La miel es un producto apreciado desde tiempos inmemoriales. Su dulzura la convirtió en una de las primeras chucherias y nutrientes como la Jalea Real hicieron que se convirtiese en un remedio para todo. Sin embargo, con la llegada de mieles procesadas y adulteradas, cada vez es más difícil disfrutar de su sabor y propiedades.

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No sólo pasa con la miel, cada vez son más los productos que han perdido propiedades. Desde los tomates que ya no saben a tomate hasta las fresas que parecen de plástico.

¿Cuál es la diferencia entre una miel pura y una procesada?

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En los últimos años las estanterías de las tiendas se han llenado de mieles que dejan mucho que desear. Y digo miel por llamarlas de alguna forma, puesto que sólo hay que echar un vistazo a la etiqueta para ver que esos líquidos dulces y pegajosos no tienen nada que ver con lo que elaboran las abejas.

Al mismo tiempo que se añaden aditivos (mayormente agua y azúcares) se reducen los costes pero también se pierden gran parte de los nutrientes y sabor que caracteriza a la miel. Aunque, por desgracia, ni siquiera la miel pura de los supermercados se salva. Por un lado tiene los beneficios de estar elaborada únicamente con la miel pero por el otro, lo más seguro es que haya sido refinada.

Para quien no lo sepa, la miel es un producto que se puede consumir nada más recolectado. Sin embargo, antes de su comercialización en grandes superficies las distintas empresas la suelen procesar para filtrar sus impurezas. La miel se queda más bonita pero por el camino se desaparecen la mayor parte de enzimas, minerales y vitaminas. O lo que es lo mismo, la miel pierde nutrientes hasta quedarse en un simple edulcorante.

¿Cómo es la miel pura?

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Dado que el etiquetado de la miel en España no suele indicar si la miel ha sido procesada o no la mejor forma de saber si una miel es pura es fijarse en sus características:

  • Empezando por la etiqueta, la lista de ingredientes no debe contener nada que no sea miel. Además, es importante que esta no proceda de mezclas.
  • La miel sin procesar tiende a ser opaca y, dependiendo de la variedad, cuentan con un color oscuro.
  • Por raro que parezca, las mieles más puras tienen impurezas naturales (pólen, pan de abeja, cera…) y tienden a solidificarse creando cristales o mármoles.
  • La miel pura es por definición muy densa. Tanto que en condiciones de poca humedad puede llegar a atrapar burbujas en su interior.

La prueba del algodón

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Dicho esto, hay varias pruebas que se pueden hacer en casa que te pueden indicar si la miel que tienes en casa es pura o si por el contrario ha sido procesada/diluida:

  1. Mete la miel en agua tibia y remueve. Si se disuelve es que le han añadido azúcares extra.
  2. Pon algo de miel en una cuchara y dale la vuelta. Si cae muy rápido es que no tiene la consistencia adecuada y es muy líquida.
  3. Echa una gota de miel sobre una servilleta de papel. Si el papel se moja es que la miel ha sido diluida.

Estas son sólo algunas de las muchas pruebas que se pueden realizar para comprobar la pureza de una miel. Si buscas en internet encontrarás todo tipo de experimentos, aunque si tienes que hacer tantos test a una miel quizás sea mejor optar por otra marca.

¿Dónde comprar miel pura?

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Aunque la comodidad del supermercado es insuperable, la verdad es que no es el mejor lugar para comprar miel pura de gran calidad. La mejor opción, sin duda alguna, es compararla directamente a algún apicultor de confianza que viva en nuestra región. De esta forma no sólo te aseguras la pureza, sino que también apoyas a los productores locales.

Si eres de ciudad quizás sea difícil conocer a algún apicultor, pero seguro que encuentras alguno vendiendo su género en ferias, mercados o pueblos. También es probable que puedas encontrar una miel de gran calidad en tiendas gourmet o de productos artesanos.