2
Ponemos en un cazo la leche, la nata, una cucharada y media de azúcar, la canela en rama, la mitad de la piel de limón sin la parte blanca y unos granitos de sal. Llevamos a ebullición.
Paso 3
Para preparar la crema inglesa, batimos las yemas en un bol y vertemos la leche caliente sobre ellas removiendo con energía para que no se cuajen. Dejamos templar diez minutos.
Paso 4
Colamos la crema sobre las rebanadas de pan y nos aseguramos de que quedan bien sumergidas. Tapamos y refrigeramos durante un mínimo de dos horas, idealmente toda la noche.
Paso 5
Rallamos la otra mitad de la piel de limón sobre el azúcar restante y mezclamos.
Paso 6
Calentamos una sartén antiadherente a fuego medio con una nuez de mantequilla. Pasamos cada torrija por el azúcar con limón y las doramos por ambos lados.
Paso 7
Las dejamos enfriar unos minutos para servirlas tibias. Opcionalmente, podemos espolvorearlas con canela en polvo.
Torrijas cremosas sin freír
Qué beber con las torrijas
Unas torrijas así merecen una bebida a la altura. El maridaje más natural es un vino dulce tipo moscatel o un Pedro Ximénez bien frío, cuyas notas de miel y fruta madura armonizan con el caramelo y el limón.
Para quienes prefieran menos dulzor, un cava brut nature aporta la acidez justa para limpiar el paladar entre bocado y bocado.
En la línea sin alcohol, un café espresso corto equilibra con su amargor la untuosidad de la torrija, y una infusión de canela y manzana refuerza las notas especiadas del postre sin añadir más azúcar a la ecuación.