Un hombre en la construcción.
Juan Antonio González, albañil: “El polvo de la obra que respirábamos antes nadie pensaba que fuera peligroso”
La silicosis vuelve a golpear a la construcción española: más de 5.900 partes de enfermedad profesional desde 2007.
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El polvo ha formado parte de las obras durante generaciones. Cortar una piedra, perforar una pared, demoler hormigón o trabajar determinados materiales puede levantar nubes que terminan sobre la ropa, el pelo y prácticamente cualquier superficie. El problema es que una parte de ese polvo puede llegar mucho más lejos: hasta el interior de los pulmones.
Juan Antonio González empezó a trabajar con apenas 16 años, durante los años de mayor actividad de la construcción. Entró en una marmolería y comenzó a fabricar encimeras cuando materiales como los aglomerados de cuarzo se extendían rápidamente por las cocinas españolas.
Por entonces, recuerda, aquellos materiales se manipulaban prácticamente de la misma manera que el mármol o la piedra tradicional. Se cortaban, pulían y ajustaban mientras enormes cantidades de polvo quedaban suspendidas alrededor de los trabajadores.
“Era todo polvo. Una nube que no veías al compañero hasta que no estabas encima”, explicaba González al elDiario.es al recordar aquellos años. La protección tampoco era comparable con las precauciones que actualmente se recomiendan frente a la sílice: “Si acaso, una mascarilla como de papel”.
Aquello acabó teniendo consecuencias extraordinariamente graves. En 2016, con poco más de una década de exposición, González comenzó a notar que algo no funcionaba bien. Primero apareció la sensación de ahogo. Después llegó el diagnóstico: silicosis.
La enfermedad continuó avanzando incluso después de abandonar aquel trabajo. Pasó de una silicosis simple crónica a una forma complicada y posteriormente progresiva. Su capacidad pulmonar llegó a reducirse hasta aproximadamente el 33%.
En mayo de 2023, con 34 años, terminó necesitando un doble trasplante pulmonar en el Hospital Reina Sofía de Córdoba. “Me dijeron que tenía un 80% de probabilidad de no salir; imagínate, con una niña pequeña”, contó posteriormente.
Su historia representa uno de los casos más extremos de un problema laboral que España creyó durante décadas asociado principalmente a los mineros, pero que ha reaparecido con fuerza entre trabajadores de marmolerías, talleres de piedra y construcción.
Un polvo que puede llegar hasta los alvéolos
No todo el polvo presente en una obra tiene el mismo riesgo. El problema concreto aparece cuando se trabajan materiales que contienen sílice cristalina, uno de los minerales más abundantes de la corteza terrestre y presente en arenas, granitos, pizarras, cuarcitas y numerosos materiales utilizados habitualmente en construcción.
Mientras permanece integrada dentro de una piedra, no representa el mismo riesgo. La situación cambia cuando ese material se corta, perfora, tritura, talla o pule y genera partículas extremadamente pequeñas.
El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo explica que las partículas de sílice cristalina respirable pueden medir 10 micrómetros o menos, un tamaño suficientemente pequeño para penetrar profundamente en el aparato respiratorio y alcanzar los alvéolos pulmonares.
Allí pueden desencadenar una respuesta inflamatoria y producir fibrosis, es decir, cicatrices permanentes en el tejido pulmonar. El resultado puede ser la silicosis, una enfermedad que actualmente no tiene tratamiento curativo y que puede seguir progresando incluso después de que el trabajador deje de respirar el polvo.
La exposición tiene además otras consecuencias. El INSST relaciona la sílice cristalina respirable con un mayor riesgo de cáncer de pulmón, enfermedad renal crónica, tuberculosis y determinadas enfermedades autoinmunes, además de una pérdida acelerada de función pulmonar.
La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer clasifica el cuarzo y la cristobalita respirables generados en determinados entornos laborales como cancerígenos para los seres humanos. La legislación española también considera cancerígenos los trabajos que generan exposición a este polvo.
Y la construcción es uno de los sectores donde existe mayor exposición potencial. El propio INSST señala que cortar, pulir, taladrar o demoler materiales con sílice puede producir partículas respirables capaces de permanecer suspendidas en el ambiente.
Más de 500 casos en un solo año
La experiencia de Juan Antonio González tampoco constituye un caso aislado. Un informe elaborado por el Ministerio de Sanidad ha documentado una auténtica reemergencia de la silicosis en España durante las últimas dos décadas.
Entre 2007 y 2024 se comunicaron 5.900 partes de enfermedad profesional por silicosis. Solo durante 2024 se notificaron 520, una cifra que permite comprobar que la enfermedad está lejos de haber desaparecido del mercado laboral español.
Casi la mitad de esos casos, el 47,8%, estuvieron vinculados a la fabricación y manipulación de aglomerados de cuarzo y al procesado de piedra natural, fundamentalmente granito y pizarra.
También comienza a aparecer otra consecuencia especialmente grave. Desde 2018 se habían comunicado 46 partes de cáncer de pulmón asociados a la exposición profesional a sílice cristalina; 19 correspondieron únicamente a 2024.
Uno de los factores que explica esta nueva epidemia es la aparición de determinados materiales utilizados masivamente durante el boom inmobiliario. Las encimeras de piedra artificial podían contener concentraciones muy altas de sílice cristalina y generaban enormes cantidades de polvo cuando eran cortadas o pulidas.
Juan Antonio comenzó precisamente en 2005. En aquella época, según recuerda, los trabajadores trataban estos nuevos aglomerados de manera similar a materiales que llevaban décadas utilizando. El peligro específico no siempre era conocido ni explicado correctamente a quienes estaban expuestos.
El resultado ha cambiado incluso el perfil tradicional del enfermo de silicosis. Ya no aparecen únicamente trabajadores de la minería después de décadas bajo tierra. Los especialistas están encontrando formas aceleradas en trabajadores relativamente jóvenes vinculados a la piedra artificial.
Un informe oficial de la American Thoracic Society publicado en junio de 2026 acaba de advertir precisamente de esta situación a escala mundial. Los expertos describen la silicosis relacionada con piedra artificial como una enfermedad grave, rápidamente progresiva y completamente prevenible, con pacientes que terminan desarrollando fibrosis pulmonar masiva, insuficiencia respiratoria e incluso necesitando un trasplante.
El documento señala además un problema particularmente preocupante: incluso utilizando sistemas húmedos, ventilación y protección respiratoria, se siguen detectando exposiciones peligrosas en distintos países. Los autores reclaman medidas preventivas más contundentes, incluida la sustitución de materiales con grandes concentraciones de sílice.