Miriam Borondo Hughes y Manuel Rodríguez Riobóo.

Miriam Borondo Hughes y Manuel Rodríguez Riobóo. EFE

Actualidad gastronómica

Manuel y Miriam, los jóvenes que han creado una granja de insectos en Huelva: "Queda poco para comer tortillas de larvas"

En la planta venden alimento vivo, pienso seco y abono orgánico, pero el objetivo es llegar a los restaurantes.

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El panorama gastronómico español podría estar más cerca de lo que pensamos de incorporar los insectos a su menú cotidiano. Con esta ambiciosa meta en el horizonte, dos jóvenes emprendedores han levantado en el municipio onubense de Hinojos una explotación agroalimentaria dedicada a la cría y producción de insectos.

Aunque actualmente su enfoque se centra en la nutrición animal, el objetivo final apunta directamente hacia platos de consumidores humanos. Detrás de este proyecto, bautizado como M2R Agrofarm S.L., están los sevillanos Manuel Rodríguez Riobóo y Miriam Borondo Hughes.

Aunque su formación original es la de analistas económicos —un rumbo muy alejado de la entomología—, supieron detectar un nicho de mercado con un enorme potencial de expansión. Hoy en día, gestionan una finca de dos hectáreas en la comarca del Condado de Huelva, donde combinan el trabajo de campo con una nave especializada en la obtención de proteína animal natural mediante la transformación del Tenebrio molitor, el popular 'gusano de la harina'.

Este coleóptero se convierte en las instalaciones de Hinojos en un superalimento con un altísimo valor proteico. El proyecto nació durante la etapa universitaria de ambos socios. Según explica Miriam Borondo a Fermín Cabanillas de EFE, comenzaron "a hacer estudios de modelos de negocio, viendo por dónde iba el mercado, cuál iba a ser su futuro", un análisis que les confirmó la viabilidad de la idea. "Vimos que iba a haber necesidades de nuevas formas de alimentación y de proteínas en el futuro", añade.

El cambio de rumbo profesional no dejó indiferente a nadie de su entorno. Borondo reconoce que la gente cercana "se sorprendió porque esto no tiene que ver con la economía, sino que se trata de criar insectos". Además, la falta de referentes en el sector supuso un reto añadido: "Cuando te centras en algo tan concreto hay pocos expertos, y nos tocó a nosotros investigar hasta ser prácticamente expertos en lo que se iba a hacer".

Por su parte, Manuel destaca el carácter residuo cero de la planta, donde se implementa un modelo de economía circular estricto: "El insecto madre se cría y pone los huevos, y se realiza el proceso de engorde del escarabajo. La larva final es la que se comercializa cuando ha crecido".

Abono orgánico de Tenebrio, uno de los productos que venden en M2R Agrofarm S.L.

Abono orgánico de Tenebrio, uno de los productos que venden en M2R Agrofarm S.L. M2R Agrofarm S.L.

Este método de trabajo les ha permitido desarrollar harinas con concentraciones de proteína de entre el 55 % y el 75 %, además de un "aceite de insecto con un perfil rico en ácidos grasos insaturados, y fertilizante orgánico procedente del frass generado durante el proceso productivo".

Próxima parada: los restaurantes

En M2R Agrofarm no se desperdicia nada. Incluso la quitina de los escarabajos (el material principal de su caparazón) que cumplen su ciclo vital se destina a las industrias farmacéutica, cosmética y fitosanitaria, mientras que los excrementos se transforman en abono agrícola.

En este sentido, preguntado sobre cuánto falta para que una persona pida con naturalidad en un restaurante una tortilla de larvas de insectos, asegura que “queda poco, es algo que veremos más en el día a día”, aunque “se necesitan grandes cantidades de producto”, y “puede que empiece en estadios algo más gourmet, y luego pase a un consumo más común”.

El propósito final de estos dos analistas es consolidar un ecosistema donde la producción de nutrientes y los fertilizantes convivan de manera diferenciada y eficiente, normalizando el consumo de insectos en el país hasta equipararlo con los grandes clásicos de nuestra gastronomía.