Lionel Messi.

Lionel Messi. EFE

LA TRIBUNA

Messi, un mito del nacionalismo en entredicho

El autor analiza el caso Messi y su impacto en un nacionalismo al que no le ha importado que su ídolo no haya pronunciado una sola palabra en catalán en años.

9 febrero, 2021 01:08

Dejándose querer, pero sin decir que sí, el futbolista argentino se convirtió en el soldado más relevante de las tropas del nacionalismo catalán, siempre en busca de héroes victoriosos, de sidis invencibles.

No importa que no sean fruto de su tierra ni presuman de su lengua. Lo que importa es el encantamiento del feligrés. Al fin y al cabo, el ejército no armado de Cataluña (una expresión de Manuel Vázquez Montalbán) fue fundado por un suizo, Hans-Max Gamper Haessig.

De igual forma, la facción independentista, monocorde y rural por tradición, se lanzó con vigor convencido a las calles urbanas cuando el Barça de Josep Guardiola y sus chicos alumbraron un equipo legendario en todas las acepciones del término. 

Al hilo de la explosión azulgrana, las fuerzas nacionalistas se envalentonaron y hasta terminaron por convencer del derecho a decidir a Miquel Iceta, quizás atrapado por la inhalación de los aromas de tantas ceremonias mágicas.

Xavi, Piqué y Messi, dos paisanos parlantes y un argentino silente, respaldaban las soflamas de Joan Laporta, y las pancartas y el griterío del graderío que tenían lugar una jornada tras otra en el Camp Nou, el campo de batalla de las huestes catalanas.

Sin quererlo, pero amasando, el astro argentino se convirtió en un mito del catalanismo sin pronunciar una palabra en catalán. Una contradicción entre miles de una doctrina tan irracional como muchas, construida sobre medias verdades y mentiras directas que se encarcelan en el cerebro reptiliano hasta quedar atrapadas en el sentimentalismo personal y colectivo.

No hace falta ni hablar catalán para ser utilizado por quienes fantasean con mitos y leyendas

Así estamos fabricados. Nuestra neuroanatomía impide (lo expliqué en el artículo Por qué su mente le polariza y usted no se percata) que se trasladen a las áreas más evolucionadas del cerebro, las que razonan por encima de cualquier circunstancia.

De forma que no hace falta ni hablar catalán, y ni siquiera aplaudir cuando todos aplauden, para ser utilizado por quienes fantasean con mitos y leyendas. Mientras sirvan, se respetan. Y, si no, se silban, como hicieron con un Johan Cruyff ya inútil por no utilizar la lengua obligada, o con Joan Manuel Serrat por usarla cuando le da la real gana.

Por cierto, que la comparación entre la trémula economía del Barça y la sólida y elástica del Real Madrid son el espejo de las propias de sendas comunidades, la catalana que languidece y la madrileña que es el sostén de la española, para pesar de podemitas y antiayusos.

Los números de unos tienden al grana y los de otros al blanco, fruto de unas estructuras que se han modernizado o se han quedado ancladas en la memoria de tiempos mitológicos. El arcaísmo es muy atractivo, pero traidor como la realidad misma.

El mito se resquebraja, pues su pureza se enturbia con los tratos, que siempre han concordado mal con las cuestiones idolátricas

El momento culé es tan atormentado que ha concluido con la filtración de papeles (todavía de moda, los papeles) del contrato del Messi que incluyen cantidades jugosas, negociadas y aceptadas, pero con cláusulas que ponen un precio inédito y sustancioso a su amor por los colores.

En caso de que decida cambiar a otros (quizá buenos) aires, a pesar de un barcelonismo del que nadie duda, el ídolo recibirá 66.249.462 millones de euros. Una manifestación de cariño y pecunio sorprendente por nunca vista.

El mito se resquebraja, pues su pureza se enturbia con los tratos, que siempre han concordado mal con las cuestiones idolátricas, tan cuajadas de poesía. O vaya usted a saber, porque ya que ha sido adorado hasta la extenuación y el ridículo, y ha salido impoluto de actuaciones desastrosas, quizá se considere este contrato como otro rasgo propio del país.

Al fin y al cabo, la pela es la pela.

*** José Luis Llorente es abogado, expresidente del sindicato de jugadores ABP y exjugador del Real Madrid de baloncesto.

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