Dos imágenes del interior del laboratorio de Almenar: los arcones congeladores del laboratorio y una batería de ollas sobre quemadores de gas, junto a una imagen de Reuters de varios miembros del Cártel de Jalisco en México.

Dos imágenes del interior del laboratorio de Almenar: los arcones congeladores del laboratorio y una batería de ollas sobre quemadores de gas, junto a una imagen de Reuters de varios miembros del Cártel de Jalisco en México. EE

Reportajes

En el laboratorio del Cártel de Jalisco en un pueblo de Lérida con capacidad para procesar '2.500 kilos de metanfetaminas'

EL ESPAÑOL localiza la finca, habla con la familia que la alquiló a los narcos y reconstruye cómo funcionaba por dentro la planta clandestina.

Más información: Así caza Marruecos a mandos saharauis mientras Moncloa condecora a la policía de Rabat: "Un dron mató a mi hermano"

Publicada

Alquiló una vieja granja de su propiedad a unos señores con acento hispano educados, discretos y puntuales con el pago y resultó que eran cinco cocineros mexicanos enviados a cristalizar metanfetamina para el Cártel Jalisco Nueva Generación.

"No estuvieron ni diez días trabajando aquí antes de que la policía se les echara encima", dice el propietario de la finca leridana.

Para ser más precisos, afirma, no sólo les alquiló la nave agrícola. La renta que pagaban incluía el disfrute de una pequeña casa adosada a la suya.

Los edificios y los terrenos circundantes forman parte de una masía situada a dos o tres kilómetros del casco urbano de Almenar (Lleida).

Acompañado de su pareja y de uno de sus hijos, el dueño de la propiedad atiende al reportero de EL ESPAÑOL desde el otro lado de la valla de alambre y la cancela por la que se accede hasta la finca.

Interior del laboratorio de Almenar: una batería de grandes ollas de acero inoxidable sobre quemadores de gas, bombonas conectadas por mangueras y paredes revestidas con aislante térmico aluminizado.

Interior del laboratorio de Almenar: una batería de grandes ollas de acero inoxidable sobre quemadores de gas, bombonas conectadas por mangueras y paredes revestidas con aislante térmico aluminizado. Policía Nacional

Lo de hacerles fotos, dice, ni pensarlo. Ya les ha visitado al menos otro periodista de la prensa provincial y la familia no parece muy contenta con el que "los papeles" dejaran entrever su propia casa como la dirección en Lleida de la "fábrica de drogas" de uno de los grupos criminales más poderosos y crueles del planeta.

Algunos de los soportes gráficos que se divulgaron del "laboratorio" no mostraban en realidad la granja donde procesaban el cristal sino su vivienda, adosada a la que alquilaron a los cocineros mexicanos del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

El edificio donde situaron la parafernalia está, en verdad, unos 80 o 100 metros más allá de ambos edificios, parapetado tras un maizal.

En Almenar, entretanto, ya circula una versión distinta de la historia por cada bar, cada tractor y cada corrillo, aunque casi nadie haya visto a los mexicanos ni sepa exactamente qué ocurrió allí dentro.

"¿Cómo no vamos a estar muy enfadados? Se ha dicho de todo. A mi hijo mayor incluso le rompieron la moto el otro día cuando la aparcó en el pueblo", afirma el dueño de la granja.

A la izquierda, la parte trasera de las viviendas de la torre. La nave agrícola donde montaron la cocina clandestina de metanfetamina quedaba unos metros más allá, parapetada en verano tras el maizal.

A la izquierda, la parte trasera de las viviendas de la torre. La nave agrícola donde montaron la cocina clandestina de metanfetamina quedaba unos metros más allá, parapetada en verano tras el maizal. Ferran Barber

Los agentes de la Brigada Central de Estupefacientes de la UDYCO Central penetraron en la finca por el acceso principal de su masía hacia las seis de la mañana del pasado 10 de julio, aunque los detalles de la operación no fueran divulgados hasta varios días después.

Obviamente, no llamaron a la puerta. Reventaron la cerradura y se precipitaron dentro a toda prisa para aprovechar el factor sorpresa.

La policía no halló armas en poder de los cinco mexicanos, pero en una operación contra una organización como el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) nadie se permite el lujo de asumir que los narcos no van a estar en posesión de un arsenal.

El CJNG no es un proveedor cualquiera de drogas sintéticas. Tiene una estructura armada propia y un largo historial de ataques contra policías y militares en su país de origen.

Estados Unidos lo designó en febrero de 2025 como organización terrorista extranjera y la DEA lo sitúa entre las organizaciones criminales más peligrosas del mundo.

El dueño de la finca está abrumado. Nada en el comportamiento de sus cinco inquilinos anunciaba la formidable biografía criminal que después les atribuirían.

Entraban y salían. Y durante aquellos pocos días la anomalía más visible consistió, como mucho, en que unos desconocidos hubieran decidido alquilar una casa y una granja.

La familia no se enteró de lo que estaba sucediendo dentro de la nave agrícola hasta alrededor de la una de la tarde de ese mismo 10 de julio

Según Alejandro Martín-Blas Aranda, inspector jefe de la Sección de Drogas Sintéticas y Precursores de la Brigada Central de Estupefacientes de la Policía Nacional al mando de la investigación, los policías de la UDYCO Central no penetraron solos en la granja.

Lo hicieron acompañados por especialistas de los TEDAX, encargados de comprobar primero qué clase de atmósfera se había formado dentro de las instalaciones.

En un laboratorio de drogas sintéticas, explica Martín-Blas, el enemigo puede ser invisible y acumularse junto al techo.

Basta una concentración elevada de determinados vapores para intoxicar y marear a los agentes o, bajo ciertas circunstancias, provocar una explosión.

"Van por delante para efectuar una lectura de los gases en cumplimiento de un protocolo que aplicamos siempre en estos casos", aclara el inspector.

Lo que sus agentes encontraron dentro del almacén era mucho más rudimentario de lo que sugiere a primera vista la palabra "macrolaboratorio".

Tal y como muestran las fotografías del cuchitril del narco obtenidas por EL ESPAÑOL, las paredes y buena parte del techo habían sido tapizadas con grandes paños de aislante térmico termo-reflectante aluminizado, una manta flexible de aspecto plateado, arrugada en las juntas y concebida para reducir la transmisión de calor en naves y cubiertas.

En la parte baja de los muros habían añadido una segunda protección, una lámina negra de plástico grueso, probablemente polietileno, que también parece cubrir buena parte del pavimento para impermeabilizarlo frente a salpicaduras y derrames.

Contra uno de los laterales habían dispuesto una batería de grandes ollas cilíndricas de acero inoxidable de uso industrial, algunas todavía con las etiquetas comerciales pegadas al metal.

Cada una descansaba sobre un quemador de gas independiente. El sistema no difiere en nada del que se utilizaría para hacer una paella en las fiestas del pueblo.

El acondicionamiento eléctrico tampoco tiene nada de laboratorio farmacéutico. Por el techo y las paredes discurren cables colocados de manera provisional, pequeñas luminarias de obra, focos y una simple bombilla.

En la otra mitad de la nave, se hallaba la digamos "zona fría", donde los narcos situaron dos grandes arcones congeladores horizontales y tres ventiladores industriales de pedestal, de gran diámetro, conectados mediante alargadores y regletas.

La llamada zona fría del laboratorio, con dos grandes arcones congeladores abiertos, tres ventiladores industriales, cubos, recipientes y neveras portátiles. Allí enfriaban la mezcla hasta favorecer la cristalización de la metanfetamina.

La llamada "zona fría" del laboratorio, con dos grandes arcones congeladores abiertos, tres ventiladores industriales, cubos, recipientes y neveras portátiles. Allí enfriaban la mezcla hasta favorecer la cristalización de la metanfetamina. Cedida

Eran aparatos industriales corrientes utilizados para mover el aire de una estancia que, durante el procesado, podía cargarse de vapores y gases.

Según Martín-Blas, su finalidad era evitar que la concentración ambiental resultara tóxica para quienes trabajaban dentro.

El procedimiento era sorprendentemente elemental. Los cocineros calentaban la mezcla para ir recuperando y concentrando la droga y, una vez separada y purificada, la sometían a frío en grandes recipientes y arcones congeladores hasta que comenzaban a formarse los cristales.

Los cinco 'chefs' mexicanos trabajaron allí durante lo peor de una de las primeras grandes olas de calor de julio.

Meteocat la sitúa entre los días 5 y 10; el día 7, mientras las ollas ardían dentro de aquella nave forrada de aislante, la estación de Lleida-la Femosa llegó a registrar 43 grados.

Nadie midió la temperatura dentro del antro de los narcos, pero basta mirar la batería de quemadores alimentados por bombonas para imaginar las condiciones en las que trabajaban: una granja cerrada en mitad del Segrià, bajo el sol de julio, con media docena larga de fogones quemando butano a todo trapo.

"Cuando hablas de laboratorios, la gente se imagina una especie de sala con matraces y probetas pero a ellos les bastaba con disponer de los aparatos necesarios para calentar y enfriar los materiales", afirma el inspector.

"Al final lo que usaban eran cubos, recipientes, varios ventiladores industriales, arcones congeladores y pequeñas neveras portátiles, de esas que te llevas a la playa para mantener fresca la sandía".

No precisaban más para efectuar bien su trabajo. En apenas tres días, ya habían recuperado más de 800 kilos de las dos toneladas y media del cargamento.

De lo dicho se colige que en Almenar no fabricaban metanfetamina. Ésta había sido sintetizada previamente en México y había cruzado el Atlántico ya terminada desde el punto de vista químico.

Lleida era, por así decirlo, el último eslabón de la cadena, el lugar donde había que separar la droga de aroma de vainilla.

La diferencia resulta fundamental para entender tanto la modestia del instrumental como la enormidad de la producción.

Siguiendo a los malos

La operación de ingeniería policial que condujo hasta la planta de acabado clandestina del Segrià dio comienzo varias semanas antes.

A principios de junio, la Oficina Antiestupefacientes francesa (OFAST) detectó un contenedor marítimo procedente de México y con destino a España.

En la documentación figuraban 12.700 kilos de aroma artificial de vainilla líquida, una mercancía perfectamente legal de no ser porque habían disuelto en ella casi 2,5 toneladas de metanfetamina.

La investigación arrancó precisamente a partir de una Orden Europea de Investigación de las autoridades judiciales francesas y fue dirigida en España por la Fiscalía Especial Antidroga de la Audiencia Nacional.

Dos de los palés del cargamento intervenido por la Policía Nacional, embalados dentro del contenedor marítimo. En la documentación figuraban como parte de una expedición de aroma artificial de vainilla procedente de México, utilizada para ocultar la metanfetamina disuelta.

Dos de los palés del cargamento intervenido por la Policía Nacional, embalados dentro del contenedor marítimo. En la documentación figuraban como parte de una expedición de aroma artificial de vainilla procedente de México, utilizada para ocultar la metanfetamina disuelta. Policía Nacional

"Lo que hacemos en estos casos es coordinar una entrega controlada", explica el inspector Martín-Blas.

"Al dejarla avanzar podemos ver quién la recibe, quién la mueve y quién va a trabajarla. No se trata solo de incautar la droga, sino de desarticular la organización que la comercializa".

Y esa fue precisamente la parte más complicada de la operación: seguir durante días un cargamento cuyo destino final nadie conocía todavía.

La mercancía entró en España bajo vigilancia y empezó a desplazarse por la provincia de Barcelona.

Primero terminó almacenada en una empresa logística; después, parte del alijo pasó a una nave industrial utilizada como punto intermedio; sólo al final apareció Almenar.

El comunicado de Interior no identifica a las empresas, pero sitúa los dos escalones logísticos en Santa Perpètua de Mogoda y en Rubí.

"Seguirla desde Francia es la parte del trabajo que resulta más peliaguda y casi nunca se menciona", asegura el inspector.

"La mercancía se está moviendo todo el tiempo y vas a pelo. No sabes quién está esperando para recibirla, qué vehículos van a utilizar ni adónde la van a llevar después. Primero aparece un camión, cambian los vehículos, aparecen personas que tú no conocías... Y tienes que seguirles sin que te detecten".

Los cinco cocineros de la granja de Almenar detenidos eran mexicanos. Al término de la operación, se detuvo también a otros ocho integrantes de la estructura: cuatro españoles, dos colombianos y otros dos mexicanos, hasta completar trece arrestados.

Los investigadores atribuyen a los españoles el papel de facilitadores locales: eran quienes aportaban infraestructura para recibir la mercancía, moverla por Cataluña y conducirla finalmente hasta el laboratorio.

Se practicaron en total siete registros simultáneos: cinco en la provincia de Barcelona y otro en Tarragona, además del de Almenar.

De los siete mexicanos detenidos, cinco procedían del área metropolitana de Guadalajara, en el estado de Jalisco, territorio de origen del CJNG, mientras que los otros dos habían nacido en Sinaloa.

Todos los arrestados menos uno ingresaron después en prisión provisional como presuntos responsables de delitos contra la salud pública y pertenencia a organización criminal.

Para entonces, la investigación había dejado de ser la historia de cinco tipos cocinando droga en una granja de Lleida.

Lo que la UDYCO Central ha desmontado es una cadena logística completa, capaz de recibir en Europa un cargamento enviado desde México, hacerlo circular bajo cobertura empresarial, esconderlo durante días y llevar hasta el último eslabón a los especialistas que sabían convertir de nuevo aquel líquido marrón en el cristal que después acaba circulando por saunas, clubes y afters.

A diferencia del éxtasis, que conserva una relación casi matrimonial con festivales y pistas de baile, la metanfetamina europea se consume con mucha frecuencia a puerta cerrada.

En España, uno de sus nichos mejor documentados es el chemsex: sesiones sexuales que pueden prolongarse durante horas o días en viviendas privadas y en las que el crystal suele convivir con GHB/GBL, mefedrona, ketamina, cocaína y otras sustancias.

Junto a la droga aparecieron seis vehículos, cerca de 4.500 euros en efectivo, productos químicos, reactivos, instrumental industrial y numerosos dispositivos electrónicos.

Más allá de los rumores que circularon por Almenar, el dueño de la finca era completamente ajeno a las actividades criminales de los narcos.

Y no porque lo diga él. La policía no ha encontrado ni la más mínima evidencia de que desempeñaran un papel dentro de la sofisticada trama.

No tenían ni idea de quiénes eran esos señores interesados en alquilar su "torre".

Entre los maizales del Segrià

Tanto en esa comarca como en la Franja (la zona catalanohablante de Aragón) llaman "torres" a lo que en el resto de Cataluña se conoce habitualmente como "masías": viviendas de labor, granjas, almacenes y pequeños complejos agrícolas que salpican el Segriá y que durante generaciones han servido para guardar aperos, criar animales, vigilar el riego o pasar temporadas enteras junto a las cosechas.

La de esta historia se llama Torre del Palau y se encuentra en Bassa Nova, un paraje agrario situado al oeste del casco urbano, en una llanura de regadío comunicada por pistas agrícolas con Almacelles y alimentada por el Canal de Aragón y Cataluña.

Al norte se levanta el Tossal del Metxut, un otero de 364 metros cubierto en agosto por pequeñas manchas de matorral bajo.

Su ladera conserva todavía el color pajizo y mineral del secano. Abajo, en cambio, el agua del Canal de Aragón y Cataluña ha convertido la antigua llanura esteparia en un tablero irregular de campos de alfalfa y cereal, atravesados por hileras de melocotoneros, perales y manzanos.

Junto a este paraje, a poca distancia de un tozal, se encontraba la finca de Torre del Palau donde la Brigada Central de Estupefacientes de la Policía Nacional intervino la planta clandestina de procesamiento de metanfetamina.

Junto a este paraje, a poca distancia de un tozal, se encontraba la finca de Torre del Palau donde la Brigada Central de Estupefacientes de la Policía Nacional intervino la planta clandestina de procesamiento de metanfetamina. Ferran Barber

Almenar es una pequeña población de 3.357 habitantes situada en el extremo norte del Segrià, muy cerca ya de la comarca de la Noguera y de la raya aragonesa de la Llitera.

Su casco urbano ocupa, sin embargo, una porción mínima de un término municipal de 66,6 kilómetros cuadrados, extendido sobre una llanura agrícola de regadío salpicada de torres, granjas y viviendas aisladas.

Bassa Nova es precisamente uno de esos pequeños diseminados rurales a los que en la zona llaman "caserías".

La componen una abigarrada mezcla de explotaciones y casas separadas entre campos. Carece de un núcleo reconocible y tiene 24 habitantes empadronados.

Para llegar desde Almenar hasta la finca donde los narcos armaron la cocina hay que perderse durante media por una red de pistas de tierra.

Aspecto de los campos de la Bassa Nova, en el entorno de Torre del Palau: pistas de tierra encajonadas entre maizales, frutales y vegetación de regadío.

Aspecto de los campos de la Bassa Nova, en el entorno de Torre del Palau: pistas de tierra encajonadas entre maizales, frutales y vegetación de regadío. Ferran Barber

No es precisamente Madrid en hora punta, pero tampoco el escondite en el que sugirieron algunas crónicas.

Hay granjas, silos, tractores y agricultores que van y vienen por las pistas polvorientas a todas las horas del día.

Claro que las organizaciones mexicanas no siempre esconden sus laboratorios de conversión en lugares remotísimos.

La DEA y los fiscales federales norteamericanos los han encontrado en apartamentos, garajes, viviendas suburbanas, ranchos y almacenes corrientes, en ocasiones con vecinos o familias viviendo prácticamente encima.

En Canon, Georgia, una mujer les alquiló a los narcos un 'barndominium', una de esas construcciones norteamericanas que mezclan granero y vivienda.

Los cocineros procesaban la metanfetamina en la planta inferior mientras ella y sus cuatro hijos vivían arriba.

No es preciso decir que el parecido con el sistema de Almenar es absolutamente extraordinario.

No existe, por tanto, una regla según la cual la instalación deba quedar escondida en el último cobertizo del último bosque.

Lo que necesitan es discreción suficiente para descargar, trabajar el producto y volver a sacarlo, y un lugar donde determinados movimientos no resulten inmediatamente extravagantes.

Una granja puede cumplir esos requisitos aunque haya agricultores pasando cerca. Eso es justamente lo que convierte Torre del Palau en algo menos exótico de lo que puede pensarse en apariencia.

Durante décadas, la imagen norteamericana de la metanfetamina estaba asociada al estereotipo de la "basura blanca" y del "hillbilly" o paleto de los Apalaches y del Medio Oeste profundo.

Tipos que una generación antes habrían destilado moonshine (aguardiente de maíz) clandestino en un cobertizo acabaron aprendiendo a fabricar cristal ensótanos, caravanas mugrientas o graneros perdidos entre Kentucky, Tennessee y Missouri.

La metanfetamina pertenecía entonces a la misma imaginería cultural que los coches desguazados en el jardín, las gasolineras abandonadas y las casas móviles comidas por el óxido: una droga fabricada por pequeños cocineros locales con materiales comprados en farmacias y ferreterías, lejos de los enormes laboratorios industriales.

Salvando las distancias, todo ese paraje del Segrià se asemeja a una especie de versión agraria de los Ozarks norteamericanos.

No por las montañas, sino por la liturgia: pedregosos caminos de tierra; maizales altos cerrándose a ambos lados como paredes; polvo pegándose a los dientes; olor a gasoil viejo; caravanas vencidas sobre sus ejes desde la primera legislatura de Felipe González; viejas furgonetas que murieron exactamente donde dejaron de arrancar y allí siguen, transicionando lentamente de chatarra a antigualla.

A menudo, también, en torno a algunas torres, bidones sin etiqueta; somieres, neumáticos y electrodomésticos integrándose lentamente en el ecosistema; perros invisibles que empiezan a ladrarte 300 metros antes de que descubras dónde está la casa y, en alguna parte, un campesino en camiseta de tirantes y Crocs de imitación que no recuerda haber invitado a nadie.

Solo faltaba la metanfetamina y ya ha llegado. Los llamados one-pot labs de Virginia o de Missouri podían caber prácticamente en un cobertizo o un vehículo, lo que facilitaba la fabricación.

En 2004, las autoridades estadounidenses contabilizaron 23.700 incidentes vinculados a laboratorios clandestinos de metanfetamina.

Después ocurrió algo que cambió la geografía del negocio. Estados Unidos endureció el acceso a la pseudoefedrina y otros precursores con sucesivas restricciones culminadas en la Combat Methamphetamine Epidemic Act de 2005.

Uno de los arcones congeladores utilizados en la fase de enfriamiento: en su interior, varias cubetas contienen el líquido marrón del que comienzan a precipitar formaciones blanquecinas de metanfetamina cristalizada.

Uno de los arcones congeladores utilizados en la fase de enfriamiento: en su interior, varias cubetas contienen el líquido marrón del que comienzan a precipitar formaciones blanquecinas de metanfetamina cristalizada. Policía Nacional

Los medicamentos pasaron detrás del mostrador, se impusieron límites de compra, identificación y registros de ventas.

La fabricación doméstica comenzó a hundirse al mismo tiempo que las organizaciones mexicanas llenaban el vacío con una metanfetamina industrial mucho más barata y abundante.

La cocina norteamericana no desapareció del todo. Cambió de oficio. Ya no tiene necesariamente que fabricar metanfetamina. Puede limitarse a terminarla.

La DEA denomina a estas instalaciones conversion laboratorie o laboratorios de conversión, que no son otra cosa que lo que ha hallado en Almenar la UDYCO Central con la colaboración de sus colegas de Cataluña.