La familia Caño, en un momento del vídeo.
Dejad que la familia Caño camele
"Empatía" y "diversidad" sólo para aquellos que sean iguales al entorno de uno mismo.
Sospecho que es una sensación generalizada entre aquellos que, por edad, han convivido desde la cuna con lo audiovisual. Imaginar aquellos episodios que se salen un poco de nuestra cotidianeidad estricta como si estuvieran siendo observados por terceros a través de una pantalla.
Protagonizamos un incidente con alguien (pongamos una persona trabajando cara al público) y enseguida visualizamos en la cabeza a esos espectadores imaginarios arremetiendo contra nuestra conducta. "¡Menudo pringao! Mira que no hacer valer sus derechos. ¡Se lo van a comer en cualquier situación!".
Parte del éxito de El show de Truman (Peter Weir, 1998) estuvo en saber explotar esa percepción.
Esto puede producirse con hechos que ya en el momento de vivirlos nos generan cierto sonrojo, pero también en otros en los que realmente estamos disfrutando aunque nos temamos que serían ridículos vistos por otros en la distancia.
Cantar a voz en grito una canción mientras suena en la radio del coche, por ejemplo.
El teléfono móvil ha conseguido convertir esta pesadilla en realidad. Por pequeño que sea el grupo en el que uno se encuentre, habrá alguien que saque su teléfono y se ponga a grabar. Los vídeos resultantes rara vez se van a mover fuera del entorno de aquellos que aparecen en ellos.
Pero existe la posibilidad de la viralización accidental.
Es lo que le ha sucedido a la familia Caño.
Ojalá fuera ia pic.twitter.com/6ZDgHr16nm
— locy (@LoCyber) September 7, 2026
Hace algunas semanas se filmaron en el porche de su casa de Huesca cantando Dama y vagabundo, una canción de 2015 que hasta ahora había pasado más bien desapercibida. Luego hemos sabido que son personas en la órbita del Opus Dei. Su apariencia afianza esa idea. Todo transmite unas vibras muy de coro de misa.
También supimos que varios de los hermanos se dedican a cantar. Esto explica que el momento en que uno de ellos se lanza con lo que se ha calificado como "berrido" tenga una afinación perfecta.
Por algún misterio, el vídeo, colgado en X por una cuenta de tantas, ha adquirido una repercusión estratosférica.
Todo recuerda a la idea expuesta al principio. Impera la sensación de que un momento más bien privado ha saltado a la esfera pública.
De modo que la turba se ha lanzado a comentar cada aspecto nimio de los apenas cuarenta segundos que dura la pieza. La crueldad de las apostillas es la acostumbrada en la opinión embozada que puede decir cualquier cosa a coste cero. En eso están derivando las redes sociales en general y X en particular.
No es ya la crítica lógica de aquello que voluntariamente se expone ante el público. Es la fiscalización descarnada de los modos de vida particulares de los otros.
No todos son anónimos. Gerard Piqué compartió la pieza apostillando que ese "contenido tendría que ser de pago". Curioso país este en el que los investigados judicialmente por corrupción en los negocios se mofan de los particulares sin citas conocidas con la Justicia.
Este contenido tendría que ser de pago. https://t.co/6BGMZ2V6Yf
— Gerard Piqué (@3gerardpique) September 14, 2026
Ha sido la prueba enésima de que la última década larga ha sido algo muy cercano a una farsa. "Empatía" sólo para aquellos que están en la onda propia y una "diversidad" en la que, a ser posible, todo el mundo sea igual al entorno de uno mismo.
No es ya el argumento manido de que no hagan daño a nadie. Es que en ningún momento te están diciendo que tú tengas que ser igual que ellos.
Conviene acordarse de uno de los grandes pensadores españoles de la segunda mitad del siglo XX, José Luis Cantero, conocido como El Fary en su faceta como cantante. En el mucho menos edificante contexto de unos jóvenes consumiendo "mandanga" defendió que los "chavalotes (…) caminen como ellos camelen (…) pues déjalos".
Esa y no otra debería ser la manera de ir por el mundo. Aunque sea el digital.
A veces se nos olvida.