La abuela Toñi y unas patatas fritas iStock
Toñi, abuela cocinera: "Las patatas fritas más ricas no llevan solo sal; mejor ponles ajo, perejil y un chorro de vinagre"
Si piensas que las patatas fritas no se pueden mejorar, tienes que probar el truco de esta abuela manchega.
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Hay pocas cosas más agradecidas que unas patatas recién fritas con su punto justo de sal. Doradas por fuera, tiernas por dentro y servidas todavía calientes son, para muchos, un auténtico vicio.
Lo que sucede es que hasta lo que más nos gusta puede acabar resultando aburrido si siempre lo comemos de la misma manera.
Y la receta que propone Toñi puede ser la solución para salir de esa rutina sin convertir algo tan sencillo como freír unas patatas en una receta con pasos infinitos. Solo hacen falta tres ingredientes habituales en cualquier cocina y apenas un minuto más de trabajo.
Esta albaceteña se ha hecho muy popular en las redes sociales (@toni_abuela_manchega en Instagram) compartiendo vídeos de las recetas que graba en su propia cocina, donde lo mismo fríe unas patatas como, un momento después, se pone a bailar.
En una de esas publicaciones explica su receta para preparar las patatas al montón, pero con un toque final que, según explica, se conoce como "a la patagorrina ".
Un nombre que suene enrevesado, pero es algo tan sencillo como un majado de ajo y perejil al que se añaden vinagre y un poco de agua. Una mezcla humilde para que las patatas fritas no sean como siempre.
¿Por qué se llaman patatas al montón?
Las patatas se pelan, se cortan en rodajas de cierto grosor y se cocinan todas juntas en una cantidad generosa de aceite de oliva.
El fuego debe ser más bien suave, porque la intención no es freírlas rápidamente, sino que se vayan cocinando poco a poco, confitándose.
Precisamente de ahí viene lo del montón. Las rodajas se amontonan en la sartén y se cocinan juntas, sin preocuparse por si se pegan unas a otras. También se conocen como patatas al pelotón, porque las patatas se fríen apelotonadas.
En realidad, es la forma más fácil de freír patatas y están listas cuando están muy tiernas y solo ligeramente tostadas por fuera.
Por eso, en esta preparación no interesa enjuagar las rodajas una vez cortadas. Hacerlo eliminaría parte de ese almidón que ayuda a conseguir la textura tierna y ligeramente melosa que caracteriza a estas patatas.
La receta recuerda inevitablemente a las patatas a lo pobre de Andalucía y hasta podríamos decir que las patatas al montón son sus parientes manchegas.
¿Cómo hacer patatas al montón o al pelotón?
Ingredientes
- Patatas para freír, 1,2 kg
- Aceite de oliva virgen extra, cantidad necesaria para freír
- Sal, al gusto
Para la patagorrina
- Ajo, 3 dientes
- Perejil fresco, 1/2 manojo pequeño
- Vinagre de vino, 1 chorreón, unas 2 cucharadas
- Agua, 2 cucharadas
Para acompañar
- Huevos, 8 ud, 2 por persona
- Jamón serrano, 8 lonchas gruesas
- Pimientos verdes, 2 ud
Paso 1
Pelamos las patatas, las lavamos enteras y las cortamos en rodajas que no queden demasiado finas, de unos 3 o 4 milímetros.
Paso 2
Calentamos abundante aceite de oliva virgen extra en una sartén amplia y echamos las patatas con un poco de sal. Freímos a fuego medio, moviendo de vez en cuando, hasta que estén tiernas y empiecen a dorarse por algunos bordes.
Paso 3
Mientras tanto, majamos en el mortero los ajos pelados con el perejil y una pizca de sal hasta tener una pasta verde. Añadimos el vinagre y las dos cucharadas de agua y removemos.
Paso 4
Cuando las patatas están casi listas, retiramos el exceso de aceite y vertemos el majado por encima. Movemos la sartén con movimientos de vaivén, sin machacar las rodajas, y dejamos un par de minutos para que se integre todo.
Paso 5
En otra sartén freímos los pimientos verdes cortados en tiras, y después el jamón, apenas unos segundos por cada lado para que quede crujiente, pero no seco.
Paso 6
Por último, freímos los huevos en aceite bien caliente y los sacamos rápido, con la puntilla hecha y la yema líquida. Montamos las patatas en una fuente, colocamos encima los huevos y los pimientos, el jamón al lado y a la mesa.
Otras recetas sencillas que hacen brillar a la patata
Hoy cuesta imaginar una despensa española sin patatas, pero este tubérculo procedente de América tardó bastante tiempo en ser considerado un alimento apetecible en España.
Durante años existió bastante recelo y su consumo no se extendió de verdad hasta que las épocas de escasez obligaron a mirar con otros ojos aquel alimento tan poco vistoso que crecía bajo tierra.
De ahí que muchas de las recetas que hoy nos parece que pueden ser muy antiguas no tengan realmente una historia de muchos siglos.
Buena parte de las recetas populares con patatas nacieron entre los siglos XIX y XX, en cocinas donde había que alimentar a muchas personas utilizando pocos ingredientes y donde, en períodos especialmente duros como la posguerra, aprovechar lo disponible no era una moda, sino una necesidad.
Estas son algunas de las recetas que mejor lo demuestran:
Patatas en ajopollo. Una receta especialmente vinculada a las cocinas de Almería y Granada cuyo nombre puede llevar a engaño, porque de pollo no tiene absolutamente nada.
El ajopollo es un majado que se hace con ingredientes como almendra, pan frito, ajo y azafrán que se emplea para dar sustancia a preparaciones humildes de verduras, pescado o patatas. En tiempos de bonanza, el guiso se podía terminar escalfando algunos huevos directamente en la cazuela.
Patatas a la importancia. Típicas de Palencia. Se cortan en rodajas, se pasan primero por harina y después por huevo, se fríen y finalmente se terminan en una cazuela con caldo y un sofrito sencillo de ajo, cebolla y perejil.
El rebozado consigue que un ingrediente barato parezca mucho más importante, de ahí el nombre de la receta.
Patatas revolconas. Muy ligadas a Ávila y a otras zonas de Castilla y León, son unas patatas cocidas que se machacan hasta conseguir una especie de puré rústico y cremoso, al que se le da sabor con ajos fritos y pimentón.
Lo habitual es terminarlas con algunos torreznos que hacen que sea un plato contundente para los días más fríos.
Patatas a la riojana. Se guisan con un poco de chorizo, cebolla, ajo, pimientos secos, laurel y pimentón y el truco está en chascar las patatas para que las superficies irregulares liberen almidón durante la cocción y ayuden a formar ese caldo espeso y sabroso que es casi tan importante como los propios trozos de patata.
Papas arrugás. En Canarias, las papas pequeñas se cuecen con piel en agua con abundante sal y se dejan secar hasta que la superficie se arruga. Se sirven con mojo rojo o mojo verde, las salsas más famosas de las islas.