Andrew Harper, director médico de Huntsville Reproductive Medicine, observa mientras Lynn Curry, enfermera practicante, abre un termo de criopreservación para fecundación in vitro en Madison, Alabama, el 4 de marzo de 2024.
Jabois pide que congeles tus óvulos para que puedan explotarte a fondo
Las mujeres pueden hacer cualquier cosa, menos tener hijos cuando quieren tenerlos.
Alexandria Ocasio-Cortez mira a cámara, se levanta la camiseta y se da un pinchazo. Se está medicando porque va a congelar óvulos y para congelar óvulos primero hay que producirlos a mansalva con un chute de hormonas.
Y ella va a contar todo el proceso en directo.
Como dice Jennifer Lahl, activista contra la industria de la fertilidad y la persona que mejor ha contado sus abusos, se acepta que las mujeres se metan en el cuerpo las sustancias que luego no toleramos comer en el pollo. Quieren a las gallinas más libres que a las mujeres.
Ocasio-Cortez dice que toma esta decisión para tener más control sobre su vida.
Definimos "control" como modificar tus hormonas, seguir las instrucciones de una compañía que gana dinero con tu cuerpo y con tu miedo, intentar aplazar las consecuencias de tu reloj biológico, cruzar los dedos y esperar el mejor resultado posible.
A petición de Alexia Putellas, la Real Federación Española de Fútbol está ultimando un acuerdo con una clínica para facilitar la congelación de óvulos a las jugadoras de la selección, esas mujeres que están sacrificando la posibilidad de ser madres en sus años de mayor fertilidad para poder rendir mejor con su cuerpo.
Rep. Alexandria Ocasio-Cortez has announced she is freezing her eggs and has posted a video of her injecting herself with medication.
— Collin Rugg (@CollinRugg) August 9, 2026
“This is just not something that men deal with,” she said before injecting herself.
“Men run for office, or frankly, they interview for jobs and… pic.twitter.com/egPTPxBx5D
No comprendo cómo es posible que se pida igualdad salarial para las futbolistas, pero se acepte como inevitable que sus carreras les exijan renunciar temporalmente a la maternidad (o medicalizarla).
La misma exigencia sobre el cuerpo pesa sobre una supermodelo. O sobre una actriz. Y ni te cuento ya la mujer que recoge la fresa. También ella tiene un trabajo físico, un cuerpo que envejece, una fertilidad que disminuye y unos años en los que tener hijos es biológicamente más sencillo.
En realidad, lo mismo sufre toda mujer que quiere tener hijos y sabe que los mejores años para asentarse y desarrollar una carrera son los mejores años para tener hijos.
Y, aunque, la tecnología de la industria de la fertilidad quiere que creamos que la biología es un constructo que sus técnicas pueden dinamitar, lo cierto es que con la reproducción asistida la mujer sale perdiendo en todos los frentes.
La solución es gestar y dar a luz fuera de la edad ideal para ti y para tus hijos porque es más importante que trabajes y seas productiva durante la edad ideal para tu empresa.
En uno de sus videos, grabado antes de una aparición en televisión, Ocasio-Cortez ha asegurado que no dejaría de trabajar mientras recibía el tratamiento para poder congelar óvulos, y que quería mostrar esa realidad: "Y como las mujeres podemos hacer cualquier cosa, me parece brutal que vaya a estar poniéndome las inyecciones yo misma en el backstage mientras me maquillan".
Claro, la viva imagen de la mujer empoderada. Podemos hacer cualquier cosa menos tener hijos cuando queremos tenerlos.
Cualquier cosa menos vivir acorde a los ritmos que marca nuestro cuerpo y no en su contra.
En su momento, los anticonceptivos nacieron para que las mujeres pudieran alterar su cuerpo para que estuviera disponible 24/7 para el deseo sexual de un tío.
Ahora llega la congelación de óvulos para poder tenerlo disponible 24/7 para el trabajo (confiando en que dentro de unos años se podrá recuperar el tiempo perdido).
Explica Jennifer Lahl que la industria de la fertilidad oculta que las posibilidades de éxito son muy bajas, que los niños nacidos por reproducción asistida tienen mayor riesgo de sufrir complicaciones médicas, que un óvulo congelado no elimina el riesgo que supone un primer embarazo a una edad avanzada y que es mejor para un niño tener padres jóvenes que padres directivos.
Y también que las familias que creen que el coste de sacrificar una etapa profesional es muy alto no son informadas con la misma intensidad de que luego sacrificarán mucho dinero, tiempo y esperanzas en un proceso que consume y que no da garantía de resultados.
Y aun así, ha dicho Manuel Jabois que la congelación de óvulos es una solución estupenda para todas las mujeres.
Quizá ignora Jabois, como ignoran todos aquellos que ven en la industria de la reproducción asistida la solución a los problemas de fertilidad, que, en realidad, la mayoría de las mujeres no lamenta haber tenido los hijos pronto, sino todo lo contrario.
También ignoran que en España existe una enorme brecha entre el número de hijos que a las mujeres les gustaría tener y los que tienen en realidad.
Resulta que retrasar la maternidad, que es lo que se promueve con la congelación de óvulos, no sólo no resuelve estos problemas, sino que los agrava.
Así que puestos a hablar de dar solución a lo que desean las mujeres, ¿por qué no tener en cuenta todos los deseos?
Otra cosa que ha reivindicado Alexandria Ocasio-Cortez es que a las mujeres "no nos enseñan nada sobre nuestros cuerpos, no nos preparan para nuestras propias vidas".
Amén. Y no será por falta de información, de la que hay más que nunca. Sino porque vivimos en la era que más ha declarado la guerra sobre el cuerpo de la mujer y que más ha luchado por desconectarla de su realidad biológica, gracias a la tecnología.
¿Los cambios que produce la pubertad en tu cuerpo te asustan? Quizá seas del sexo opuesto.
¿Quieres huir de la precariedad? Empodérate en OnlyFans.
¿Deseas tener hijos? Puedes hacerlo igual de bien o incluso mejor dentro de quince años.
Hay una respuesta tecnológica para cada límite del cuerpo femenino. Y casi siempre viene acompañada de una factura.
Qué curioso que todas estas "elecciones libres" coincidan siempre con los intereses de alguna industria.
Introducción del esperma en el óvulo en una fecundación in vitro.
La mujer es libre de hacer lo que quiera, faltaría más. Pero conviene preguntarse por qué, en nombre de su libertad, acaba siendo siempre ella la que tiene que medicalizarse, transformarse o adaptarse.
Congelar óvulos no es un acto sin consecuencias. La vida humana acaba convertida en una cuestión de logística: cuántos óvulos tengo, cuántos embriones obtengo, cuántos transfiero, cuántos quedan.
La vida humana acaba en tu segundo cajón del congelador, y ya la irás usando bajo demanda.
Y si cuando quieres descongelar el óvulo eres demasiado mayor para un embarazo sin los riesgos asociados a una maternidad tardía, ¿por qué no usar entonces un vientre de alquiler?
¿O por qué no seguir investigando la posibilidad de implantar un útero de una mujer de veinte años en una mujer de cincuenta?
O mejor todavía, creemos de una vez el maldito vientre artificial y liberemos de una vez por todas a la mujer de la cadena de la maternidad.
Porque quizá ese sea el verdadero horizonte del progreso: que el cuerpo femenino deje de ser un límite, y que ninguna mujer tenga que parar nunca. Ni para menstruar. Ni para quedarse embarazada. Ni para parir. Ni para cuidar. Ni para ser madre.
La mujer perfecta será la que pueda hacer exactamente lo mismo que un hombre sin que su cuerpo le recuerde jamás que es una mujer.
Y entonces sí podremos celebrar que hemos conquistado la igualdad.
Eso sí, a costa de haber declarado incompatible con ella todo aquello que merecía ser protegido.