María Gil sobre una captura de pantalla de los vídeos que tomó a los menores implicados en la muerte de sus gatos.

María Gil sobre una captura de pantalla de los vídeos que tomó a los menores implicados en la muerte de sus gatos. A. L.

Reportajes Seprona

María, la pediatra que ama a los gatos: así cazó a la banda de menores que mató a 6 de los 30 que tiene

Puso dos cámaras de fototrampeo en su finca. Grabó a cuatro adolescentes armados con carabinas. La Fiscalía les investiga por maltrato animal. 

30 abril, 2021 02:56

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“Cuando vi las imágenes de las cámaras se me vino el mundo encima. Hasta ese momento había pensado que eran búhos reales los que estaban matando y llevándose a mis gatos. Pero qué va. ¡Eran animales, aunque de otro tipo!”.

María Gil está apenada desde hace meses. El verano pasado compró una finca de 2.500 metros cuadrados a las afueras de Almogía (Málaga) y hasta allí trasladó su colonia de 30 gatos callejeros que se había criado en la barriada del Camino de los Almendrales, en Málaga capital, donde ella reside.

María invirtió 12.000 euros en cercar la parcela con una valla antiescape de dos metros de altura coronada por un tramo horizontal de 40 centímetros. También compró gateras para todos ellos. Los felinos iban a estar en libertad en mitad de la naturaleza. La mujer pudo llevarlos hasta allí con la autorización del Ayuntamiento de Málaga, que costeó la castración de los animales.

Pero el pasado 17 de febrero descubrió algo que le llevaba martirizando desde diciembre del año pasado, cuando empezaron a desaparecer algunos ejemplares y otros, directamente, los encontraba muertos cuando acudía a darles de comer. De los 30 gatos, cinco se habían esfumado sin dejar rastro y seis habían aparecido sin vida.

La mujer, que trabaja como pediatra en un ambulatorio malagueño, se desplazó una mañana a su finca. Vio que una de sus gatas estaba herida y con hilos de sangre en distintas partes del pelo que recubría su cuerpo. 

María grabó con cámaras de fototrampeo a la banda de menores que mataron a sus gatos

María la llevó al veterinario y pidió que se le hiciera una radiografía. El animal estaba lleno de perdigonazos. La mujer, de inmediato, llamó a una amiga para que visionara el contenido de las grabaciones de las dos cámaras de fototrampeo que había comprado por 35 euros cada una y que había instalado en la parcela para saber qué estaba ocurriendo realmente cuando ella no estaba allí.

“Mi sorpresa fue al ver a esos chicos armados con carabinas y no los aleteos de un ave, como me esperaba”, cuenta a EL ESPAÑOL la mañana de este jueves. “Entonces comprendí lo que estaba pasando. ¡Habían sido esos salvajes!”.

María Gil instaló su colonia de 30 gatos el pasado verano en una finca de Almogía (Málaga).

María Gil instaló su colonia de 30 gatos el pasado verano en una finca de Almogía (Málaga). A. L.

Maltrato animal

María denunció los hechos ante la Guardia Civil. El Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) abrió una investigación. Tras ver las imágenes, a finales del pasado febrero los agentes identificaron a dos de los cuatro chicos que aparecen en los vídeos. Eran menores. 

Semanas después encontraron a los otros dos. Tampoco habían cumplido la mayoría de edad. Todos tenían entre 15 y 17 años. Los agentes del Seprona también dieron con las carabinas que habrían usado los presuntos autores de la muerte de los gatos de María. Eran propiedad de sus familiares.

Los investigadores dieron traslado de los hechos a la Fiscalía de Menores de Málaga. Los cuatro adolescentes son investigados por un delito de maltrato animal, según adelantó el diario SUR de Málaga.

Radiografía de uno de los gatos de María Gil. En ella se observan algunos de los perdigones disparados.

Radiografía de uno de los gatos de María Gil. En ella se observan algunos de los perdigones disparados. A. L.

Enterrados

María tiene 58 años. Cuenta que sus gatos son parte de su familia. Por teléfono, recuerda uno a uno los nombres de los seis felinos de los que tiene certeza que fueron abatidos a perdigonazos. Carey, Brownie, Valí, Amatore, Hamisch y Snelly. Los restos de los seis están enterrados en su finca. 

El sufrimiento de esta médico con sus gatos empezó el 8 de diciembre de 2020. Ese día desapareció uno, Cicciotello. Ella y su marido revisaron la valla por si había alguna zona agujereada. Pero nada. Estaba en perfecto estado. El felino no volvió a aparecer.

Semanas después, María empezó a notar temerosos y esquivos a sus gatos. Cuando los visitaba, se escondían en sus gateras. “Me extrañó mucho porque nunca se habían comportado así”, cuenta la mujer. "Yo los conozco bien". 

El 3 de febrero encontró a un gato muerto sobre una manta que le tenía puesta en su gatera. Era Amatore. Pensó que había sido una muerte natural. Dos días más tarde desaparecieron otros dos ejemplares. En Almogía le dijeron que habrían sido los búhos reales que hay por la zona. Ella quiso comprobar si era así.

Instaló dos cámaras de fototrampeo en árboles de su finca. Los aparatos se mimetizan con el entorno y sólo se activan con el movimiento. En vez de captar a algún tipo de ave llevándose consigo a los gatos, María descubrió a cuatro chicos paseándose por dentro de su finca. Iban armados con carabinas de aire comprimido.

Este gato recibió un perdigonazo en su ojo izquierdo.

Este gato recibió un perdigonazo en su ojo izquierdo. A. L.

"Una masacre"

Aquella noche, dice María, los adolescentes cometieron una “masacre”. A la mañana siguiente se encontró un "panorama horrible". “Había animales muertos, heridos, desaparecidos... Me encontré a una gatita moribunda dentro de una casita”. Fue a la que llevó al veterinario. Iba comida a perdigones. 

De los 30 gatos que tenía María, le quedan 19. De esos, siete resultaron heridos por el presunto ataque de los cuatro jóvenes identificados. Alguno de los felinos todavía recibe medicación de manos de su ama. La mujer ha seguido gastando dinero para protegerlos. Ahora ha pagado 1.300 euros en un sistema de videovigilancia instalado en todo el recinto.

Pero los problemas de María no han acabado. Según cuenta, hace unos días el padre de uno de los chicos investigados la amenazó tras cortarle el paso con el coche de camino a su finca. "Parece que soy la peste negra que ha traído la maldición al pueblo. Pero sus hijos son los desalmados que han hecho eso a unos animales. No yo", zanja la mujer.

Dos de los seis gatos muertos que María Gil encontró en su finca.

Dos de los seis gatos muertos que María Gil encontró en su finca. A. L.