Drew Barrymore, actriz de 51 años.

Drew Barrymore, actriz de 51 años. Stewart Cook/CBS

Ciencia

Drew Barrymore (51) actriz: "El entrenamiento nunca ha sido una pérdida de tiempo en mis 15 años de rutina"

La actriz admite que le llevó "toda la vida" encontrar una rutina de ejercicios que funcionara con su estilo de vida.

Más información: Qué es el método Hollywood: el sencillo ejercicio que usan las famosas para estar en forma.

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Las claves

Drew Barrymore lleva 15 años siguiendo una rutina de entrenamiento flexible que prioriza la constancia sobre la perfección.

Su método incluye sesiones de yoga, danza y barre, enfocadas en fuerza, cardio y estabilidad del core, entrenando habitualmente descalza.

Barrymore destaca la importancia de adaptar el ejercicio y la alimentación según las etapas vitales, especialmente tras la menopausia.

Pequeñas acciones diarias, como caminatas cortas y desayunos ricos en proteínas, forman parte de su enfoque realista para mantener el bienestar.

A los 51, Drew Barrymore está vendiendo una idea de bienestar que suena menos a póster motivacional y más a un tipo de supervivencia realista: no entrenar perfecto, sino entrenar posible, una rutina con la que lleva 15 años.

En una charla para Entertainment Tonight lo resumió con una frase que elimina la culpa de golpe: si ese día no te sale hacer ejercicio, no pasa nada; compénsalo cuidando mejor lo que comes y vuelve a la rutina cuando puedas.

Ese aprendizaje —dice— le llevó “toda la vida”, y encaja con lo que suele fallar en la vida adulta: no la falta de información, sino la fricción diaria.

Detrás de esa filosofía hay una disciplina concreta: Barrymore lleva quince años entrenando con Marnie Alton, en sesiones de alrededor de una hora que mezclan yoga, danza y barre, con mucho trabajo de fuerza y cardio a base de plisé y movimientos con peso corporal.

Un rasgo curioso es entrenar descalzas, buscando activar desde el pie toda la cadena de movimiento; siendo así una manera de obligar al cuerpo a organizarse sin depender de máquinas.

Su obsesión declarada es el core, pero no como sinónimo de abdominales para marcar, sino como centro de estabilidad y postura, especialmente cuando el cuerpo cambia con la edad.

En la pieza se describe que el bloque abdominal llega al final para proteger la columna y que algunos ejercicios (como esos plisé profundos con salto) buscan implicar abdomen, fascia y suelo pélvico, una manera de entrenar “en 3D” y no solo a base de crunches. Esa combinación de fuerza + control tiene sentido si lo que se persigue es sostener el cuerpo, no castigarlo.

Menopausia y adaptación

Barrymore cuenta que pasó por terapia hormonal y que el proceso removió autoestima y percepción corporal; su respuesta fue volver a lo básico: dormir mejor, comer mejor, moverse.

No es casual que el mensaje funcione ahora: las guías de la OMS insisten en que, además del cardio semanal, los adultos deberían hacer fuerza al menos 2 días por semana, y en mujeres posmenopáusicas la evidencia lleva años asociando el entrenamiento de fuerza con beneficios en salud ósea y funcionalidad.

Alton añade un truco que parece menor pero es potentísimo para la adherencia: música. Habla de listas ajustadas por BPM para mantener el ritmo, y la literatura científica lleva tiempo observando que la música puede mejorar la experiencia del esfuerzo.

También aumenta la motivación y hace que el ejercicio se recuerde como más agradable, algo clave cuando lo difícil no es “saber qué hacer”, sino repetirlo semana tras semana.

Y luego está el bienestar del día a día: caminatas cortas en una esterilla mientras ve la tele, levantarse diez minutos antes para ordenar la mañana, y un desayuno rápido tipo tostada griega con huevo, verduras, aceite de oliva y queso feta.

No es una receta milagro, pero sí una lógica coherente: pequeñas acciones que bajan la barrera de entrada. Incluso en investigación nutricional, desayunos con más proteína suelen asociarse con más saciedad a corto plazo frente a opciones más ligeras, aunque el efecto exacto depende del contexto y de la persona.

Barrymore, al final, no está vendiendo perfección: está defendiendo un sistema que no se rompe cuando un día te saltas el gimnasio.