Playa de los Pelambres - Zamora
Un paseo en chanclas a las once de la mañana. Una mirada a los aspersores del regadío en los campos de Castilla. Miles de años de agricultura y para mí es un misterio. Desconocimiento total de lo que hay plantado. Conozco el trigo y la cebada, eso sí. Todo lo demás parece magia. Cuándo hay que podar, cuándo hay que arar o cosechar. Sé que las uvas se vendimian en septiembre u octubre. Y que la fruta de temporada es más barata. Los melones se comen en verano, y las sandías también.
A lo que vamos, la primera parte de esta mañana no ha sido diferente, en chanclas unos cientos de metros al bar. Es casi mediodía, los niños en bicicleta a la piscina y algún familiar por ahí. Y en el bar sólo se habla de una cosa, han encontrado una cabeza en la casa recién comprada de un primo segundo. Uno de esos primos que ves de mucho en mucho y con los que hablas poco porque pertenecéis a universos diferentes. Él cuida ovejas y tú trabajas en Madrid. No es sólo otra ciudad y otra profesión. Son dimensiones diferentes.
Dentro de un antiguo baúl, en un rincón de una de las paneras al fondo del corral. Ha sido esta mañana, de bien mañana; a las siete o a las ocho, ahí estaba la cabeza. A las once ya lo sabía todo el pueblo, la Guardia Civil todavía estaba en la casa. Lo primero, se ha llamado al periódico, a La Opinión de Zamora. Esto es como levantar la mano, orgullosamente, cuando la maestra pregunta quién sabe la respuesta. A la tercera vez, el del periódico ha dicho que ya tenían la nota, que gracias, gracias, gracias por llamar. Así lo ha dicho, tres veces gracias.
Y las historias empiezan a surgir, que si la cabeza tenía pelo, que si era de la guerra, que si la familia que vendió la casa, que era de Badajoz sabría algo; o no, porque la cabeza, según dicen, ya estaba como disecada; debe de tener como cincuenta años y los de Badajoz sólo llevaban ahí diez. Esto lo dice Braulio, que diseca piezas de caza y animales domésticos de recuerdo para encima de la chimenea; que al tener experiencia es al que más escuchamos.
Y si ha de tener cincuenta años, por lo menos, quién será. De los setenta o antes. Había mucho trajín, muchos que venían de Alemania; y, alguno, de la noche a la mañana, se perdía entre tanto viaje. A Canadá se fueron vecinos, también.
Antes de los de Badajoz, que como se recuerda sólo estuvieron diez años, tratamos de entre todos, bueno, yo sólo escucho, de averiguar quién ocupaba la casa de la cabeza. A partir de este momento es la casa de la cabeza, antes era la casa de los de Badajoz. Lo de la cabeza nos convence a todos. Así se queda.
No es fácil saber quién moraba antes. Pero se va acotando la información. Uno recuerda a un tío suyo que lo mismo es relevante por lo que sea. Otro a un médico o a un maestro; cada uno pone datos como si fuese poner dinero para una necesidad importante. Se da todo lo que se tiene. Se preguntan entre ellos. Aquella que murió del bicho en el pecho, que mi madre le daba el hígado crudo de la matanza, que se lo llevaba mi hermana, era Herminia, no. Sí, Herminia, tuvo dos hijas que luego la sobrevivieron, una también con bicho, y la otra acabó en el norte y no se supo. Yo voy traduciéndomelo por dentro, el bicho es cáncer, por ejemplo. Esta pesquisa no da para mucho. Me cuesta seguir la investigación.
Viene alguien de regar, a estas horas hace calor, pero por la tarde luego no va a poder; y pregunta por la Guardia Civil en casa de los de Badajoz. Y cuando le ponen al día: pero, no fue aquí que desapareció un representante de tractores allá por el 69 o 70. Lo publicó La Opinión. La ignición necesaria, claro, claro, claro... Se descubren datos sin parar. Se fija la fecha en el verano del 71, cuando se arregló el puente nuevo sobre el Esla; que vendía tractores John Deere que no había muchos pero tenían fama, por ser americanos y por eso se acuerda la gente. Que si desapareció un fin de semana de agosto. Cuál pudo ser.
Yo enredo con mi teléfono para aportar algo, pero la cobertura es pobre y la velocidad de las investigaciones es superior a la del amigo Google.
Fue después de las fiestas, eso seguro, tuvo que ser el fin de semana del 23 o 24 de agosto, no hay duda.
Antes había mucho lío con las cosechas, esa es la fecha elegida por los comerciales.
No tenía mucha experiencia, le recuerdan algunos así, torpe, que si se cayó en los pontones al pasar el arroyo. Pues si se cayó ahí no me extraña que perdiese la cabeza…
Se concreta que quizá se intentó hacer amigo de quien no debía. O que era un metepatas que llamaba paleto a cualquiera de aquí, a saber. O que ya conocía a alguien y le conocían al él y se la tenían jurada. Pero, sin duda, ese comercial es un gran candidato para ser dueño de la cabeza encontrada.
Y llega la hora de la comida y mi teléfono sigue queriendo conectarse y el bar se va vaciando.
Y yo me pregunto si es así como se resuelven de verdad los crímenes.
Se verá.
Yo también me voy yendo que ya es hora de comer.