El psicólogo Víctor Amat.

El psicólogo Víctor Amat.

Ciencia

Víctor Amat es psicólogo y terapeuta: "La comunicación en la pareja está sobrevalorada"

El psicólogo defiende que abrazos, presencia y acuerdos prácticos fortalecen más algunas relaciones que las conversaciones eternas.

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J. Rodríguez
Publicada
Las claves

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Víctor Amat, psicólogo y terapeuta, sostiene que centrar la pareja en la comunicación puede ser contraproducente y provocar más frustración.

Amat advierte que forzar a ambos miembros de la pareja a comunicarse igual genera tensiones y desequilibrios de poder.

El especialista recomienda buscar acuerdos prácticos y valorar gestos y presencia, en vez de mantener conversaciones interminables sobre los mismos problemas.

Critica el exceso de "metacomunicación" y defiende que la relación de pareja no depende solo de las palabras, sino también de la conexión emocional cotidiana.

Durante años, psicólogos, terapeutas y libros de autoayuda han repetido la misma idea: una pareja funciona si sabe comunicarse bien. Sin embargo, el psicólogo y terapeuta Víctor Amat rompe con ese planteamiento y asegura que convertir la comunicación en el centro absoluto de la relación puede acabar provocando el efecto contrario.

El experto considera que muchas parejas viven atrapadas en conversaciones interminables sobre los mismos problemas, sin llegar nunca a resolverlos. Según explica, insistir constantemente en "hablar mejor" no siempre mejora el vínculo y, en algunos casos, incluso aumenta la frustración y el desgaste emocional entre ambos miembros.

Amat sostiene que las relaciones se construyen desde la complementariedad y no desde la igualdad absoluta. Para él, es natural que dentro de una pareja haya personas con formas distintas de expresarse. El problema aparece cuando se intenta que ambos se comuniquen exactamente del mismo modo.

Desde su perspectiva, obligar a alguien menos expresivo a convertirse en un gran comunicador puede generar tensión innecesaria. El psicólogo advierte de que esa dinámica crea un desequilibrio de poder dentro de la relación, donde siempre termina imponiéndose quien tiene mayor facilidad para explicar emociones y argumentos.

Esa diferencia, según señala, provoca que la otra persona se sienta en inferioridad constante. Como reacción, puede acabar desarrollando conductas de sabotaje o alejamiento emocional. Para Amat, muchas discusiones recurrentes nacen precisamente de esa sensación de estar permanentemente a la defensiva dentro de la pareja.

Exceso de comunicación

El terapeuta también critica la tendencia a convertir cualquier conflicto cotidiano en una conversación eterna. Pone como ejemplo las discusiones domésticas repetidas durante años, como reprochar continuamente que alguien no haga la cama. En esos casos, asegura, el problema no es la falta de comprensión, sino la ineficacia de la comunicación utilizada.

Frente a esa dinámica, propone una visión más estratégica. Si una conversación no ha funcionado después de años repitiéndose, quizá la solución no sea seguir hablando del tema. Amat defiende buscar acuerdos prácticos, redistribuir tareas o cambiar el enfoque antes que mantener discusiones interminables sin resultados reales.

Además, insiste en que el vínculo afectivo no depende únicamente de las palabras. Recuerda que existen muchas otras formas de conexión emocional dentro de la pareja, como la presencia, los abrazos, el contacto físico o los pequeños gestos cotidianos que fortalecen la relación sin necesidad de largas conversaciones.

Otro concepto que el psicólogo considera problemático es la "metacomunicación". Se refiere a aquellas discusiones donde ya no solo se habla del problema original, sino también de cómo se siente cada persona respecto a lo que el otro dice sobre ese problema. Según Amat, esa espiral termina alejando a la pareja.

Lejos de defender el silencio absoluto, el especialista aclara que la comunicación sigue siendo importante. Su crítica apunta al exceso y a la idea de que hablar constantemente sea la única herramienta válida para mantener una relación sana y duradera.