Pedro Sánchez parece decidido a consagrarse como uno de los principales focos de inestabilidad para la Unión Europea.

El presidente del Gobierno sigue causando profundos quebraderos de cabeza en Bruselas tanto por su política exterior como por su política interna.

Como informa hoy EL ESPAÑOL, el creciente acercamiento de Sánchez a China está produciendo un notable desconcierto entre sus socios comunitarios.

Mientras la Comisión Europea redobla sus esfuerzos por consolidar una doctrina de "reducción de riesgos" frente al gigante asiático, el líder español ha decidido otorgar a Pekín un nuevo estatus de "diálogo estratégico".

Este movimiento es especialmente polémico porque supone devolverle a China un nivel de interlocución privilegiada que la propia UE suspendió cuando pasó a considerar a Pekín un "rival sistémico".

Tras sellar casi una veintena de pactos con el régimen de Xi Jinping, Sánchez va a convertir de facto a España en una plataforma de intereses chinos en el corazón de Europa.

Esta política corre el riesgo de desmarcarse definitivamente de la política comercial y diplomática del bloque comunitario, debilitando la posición negociadora de la Unión en sectores críticos como la tecnología y la energía.

Pero Sánchez no sólo está facilitando la entrada de los intereses de China en Europa. También está forzando la entrada administrativa de miles de inmigrantes a través de una regularización extraordinaria que ya muestra sus primeras grietas.

El caos vivido esta semana en los consulados marroquíes en España, con colas kilométricas para obtener certificados de penales, es sólo el preámbulo del colapso logístico al que parece conducir este proceso masivo que afectará, según algunas estimaciones, a un millón y medio de personas.

Durante el foro Wake Up, Spain! de EL ESPAÑOL, el comisario de Interior de la UE se ha pronunciado indirectamente sobre los riesgos aparejados a esta medida:

"Lo que ocurre en una capital, en un puerto o en un puesto fronterizo, en España por ejemplo, acaba repercutiendo en todo el espacio Schengen. Sin una gestión eficaz de las llegadas irregulares, la confianza se erosiona, las fronteras internas corren el riesgo de restablecerse y todo el sistema Schengen se pone en peligro".

Bruselas teme el efecto mariposa que pueda provocar la regularización de Sánchez, ante la posibilidad de que los regularizados en España se desplacen masivamente hacia otros países.

La advertencia es clara: si la seguridad compartida se ve comprometida, algunos Estados podrían llegar a cerrar sus fronteras a partir de julio para proteger su propia integridad territorial.

La maniobra de Sánchez, lanzada apenas tres meses antes de que se implemente plenamente el nuevo Pacto de Migración y Asilo en la UE, encierra un evidente ardid temporal.

Bajo el nuevo marco regulatorio, esta regularización tendría un encaje casi imposible, ya que el sistema europeo priorizará a partir de ahora los retornos rápidos y el control biométrico estricto de quienes no tienen derecho a asilo.

Al otorgar los papeles ahora, Sánchez pretende burlar los mecanismos de control que la UE ha tardado años en diseñar.

Lo irónico de esta situación es que dicho Pacto de Migración se aprobó precisamente bajo la presidencia española del Consejo de la UE a finales de 2023.

Resulta difícil de explicar a los socios europeos por qué el mismo presidente que se apuntó entonces como un éxito histórico un modelo de fronteras fuertes está ahora intentando esquivarlo.

Sánchez sabe de sobra que esta política migratoria descontrolada sirve para azuzar la polarización dentro de España, pero también está sirviendo para levantar muros fuera de nuestras fronteras.

Hace poco trascendió que Ursula von der Leyen confesaba en privado que sus dos grandes problemas en el Consejo Europeo eran Viktor Orbán y Pedro Sánchez.

Tras la eliminación política del primero, cabe decir que la UE se ha librado del problema de Orbán, pero sigue teniendo que lidiar con el que representa Sánchez, quien también parece dado a comportarse como un caballo de Troya de intereses ajenos a la estrategia común y a amenazar la cohesión del bloque.