Un albañil trabajando al aire libre en una obra.
José Toro, albañil: “He trabajado bajo cero y a pleno sol; lo que acaba pasando factura son la espalda, los codos y las rodillas”
El albañil veterano que empezó con 16 años señala el gran problema del oficio: décadas de esfuerzo físico acumulado.
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Trabajar en la construcción significa convivir con el esfuerzo físico durante años. Sacos, ladrillos, herramientas, posturas incómodas y movimientos repetidos forman parte de una rutina en la que el cuerpo acaba siendo casi otra herramienta de trabajo.
José Toro lo conoce bien. Tal y como relata a La Vanguardia, compezó como albañil con 16 años y acumula más de tres décadas en el sector, donde ha pasado por puestos de peón, oficial, encargado, jefe de obra, promotor y formador.
Cuando le preguntaron qué considera más duro de su profesión, no señaló solo el frío ni el calor extremo. “Lo más duro es el desgaste físico diario”, explicó, pensando en las horas dedicadas a mover materiales y levantar peso.
“Yo he trabajado con temperaturas bajo cero en invierno y también en pleno verano”, relató. Pero, para este veterano de la obra, el problema aparece sobre todo cuando los mismos esfuerzos se repiten durante años.
“Todo eso acaba pasando factura con los años”, reconoce. Entre las molestias más habituales señala tres zonas muy castigadas por el oficio: “Es muy común que los trabajadores tengan problemas en la espalda, los codos o las rodillas”.
Síntomas en la zona lumbar
La experiencia de Toro encaja con lo que muestran los estudios sobre salud laboral. Una revisión publicada en 2025 estimó que el 59% de los trabajadores de la construcción analizados sufría trastornos musculoesqueléticos relacionados con el trabajo.
Los autores reunieron 14 investigaciones y encontraron una gran variabilidad entre estudios, pero el mensaje general era claro: la construcción sigue siendo un sector especialmente exigente para músculos, articulaciones, tendones y espalda.
Otra revisión anterior permite ver el problema con más detalle. Entre trabajadores de la construcción, la prevalencia anual de síntomas alcanzaba el 51,1% en la zona lumbar, el 37,2% en las rodillas y el 20,3% en los codos.
No cuesta entender por qué. La obra combina cargas pesadas, posiciones agachadas o arrodilladas, brazos elevados, giros de tronco, golpes repetidos, herramientas vibratorias y jornadas en las que apenas hay movimientos realmente neutros.
El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo recuerda que las posturas mantenidas durante mucho tiempo y las posiciones alejadas de la postura corporal neutra pueden contribuir a la aparición de trastornos musculoesqueléticos.
Los movimientos repetitivos añaden otra capa. El INSST advierte de que se convierten en un factor de riesgo cuando se realizan con alta frecuencia o durante periodos prolongados, sin permitir recuperación suficiente de los tejidos.
El frío tampoco queda fuera de la ecuación. Un estudio con trabajadores varones de la construcción observó una asociación entre trabajar en ambientes fríos y una mayor probabilidad de molestias cervicales y lumbares.
A esa dureza física se suma el tiempo que rodea a la jornada. Toro recuerda días en los que debía levantarse a las cinco y media para desplazarse hasta obras situadas a cien kilómetros y volver a casa de noche.
Pese a todo, defiende que sigue siendo un oficio con oportunidades. Su consejo para los jóvenes es especializarse: dominar el alicatado, el yeso, el pladur u otra tarea concreta para convertirse en un profesional realmente valioso.