Así le quedó el ojo a la pobre mujer.

Así le quedó el ojo a la pobre mujer. NEJM

La Jungla Casos inéditos

El extraño caso de la mujer que tenía el ojo cortado en forma de pizza

En la jungla. Tras perder vista durante 20 años, acudió a un nuevo oftalmólogo, que descubrió los rastro visibles de una antigua operación. 

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Durante el paso de los años, algunos procedimientos médicos han llegado a considerarse más un arte que un procedimiento médico al uso, sobre todo en el caso de algunos cirujanos. De hecho, ese fue el caso del oftalmólogo ruso Svtatoslav Fyodorov, el cual desarrolló una técnica que, literalmente, cortaba la córnea humana en múltiples porciones con el objetivo de mejorar la visión. El procedimiento, inspirado en el accidente que sufrió un niño cuando le dieron un puñetazo que le destrozó las gafas, se popularizó tras comprobar Fyodorov que este pequeño mejoraba gratamente de su miopía cuando su córnea "se cortó" por accidente.

Actualmente la queratotomia radial es un procedimiento cada vez más raro, pero recientemente un informe publicado en el New England Journal of Medicine ha contado la historia de una mujer de 41 años que acudió al oftalmólogo tras haberse sometido a este antiguo procedimiento oftalmológico más de 20 años antes, que le había dejado su córnea con el aspecto de una pizza cortada a trozos, o bien como una gema, según cómo se quiera ver. Así la había mantenido durante más de dos décadas, en las que no había dejado de perder visión.

Queratotomía radial, un peligroso arte médico

Durante este procedimiento quirúrgico, se realizan cuatro, ocho, doce, dieciséis o hasta treinta y dos incisiones en la córnea, con el objetivo de modificar su forma para que la luz refracte de forma diferente y poder modificar así la miopía. Actualmente se usa de forma muy esporádica, dado el auge de los láseres médicos, pero en la época de Fyodorov fue todo un hito médico.

De hecho, como hemos comentado, originariamente la "técnica" se basó en un accidente sufrido por un niño miope que requería el uso de gafas durante la década de 1970, pero Fyodorov fue perfeccionando su procedimiento a base de bisturí, y sin láser a mano, inspirándose en las lesiones sufridas por el pequeño.

Al realizar tales incisiones en la córnea, era posible "rascar" su tejido, evitando los errores de reflexión lumínica que caracterizan a la miopía. Así, la queratotomía se popularizó, pudiendo solucionar los problemas de visión de alrededor de ocho millones de personas en Estados Unidos y Canadá, usando instrumentos médicos basados en el diamante y la técnica de Fyodorov.

Aunque teóricamente la técnica es efectiva, las complicaciones alrededor de la misma dieron lugar a que acabase siendo relegada al olvido. Los riesgos de infección corneal o perforación eran elevados, y en muchas ocasiones los resultados eran inconsistentes e inestables. Y, en algunos casos, a pesar de que se solucionaba la miopía, posteriormente sufrían otros problemas de visión; se trataba de cambiar un problema por otro, y con una operación "inútil" de por medio.

De hecho, algo similar ocurrió en este nuevo caso. La mujer se sometió a una queratotomía radial cuando era joven, y su vista fue deteriorándose poco a poco tras dicho procedimiento. Los oftalmólogos que la estudiaron descubrieron los trazos típicos de la intervención, que se vislumbran como líneas que destacan sobe el telón carmesí de fondo en un examen de fondo de ojo. 

Sin embargo, el tratamiento post-queratotomía no es muy efectivo, pues tan solo se basa en recetar gafas nuevamente y extremar la protección ocular. Por suerte para la paciente, tras seis meses de seguimiento, su visión no ha empeorado más.

Actualmente el uso de la cirugía láser ha desterrado a las queratotomías, pero tampoco es una intervención exenta de riesgos. Aunque, por otro lado, no depende tanto de la destreza del cirujano como sí sucedía con la antigua queratotomía radial.

Según los estudios realizados respecto a los resultados de las queratotomías radiales, la realidad es que se basaban en el azar: en un estudio realizado en 1990, tras el paso de diez años, poco más de la mitad de los individuos sometidos al procedimiento tienen una visión óptima total, aunque solo uno de cada tres necesitó seguir usando gafas.