Vista aérea de la isla de Madeira.

Vista aérea de la isla de Madeira. iStock

Ciencia

Lo que dicen los psicólogos sobre vivir en una isla en España: "El mar puede hacerte sentir profundamente solo"

Aunque se relaciona con calma y calidad de vida, los expertos advierten de que el aislamiento geográfico puede afectar al bienestar emocional.

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Las claves

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Vivir en una isla se asocia a tranquilidad y belleza, pero puede provocar sentimientos de soledad y aislamiento según psicólogos.

El fenómeno de la "isleñidad psicológica" describe cómo el aislamiento geográfico afecta la forma de pensar y sentir de los habitantes.

La falta de anonimato, la rutina y la percepción de oportunidades limitadas pueden causar agotamiento mental e incluso "fiebre insular".

Para algunas personas, el mar representa protección y comunidad; para otras, puede convertirse en una frontera emocional difícil de superar.

Vivir en una isla suele asociarse con tranquilidad, playas y una vida más relajada.

Desde fuera, muchas personas imaginan estos lugares como un pequeño paraíso alejado del estrés de las ciudades.

Sin embargo, son muchos los especialistas en salud mental los que llevan años estudiando otra realidad menos visible: el impacto emocional que puede tener vivir rodeado únicamente por el mar.

Según empieza explicando la psicóloga Inmaculada de la Hera a EL ESPAÑOL "hay islas que se parecen a un abrazo y otras que, con el tiempo, empiezan a parecerse a una frontera".

Y es que aunque para muchas personas el entorno insular transmite calma y sensación de comunidad, también puede generar emociones complejas que no siempre se entienden desde fuera.

Según los expertos, existe algo conocido como "isleñidad psicológica", un fenómeno relacionado con cómo el aislamiento geográfico puede influir en la manera de pensar, sentir y relacionarse.

De la Hera señala que "una isla puede abrazarte o puede hacerte sentir atrapado, o incluso a veces ambas cosas al mismo tiempo", lo que confunde a aquellas personas que dudan de si es su verdadero sitio.

Isla de Tabarca.

Isla de Tabarca. iStock

En muchos territorios pequeños, la cercanía entre vecinos y las rutinas tranquilas son vistas como algo positivo. Sin embargo, con el paso del tiempo algunas personas sienten que esa cercanía termina pesando.

"No siempre pesa la soledad. A veces pesa no poder desaparecer nunca", afirma la psicóloga. Y es que la sensación de que todos conocen tu vida, la falta de anonimato o la impresión de vivir siempre en los mismos lugares pueden generar cansancio emocional.

Además, la psicología comunitaria ha estudiado cómo los espacios cerrados pueden provocar agotamiento mental.

No tiene por qué existir un problema grave para que aparezca esa sensación, a veces basta con la rutina constante, la percepción de pocas oportunidades o la idea de que "todo ocurre lejos".

En algunos casos, incluso aparece lo que ciertos estudios llaman "fiebre insular", una mezcla de ansiedad, irritabilidad y necesidad urgente de marcharse.

Los especialistas aseguran que los jóvenes, las personas creativas o quienes atraviesan momentos difíciles pueden ser más vulnerables a este tipo de emociones.

Candelaria desde las alturas.

Candelaria desde las alturas. iStock

"La salud mental no entiende de playas", recuerda De la Hera, desmontando la idea de que vivir en un entorno bonito garantiza automáticamente bienestar psicológico.

Aun así, reconoce que no todo es negativo. Para muchas personas, las islas representan protección, identidad y pertenencia.

Los lazos entre vecinos suelen ser más fuertes y los ritmos de vida mucho más cercanos, por lo que "hay quien mira el mar y siente límite, y hay quien lo mira y siente hogar".

Quizá ahí esté la gran contradicción de vivir en una isla. Pues, el mismo mar que para unos significa libertad, para otros puede convertirse en una barrera más que física.

Porque, como concluye la psicóloga, "el mar tiene algo extraño, al igual que puede hacerte sentir profundamente acompañado" puede llevarte a sentirte "profundamente solo".