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Todo el mundo ha oído hablar del Barrio Chino de Bangkok (Yaowarat) y de esa locura de calles y puestos de comida (de todo tipo, incluidos insectos) donde la energía se mantiene intacta desde las ocho de la mañana hasta pasadas las doce de la noche. Parece que todo puede pasar en ese lado Chinatown, que todo es posible y comible.

Sin embargo, no muy lejos de ese ir y venir de turistas ansiosos por devorar la ciudad, se ubica uno de los barrios más antiguos de la capital tailandesa que se ha convertido en el más buscado por los viajeros que apuestan por sentir cómo respira el Bangkok chino más real, el auténtico, sobre todo a su hora mágica: justo antes del atardecer.

Se trata de Talat Noi, que significa "mercado pequeño", y que funciona, precisamente, como el otro lado del espejo del hervidero del Barrio Chino, el hermano pequeño. Fue precisamente en estas calles donde se asentaron por primera vez los chinos hakkas, originarios del norte del país, en el siglo XVIII junto con los primeros portugueses recién llegados a la región para comerciar.

Una casa de té en Talat Noi.

Una casa de té en Talat Noi. iStock

De hecho, es aquí donde se encuentra la famosa Iglesia del Rosario, levantada por un grupo de misioneros portugueses en 1787, y que puede ser el mejor lugar para arrancar el recorrido de este barrio teniendo siempre presente que la capital tailandesa consigue, como nadie, alcanzar la mezcla perfecta entre polos opuestos.

Bares y tiendas

Talat Noi también fue el primer puerto de Bangkok, en una ciudad que ha vivido, históricamente, volcada al río Chao Phraya, su fuente de energía y red de transporte. De hecho, estas calles laberínticas en algunos tramos siempre tienen un destino final: el agua. Hoy la comunidad china que habita entre edificios viejos y cableados imposible, esconde algunos de los bares y restaurantes más auténticos de Bangkok y con las vistas más bonitas.

La primera experiencia en este barrio tiene que ser, cámara en mano, recorrer el arte callejero que ha transformado los oscuros muros de sus calles estrechas en un mural viviente que revela cómo respira y sueña Bangkok. En sus diseños se intercalan elementos de las tradiciones tailandesas con personajes o guiños a la cultura y contracultura más actual, si en una ciudad que no duerme ni descansa se pueden usar estos términos.

Simplemente tenemos que dejarnos llevar, como la corriente, por todo lo que nos sale al paso. Al girar cualquier esquina, podemos descubrir una de las presencias más llamativas de Talat Noi: coches viejos aparcados a las puertas de caóticos talleres donde las motocicletas buscan oxígeno o una segunda vida.

En realidad, nos recuerdan que Talat Noi, hace no muchos años, era el lugar donde encontrar repuestos de coches, motos y maquinaria pesada imposibles de encontrar en otro lugar del mundo.

Street Art en una calle de Talat Noi.

Street Art en una calle de Talat Noi. E. E.

Arrastrados por el poder de esas pinturas, que convierten cada callejón en un pequeño museo donde detenerse, llegamos a Sou Heng Tai House, una de las casas más antiguas de la ciudad que aún se mantiene en pie y con su estructura original. Fue construida hace 200 años y la sigue habitando la misma familia que la diseñó y eligió sus increíbles detalles decorativos.

Si la puerta está abierta, podemos entrar sin problema porque ahora funciona como una cafetería y una escuela de buceo, una combinación algo extraña pero que sería la metáfora perfecta de cómo el pasado y el futuro se integran en el tiempo y el espacio para parir un presente con muchas aristas, sobre todo en Talat Noi.

Horseshoe Shrine, uno de los santuarios más populares de Talat Noi.

Horseshoe Shrine, uno de los santuarios más populares de Talat Noi. iStock

No muy lejos de aquí se levanta un curioso santuario, Horseshoe Shrine, dedicado a la diosa de la Misericordia, Kuan Yin, y con unas pinturas en relieve en la fachada que te obligan a detenerte, a respirar y a pensar en cómo los pequeños detalles son los que marcan el arte y la vida en Tailandia.

En las plazas improvisadas que surgen nos encontraremos viejos coches abandonados que recuerdan el destino de quienes han sabido adaptarse a la crisis de la industrialización con mesas de comida y herramientas un mismo negocio. Uno de esos rastros más famosos es el Antique Turtle Car que se ubica cerca de uno de los locales más conocidos, el Slow Bar. Una parada perfecta para pensar en el tiempo detenido, los talleres de coches y una cerveza bien fría.

Pero no es la única nevera donde refrescar el paseo. Camino hacia una de las entradas al Barrio Chino, quizás por la puerta de atrás, es fácil encontrarse con algunas estampas que más parecen sacadas de otras latitudes: terrazas al aire libre, frente al río, cubiertas de plantas y discretos expatriados hablando con locales y con una bebida en la mano; asumiendo que el reloj es un objeto de lujo que en Bangkok adquiere su propia dimensión.

Un detalle en Talat Noi.

Un detalle en Talat Noi. iStock

Uno de los coches abandonados de Talat Noi más populares.

Uno de los coches abandonados de Talat Noi más populares. iStock

Además, en los últimos años, muchos de los viejos almacenes que se utilizaban para el comercio marítimo se han convertido en espacios rehabilitados donde puede pasar casi de todo: tiendas de arte o de ropa se mezclan con venta de antigüedades y cafés de especialidad y puestos de comidas que aprovechan las vistas al río.

Un horno de baos callejero en Talat Noi.

Un horno de baos callejero en Talat Noi. E. E.

Si ya hemos abierto el apetito y queremos probar unos baos o dim sums caseros, mejor caminar hasta Gu Long Bao, un pequeño ventanal a un horno donde amasan, hornean y hasta rellenan estos impresionantes bocados. Será el mejor que puedes probar antes de introducirte en la locura de los puestos de comida del Barrio Chino donde las langostas se confunden con los alacranes entre frutas tropicales y fideos.

Llegar hasta Talat Noi es facilísimo desde casi cualquier lugar de Bangkok por tierra y por agua. Si preferimos metro, la estación más cercana es Hua Lamphong y los taxistas o conductores de tuk tuk saben perfectamente donde dejarte para iniciar la ruta. Otra opción son las líneas del Chao Phraya Express que paran en la Marine Department Pier.

Para llegar a Tailandia, lo mejor es coger el vuelo directo que semanalmente realiza Iberojet desde Madrid y que cuando se acerca el verano se convierte en dos vuelos semanales. Es la manera más fácil y cómoda de aterrizar en una de las capitales del mundo que se convierten en un imán para todos los que la conocen porque da igual lo que tardes en llegar, es difícil dejarla.