El azúcar es sacarosa refinada que se consigue tras someter a un determinado proceso químico la caña o remolacha. En el libro Veneno en el alimento del Dr. Lezner se describe el proceso de la siguiente forma: “Las remolachas se cortan en trozos después de lavarlas y luego se lixivian. Para dejar limpio el líquido que contiene el azúcar, se le añade cal. En este momento, la reacción alcalina destruye casi todas las vitaminas. En el líquido, mezclado con cal viva, se introduce dióxido de carbono, para así precipitar la cal.

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El líquido “saturado” se conduce hacia las bombas de filtración que separan las el líquido azucarado de las impurezas. Tras otro tratamiento con sulfato de calcio, por el cual el ácido sulfúrico lo decolora hasta dejarlo casi blanco, se hierve el líquido hasta que espesa. Una centrifugación permite separar el jarabe del azúcar crudo llamado melaza, un producto que contiene muchas sustancias que no son propias del azúcar.

La melaza se utiliza para preparar una sustancia similar al alcohol de quemar y para alimentar al ganado. En las refinerías, este azúcar crudo se ha de transformar todavía en azúcar común o de consumo, para lo cual ha de pasar por varios procesos más de limpieza con carbonato de calcio, de blanqueo con ácido sulfúrico, de filtración a través de carbón de huesos y de cocción hasta obtener los cristales”.

Como podéis leer, ya el proceso para la obtención del producto no inspira mucha confianza, resultando además un producto final carente de cualquier vitamina o mineral necesario para el organismo, pero ¿realmente es dañino el azúcar? ¿Pensáis que puede causar daños irreparables a nuestro organismo?

Al consumir una dosis de azúcar nuestro sistema inmunológico se debilita durante 6 horas haciéndonos más vulnerables a distintos virus, bacterias y gérmenes durante ese período de tiempo. Cada vez son más expertos los que se inclinan a pensar que son los azúcares añadidos, y no las grasas, los verdaderos causantes de la mayoría de enfermedades crónicas que sufrimos en la actualidad: diabetes, hipertensión, obesidad, etc. Lo más grave es que el azúcar resulta ser un ingrediente adictivo, mucho más adictivo que la cocaína y la morfina, como se ha demostrado en experimentos realizados con ratas. Cuando consumimos azúcar sentimos una sensación de plena felicidad porque se dispara la producción de serotonina (hormona de la felicidad).

Recientemente han salido a la luz tres estudios sobre al azúcar cuyos resultados han alertado a los investigadores:

  • “Dietary sugars and cardiometabolic risk: systematic review and meta-analyses of randomized controlled trials of the effects on blood pressure and lipids” publicado por la American Journal of Clinical Nutrition. Tras este estudio se ha llegado a la conclusión de que digerir azúcar en exceso aumenta los niveles de triglicéridos, colesterol (total y LDL) y la presión arterial.
  • “Sweetened Beverage Consumption Is Associated with Increased Risk of Stroke in Women and Men” publicado por The Journal of Nutrition y liderado por investigadores suecos, llega a la conclusión de que el consumo elevado de bebidas azucaradas aumenta un 20% el riesgo de padecer un ictus.
  • “Consumption of Sugar-Sweetened Beverages Is Positively Related to Insulin Resistance and Higher Plasma Leptin Concentrations in Men and Nonoverweight Women”, también publicado en The Journal of Nutrition pero realizado esta vez por expertos españoles, determina que hay una relación directa entre el consumo de refrescos azucarados y ciertos indicadores asociados a la obesidad como pueden ser la concentración de insulina y leptina y la resistencia a la insulina.

El azúcar forma parte de la mayoría de productos de consumo, una lata de coca-cola contiene 9 cucharaditas de azúcar, pero un yogurt desnatado puede contener hasta cinco. Por todo ello las recomendaciones generales son evitar cualquier producto que contenga azúcar entre sus 3 primeros ingredientes, la cantidad diaria no debe sobrepasar los 55 gramos máximo.

Después de sacar todas estas conclusiones, tenemos claro que el azúcar no es un componente saludable para nuestro organismo, por ello debemos plantearnos nuestra dieta libre de él. El problema que está surgiendo actualmente es que aunque muchas personas reducen su ingesta en las dietas, por el contrario crece exponencialmente su utilización en elaboración de distintos productos industriales. Debido a ello no es de extrañar que pronto surjan reglamentos a nivel europeo para ejercer un máximo control sobre esto.

Creo que cuanto menos es para replantearse el consumo del azúcar, eso sí, debemos informarnos y tener cuidado el sustitutivo que vayamos a usar ya que como se suele decir “a veces es peor el remedio que la enfermedad”.

Fuente | Lo que dice la ciencia para adelgazar