Michael Fassbender en la presentación de 'Alien: Covenant' en Madrid.

Michael Fassbender en la presentación de 'Alien: Covenant' en Madrid. EFE

Columnas SIN SOLTAR AMARRAS

Tengo derecho a una noche tórrida con Michael Fassbender

Lo del derecho es un cajón de sastre donde cabe todo. La casa de lujo, el ropero atiborrado de trajes de alta costura, comer hasta hartarse sin engordar o una tórrida aventura con Michael Fassbender.

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Hace muchos años, un conocido se negó a alquilar su casa a una conocida tras saber que tenía deudas de todo pelaje. Tras reconocer la situación, la aspirante a inquiokupa le dijo que sí, que era una morosa con todas las letras, pero que "tenía derecho" a vivir en una casa bonita.

Lo de tener derecho es tremendamente elástico. Yo tengo derecho a muchas cosas, pero debo renunciar a ejercerlo por diferentes razones.

Tengo, por ejemplo, todo el derecho del mundo a poseer un ático frente a la Puerta de Alcalá, un coche con chófer y un barco para pasearme por el Mediterráneo.

Derecho, todo. Pero ni barco, ni ático, ni Mercedes Clase A con chófer uniformado.

Lo del derecho es un cajón de sastre donde cabe todo. La casa de lujo, el ropero atiborrado de trajes de alta costura, comer hasta hartarse sin engordar o una tórrida aventura con Michael Fassbender.

Todo hijo de vecino tiene derecho a ser propietario de una colección de relojes, a salir en una película dirigida por Spielberg, a colgar en su salón un cuadro de Monet, a escalar el Aconcagua, a bucear entre delfines, a ver puestas de sol en playas paradisíacas, a marcar el gol de la victoria en la final de un mundial de fútbol y a ganar Roland Garros, Wimbledon y el Máster de Augusta, a poder ser todo en el mismo año.

Félix Bolaños, junto a la vicepresidenta tercera Sara Aagesen, en el Congreso.

Félix Bolaños, junto a la vicepresidenta tercera Sara Aagesen, en el Congreso. Europa Press

En este mundo nuestro hay derecho a casi todo.

Otra cosa es que vaya a ocurrir, o que el sentido común te permita soñar con cosas que son perfectamente legales, porque a eso se refiere la expresión "tener derecho".

Yo, por ejemplo, tengo derecho a sacar la lengua a una señora que me cae muy mal, o a meterme el dedo en la nariz mientras voy en el ascensor con seis personas, pero me frenan las mínimas nociones de urbanidad.

Gracias a haber aprendido a manejar lo de tener derecho, la sociedad no es una jungla y nosotros no somos unos amargados por saber que el derecho a los coches deportivos, las casas de ensueño o las vacaciones caras se va a quedar en puro desiderata.

Ayer, y tras la rajada de Bolaños contra el juez Peinado, escuché a un comentarista de la actualidad asegurar que Bolaños también tiene derecho a decir lo que piensa.

Sí, claro. Y a sonarse los mocos con una servilleta, a hurgarse los dientes con un palillo en mitad del Consejo de Ministros o a ir al Congreso en bermudas y chanclas, que igual con los calores le apetece mucho.

Esta sociedad prosperará cuando alguien se tome el trabajo de explicarnos a todos los límites estrictos de la idea de "tener derecho".