El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska.
Fernando Grande-Marlaska fue designado ministro del Interior en el año 2018, tras salir adelante la moción de censura que defenestró a Mariano Rajoy como presidente del Gobierno. Cuando fue nombrado ministro para ocupar dicha cartera, reconozco que sentí cierta tranquilidad, porque su pasado como juez le avalaba para dirigir el Ministerio.
Tenía una carrera política que prometía ser, al menos, decente; empero, llegó su primer error: permitió que Barcelona fuese quemada, saqueada y violentada por el terrorismo callejero —los llamados CDR (Comités de Defensa de la República Catalana)—, tras la sentencia del Tribunal Supremo, que condenó por sedición a los golpistas del 1 de octubre de 2017.
Dejó a la policía sin medios para defenderse, hasta el punto de que uno de ellos sufrió un traumatismo craneoencefálico tras ser golpeado con un adoquín. Mientras tanto, el ministro Marlaska estaba con su pareja «tomando una hamburguesa». Esta fue su primera infamia, por la que debió haber dimitido.
Segundo escándalo: la destitución ilegal —fallo del Supremo— del coronel Pérez de los Cobos. El motivo fue que el coronel se negó a facilitar la investigación que estaba llevando a cabo sobre la manifestación del 8-M del año 2020; es decir, a pocos días de declararse la pandemia del coronavirus, y más cuando ya había casos confirmados y muertos en España desde enero.
Tercer escándalo: el viaje de Delcy Rodríguez a España. Grande-Marlaska permitió que la vicepresidenta de la narcodictadura venezolana pisara suelo español, cuando lo tiene prohibido por pertenecer al espacio Schengen. Aterrizó en el aeropuerto de Barajas, dejando cuarenta maletas que no pasaron ninguna medida de seguridad, lo que permite intuir que el contenido de dicho equipaje fue a parar a los bolsillos de sus amigos en España.
Cuarto escándalo: tragedia en la valla de Melilla en el año 2022 y la deportación ilegal de menores desde Ceuta a Marruecos. Dicha tragedia dejó 37 personas fallecidas, tras el uso desproporcionado de la fuerza en la frontera de Melilla.
Quinto escándalo: dos agentes de la Guardia Civil fueron vilmente asesinados por narcos en Barbate. Todavía sus familiares siguen esperando una llamada del ministro Marlaska. El escándalo fue aún mayor cuando se supo que desmanteló la unidad de élite de lucha contra el narcotráfico en el año 2022.
Sexto escándalo —pero no el último—: dos agentes de la Guardia Civil han fallecido hace pocos días tras chocar dos patrulleras mientras perseguían a una narcolancha. Para más inri, el ministro no ha acudido al funeral, siendo otra desvergüenza más en su historial político.
Todavía hay más escándalos, pero por razones de extensión no los mencionaré. No obstante, todo esto resulta suficiente para que un cargo público hubiese dimitido hace muchísimo tiempo, pero son impermeables al dolor que padecen los ciudadanos al verles impertérritos en sus puestos. Hay algo peor que un Gobierno lleno de incompetentes: un Gobierno de incompetentes y ufanos de su maldad y apatía.