El cantante Litus, en Madrid.

El cantante Litus, en Madrid. Javier Carbajal

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La vida no contada de Litus, el cantante de Buenafuente que le 'hace la cobra' a Sálvame

EL ESPAÑOL entrevista a Litus, un artista multifacético al que le cambió la vida irse de gira a los 23 años con Joan Tena, de OT. Ahora, y casi 20 años después, ha alcanzado la popularidad con Buenafuente.

19 febrero, 2022 04:41

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Carlos Ruiz Bosch (Terrassa, 1980) pertenece a esa rara especie de artistas que fueron viejos cuando tocaba ser jóvenes y se volvieron jóvenes cuando la edad los señalaba mayores. Le pasó al cineasta François Truffaut, que debutó con la durísima Los 400 golpes y acabó con una comedia vitalista como Vivamente el domingo; u Orson Welles, cuya leyenda nace con una película que parece un testamento –Ciudadano Kane– pero que, sin embargo, se despidió entre juegos de niños y magia –F de Fraude–. Quizá por eso dicen que no le gusta a los jóvenes, aunque él no lo cree: "A los 25 me sentía más viejo que ahora".

Claro que, con 25 años, Carlos aún no era Litus, ni tenía ese bigote como si dos alas naciesen de su nariz, ni había hecho casi 1.000 programas en Late Motiv. Más bien, se pasaba las noches cantando sobre un taburete, con un cubata en la mano y poniéndose gordo. El vivir como un beatle, el teatro, la noche madrileña y Buenafuente llegarían después. Y eso le quita a uno años de encima. Ha bailado y saltado y cantado y mil maravillas más, y su cuerpo y mente se han puesto en forma: “A los 25 me sentía perdido, atrapado… entre los 30 y los 40 he hecho las paces conmigo mismo”.

La fama le llegó a mitad de todo, cuando Andreu Buenafuente decidió que quería a una banda que tocara en directo para su late night de Movistar. El reconocimiento ya había llegado antes, que es como suele funcionar esto del prestigio: a menudo, los premios no le convierten a uno en popular. Y ni falta que hace, ¿verdad, Litus?

EL ESPAÑOL se reúne con él las 12:30 de la mañana en la madrileña placita de las Provincias, frente al Ministerio de Asuntos Exteriores (“que, si no, los taxis se pierden”). A y 25 ya está allí, que Litus no madruga pero es puntual. Tiene el sitio elegido, una terracita inmejorable en el centro de la plaza donde todos le conocen y le gastan bromas de esas que son inaccesibles para quien no comparte sus códigos. Como Litus no madruga, la hora le pilla aún sin desayunar: va un pincho de tortilla. Y se hace un silencio nada incómodo. Ya llegarán las preguntas, ahora toca recrearse en la patata y el sol.

Litus entrevistado por EL ESPAÑOL

Litus entrevistado por EL ESPAÑOL Javier Carbajal

Nos recibe elegante: pantalón, camisa y chaleco, de negro todo como el Cholo Simeone, pero con la camisa al tercer botón y la cadenita al cuello, que sus raíces rumberas y canallas mandan. Su padre también amaba la música y había tocado con Los Mustang. De hecho, fue quien le enseñó los acordes. Pero es un mundo difícil y quizá por eso acabó trabajando en otras cosas (“le ha ido muy bien”), algo que no iba a pasarle a su hijo. Litus ha conseguido lo que le prometió a ese aprendiz de bohemio que cada vez se ponía más gordo en los pubs de Tossa de Mar: “Vivirás de la música”. Con ello, seguramente, ha tenido la vida que una alguna vez soñó su padre. Pero, ¿cuál es el secreto?

La mili del cantante

Carlos –o Litus, como prefieran– creció en una familia donde la música era como la leche o el aceite: bien de primera necesidad. Su hermano mayor Quimi, de hecho, muchas veces puso por delante los vinilos a cualquier otra cosa y se gastó infinidad de pagas en comprar cinco elepés a la semana. Así, construyó una discoteca en casa muy acorde con el espíritu familiar. “Las sobremesas de mis padres con sus amigos, el cava y los carajillos eran muy divertidas. Mi madre cantaba muy bien, mi padre sacaba la guitarra y empezaban con canciones de su época, desde los Beatles hasta el cancionero cubano”, recuerda Litus. No obstante, si hay un momento de aquellas veladas que le marcó especialmente fue cuando comenzaban con la rumba: “La energía de la noche cambiaba, todo el mundo empezaba a bailar y yo, como niño pequeño alucinando, dejaba de jugar con mis amigos y me quedaba embobado…”.

Tuvo la evolución natural en un niño que recién aprendía a tocar y asistía fascinado a las fiestas de sus padres. A los 14 años crea Mutis, una banda formada por “los freaks de cada instituto”. A falta de conservatorio (al que posteriormente fue un par de años), esa fue su escuela musical. Mutis tenía que ser lo más profesional posible en aquel momento, con canciones propias y ambición artística.

La cosa no fue mal y hasta sacaron un par de discos. En el año 98, durante las grabaciones del primero de ellos, Litus se enganchó definitivamente a la profesión. Por eso, cuando llegó ese momento crucial de los 18 años, o el más crucial aún de los 22, Mutis se rompió. Mientras el resto de componentes decidió trabajar de lo que había estudiado, Litus abandonó Filología Hispánica y escogió intentar vivir de la música: “Fue algo natural. Sigo en contacto con ellos y, de hecho, en Terrassa mucha gente nos pide un revival de los Mutis”.

- ¿Cuál es el primer paso para vivir de la música?

- Me mudé a Girona. Me iba a los cafés a escribir y me sentía como un artista bohemio. Visto desde fuera daría un poco de vergüenza ajena, pero era bonito vivir como un artista.

- ¿Y el dinero?

- Empecé a trabajar en un local de Tossa de Mar, un pub rumbero para guiris. Eran cuatro meses tocando cada día, con dos pases por noche. Fue mi primer sueldo y mi mili musical.

El cantante Litus, en Madrid

El cantante Litus, en Madrid Javier Carbajal

La Beatlemanía

El panorama musical ha cambiado mucho con respecto a principios de los 2000. “Todavía se vendían discos –recuerda Litus–, pero era complicado saber el feedback que tenían”. Argumentos hay para todos los bandos. Lo que no ha cambiado es que todo cantante de pop y rock, de antes o de ahora, ha soñado alguna vez con vivir como los Beatles en el Liverpool de los 60. Y eso a Litus le llegó con 23 años.

“Curiosamente, en el local de Tossa de Mar conocí a Joan Tena, que acababa de hacer un casting para entrar en Operación Triunfo 2…”. La suerte llegó porque antes fue a buscarla. Nada habría ocurrido de no haberse arriesgado a mudarse y dejar la carrera, pero lo hizo y un año después estaba de gira con Joan Tena: “Nos hicimos muy amigos y me invitó a la gira de su primer disco tras OT. Me vi de repente en una gira profesional y ahí cambió todo. De esa gira no he vuelto nunca más”.

Además, Litus la vivió desde donde se ven mejor los toros. Se guarda los detalles que nuestro instinto morboso más querría conocer –Litus es tímido y reservado–, pero deja una frase que regala los oídos a las expectativas e imprime la leyenda: “Fue lo más cerca que he estado de la beatlemanía; fue una época muy de beatle”. Ay, los Beatles…

Pero, como las estrellas del rock, también le tocó bajar a los infiernos. En 2010 lanza un par de discos en solitario: Si tiene que llover que nieve y Maleta de pedres. Al principio, la discográfica le informa de que está atravesando un bache… “y me encuentro dos años después de estar grabando con que la discográfica se va a tomar por culo y tengo que hacerme cargo de todos los gastos”. En la práctica, esto significó la ruina para Litus.

- ¿Mala suerte?

- Me vi en un buen marrón y me planteé dejarlo, pero me sirvió para dejarle de echarle la culpa al mundo y a la mala suerte. Fue como “mira, afronta todos los problemas que te vengan, y te arruinarás pero te recuperarás…”

- ¿Cómo?

- Volví a Tossa de Mar. Otra vez al principio, a una etapa que creía superada… Ahí me daban trabajo y hacía dobletes, tripletes… tocaba a diario para ahorrar y ahorrar y ahorrar… pero lo he ganado todo como músico.

- ¿Mereció la pena pasar por todo eso?

- Maleta de pedres funcionó muy bien en Cataluña y Si tiene que llover que nieve hizo que viniera a Madrid a plantar mi estandarte…

Litus

Litus Javier Carbajal

... Y apareció Andreu

Todos somos Paco Martínez Soria cuando llegamos a Madrid”, dice un Litus que llegó prácticamente solo pero que se ha enamorado de la capital: “Está llena de gente que viene a buscar su oportunidad y se crea una solidaridad entre artistas”. Tener aquí a su amigo el músico argentino Pepe Curioni también ayudó, desde luego.

En Madrid, cuentan, suceden cosas que uno no espera, como si la ciudad decidiera a veces por nosotros. Cosas que hacen que alguien como Litus acabe recurriendo a un topicazo para explicarlas (“por primera vez sentí que estaba en el lugar y en el momento adecuados”). Y tras patearse bares y meterse a hacer teatro, a Litus le llegó la oportunidad de su vida.

- ¿Cómo surge lo de Late Motiv?

- Estaba en una fiesta y un amigo, a lo lejos, me dice “oye, luego hablamos…”

Porque la suerte hay que buscarla, pero a menudo se encuentra en las fiestas. Quienes se adhieren a la narrativa del “se aprende sufriendo” no estarán de acuerdo con esto de que pasarlo bien trae mejores cosas que pasarlo mal.  

- ¿Qué quería?

- Pensé que sería para hablar de algún concierto. Entonces, eso que pasa en las fiestas que te vas moviendo entre la gente y, no me doy cuenta, que de repente estoy en la otra punta de la sala y me cruzo con aquel colega: “¿Te gustaría formar parte de la banda del nuevo programa de Andreu Buenafuente?”, me dice, y yo estaba en plan: “¿Cómo dices algo así? ¿qué tengo que hacer?”.

Al cabo de unos días lo llamó Ricky Falkner, ideólogo de la banda, y empezaron a ensayar. Después de cuatro días preparando un repertorio y conociéndose, Buenafuente fue a hacer el examen final. “Había mucha presión, vinieron con cámaras y Andreu iba diciendo 'tocad esta, tocad la otra'” Ya saben cuál fue el resultado: siete temporadas y casi 1.000 programas revolucionando la forma de hacer música en directo en televisión.

En estos años, la apariencia peculiar de Litus lo ha hecho reconocible en el imaginario popular español. “El bigote se creó en el primer musical que hice, La cena de los malditos. Yo estaba muy nervioso y propuse a la directora que el personaje tuviera ese bigote porque me daba seguridad: cuando no sabía qué hacer, ya tenía este movimiento que me protegía de la timidez”, explica Litus mientras hace un rulo con su dedo y las puntas del bigote.

En Late Motiv han vivido centenares de noches de gloria –más bien tardes, pues se grababa como falso directo–. También momentos difíciles, como cuando se enteraron de la muerte de Prince durante la publicidad y tuvieron que preparar una versión de Purple Rain en 10 segundos. Lo que tiene haber hecho la mili en pubs, supongo.

Litus

Litus Javier Carbajal

Sin embargo, Late Motiv emitió su último programa el 23 de diciembre de 2021. Los últimos meses fueron duros. Siempre cuesta despedirse de las etapas bonitas y esto fue una muerte dulce y lenta.

- ¿Cómo os enteráis?

- Lo sabíamos desde antes de verano. Empezamos la temporada sabiendo que era la última. Andreu reunió a todo el equipo, como siempre que había algo importante que comunicar. La reacción fue de tristeza, a todos nos apetecía seguir…

- ¿Por qué acabó?

- No voy a entrar en quién dijo qué o quién tomó la decisión. Me da igual. No quiero revolcarme en qué injusto que lo han cancelado… Si el programa se hubiera terminado en la segunda temporada sí habría sido una putada, pero siete o nueve temporadas qué más da… Me siento afortunado.

¿Y ahora qué?

En una de las últimas emisiones, Pablo Novoa (director de la banda) aprovechó para pedir públicamente trabajo: “El programa se acaba y queríamos ver si en otros programas…”. Para demostrarlo, Litus cantaba la sintonía de Sálvame. Lo cierto es que con esta banda nunca se sabía qué era mentira y qué no…

- ¿Cuánto de verdad había en aquello?

- (Ríe). Era cachondeo total.

- Entre broma y broma…

- Fina ironía… No, qué va. De hecho, Sálvame nos llamó y nos dijo que por qué no íbamos... pero estábamos cachondeo.

Y no parece que mienta. Por lo menos, trabajo no le falta a este cantante y compositor, actor y cómico: showman en el mejor sentido. Este año lo veremos por primera vez en dos películas: junto a Miguel Ángel Muñoz y Pablo Puyol en Dos vacas y una burra y “otra que se llama La noche de Adela que me gusta muchísimo, protagonizada por Laura Galán”.

Además, adelanta a EL ESPAÑOL –tras pensarse si contarlo, como quien duda de si estará metiendo la pata– que está preparando un musical con El Terrat, productora de Andreu Buenafuente, donde Joan Grau adapta textos suyos: “Es la historia de la rumba contada a través de mis recuerdos de niño y mis anécdotas en Tossa de Mar”. Pero lo más inmediato será la gira de su próximo disco, Chadanaca, que empezará en Vigo el 12 de marzo y acabará en Salamanca el 30 de abril. Entre medias Madrid, Valencia, Barcelona, Murcia… Y, como Litus no es persona de madrugar, pronto y sin darnos cuenta nos plantamos en la hora de la comida. Encarga un pepito de ternera para llevar, que toca seguir componiendo.

- ¿Qué te pareció lo de James Rhodes y el reguetón?

- Desconozco el reguetón, pero esa parte más frívola de la música siempre ha estado ahí. No vale la pena comparar el reguetón con Mozart. ¿Para qué? A mí también me gusta más Mozart, pero creo que va dirigido a otro tipo de público.

- ¿No es verdad lo de que todo tiempo pasado fue mejor?

- Cualquier tiempo pasado fue antes, eras más joven. El mundo era distinto, no era global. No podemos comparar el Carglass cambia con Quién me ha robado el mes de abril. En épocas pasadas también había horteradas, siempre ha habido música mal…

- ¿No puede haber reguetón bueno?

- Claro que puede haberlo. Yo hice una gira con Arkano y me fascinó el hip hop y el trap, hizo desaparecer esa parte mía de abuelo. Tienen letras mucho más modernas y abiertas que el rock & roll, que si lo revisas está lleno de machismo.

No veremos a Litus haciendo reguetón, desde luego. Tampoco lo veremos en Eurovisión (“está guay que sirva de altavoz a gente como Tanxugueiras o Rigoberta Bandini, pero no me interesa nada”). Él seguirá a lo suyo. Carlos Ruiz Bosch se ha encontrado y sabe cuál es su voz. Un tipo tímido y romántico escondido tras un bigote de Dalí que me da una última recomendación:

- Yo bebo sin tocar y voy fatal, pero beber mientras tocas es otra historia. La adrenalina es el quid de la cuestión, es mucho más potente que cualquier droga. Ponte a escribir con un cubata algún día…