Este viernes Sánchez nos ha deleitado con su momento "I am not a crook" —"Yo no soy un delincuente"— con en el que Nixon trató de romper a finales de 1973 el cerco de los indicios que le vinculaban a Watergate.

Entonces como ahora el "One" no sólo se desmentía el conocimiento de los actos delictivos de sus 'fontaneros'. Entonces como ahora había también una autoafirmación moral que requería de un acto de fe.

Sánchez la verbalizó, tras desmarcarse de "las andanzas de Leire Díez", con un rotundo: "Nunca las hubiera tolerado".

¿Ah, no?

De momento, Sánchez ha tenido mala suerte con las siglas. Cuando Leire escribió en su agenda en febrero de 2025 "Reunión con PS" seguro que tenía en su retina el documento que había llevado a Ferraz diez meses antes identificando a Pedro Sánchez de la misma manera.

Porque no era un documento cualquiera.

Es una lástima que esa "Nota interna" titulada "Riesgos PS", elaborada como "información confidencial" por el policía José Villarejo el 9 de noviembre de 2014, no haya salido íntegramente a la luz hasta ahora.

Es una lástima que no trascendiera públicamente cuando se elaboró hace doce años con la pretensión de informar a "PG y VPG". Es decir, al presidente del Gobierno Mariano Rajoy y a la vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría. (Ni siquiera sabemos si les llegó o no).

Es una lástima que tampoco trascendiera su existencia y contenido en 2017. cuando, según Leire Díez, los entonces adversarios de Sánchez en las primarias, "Oscar López y Antonio Hernando fueron a investigar cosas de las saunas".

Y es una lástima que ni siquiera tras la reunión del 25 de abril de 2024, en la que se escuchó en Ferraz el audio basado en tal informe, se difundieran completos ni el documento sonoro ni sobre todo el escrito que lo sustentaba.

O la democracia acaba con 'PS' o 'PS' acabará con la democracia

O la democracia acaba con 'PS' o 'PS' acabará con la democracia Javier Muñoz.

Tal y como consta en el sumario del juez Pedraz sobre las cloacas socialistas, lo que Santos Cerdán y su "organización criminal" hicieron fue filtrar a medios gubernamentales sólo una parte del contenido para poder presentar a Sánchez como víctima de una vigilancia policial ilícita.

El juez García-Castellón archivó entonces la denuncia del PSOE por espionaje ilegal, al no haber quedado acreditado que se tratara de "una investigación policial ordenada por Interior". Pero eso no descarta que pudieran cometerse delitos durante esas averiguaciones.

De hecho, cualquier nueva revelación o simple pista a ese respecto debería ser investigada concienzudamente. Que nunca pueda decirse que se da por amortizado ningún episodio de presunta utilización ilícita de medios policiales con fines políticos.

Pero cuando me lamento de que los españoles hayamos tardado todo este tiempo en conocer lo que ahí se cuenta, no es por su hipotética trascendencia penal —tanto en lo referente a lo que hizo Villarejo como a lo que ocurría en las pútridas saunas del suegro de Sánchez— sino por su determinante aportación informativa.

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¿Hubieran elegido los militantes socialistas secretario general por dos veces a Pedro Sánchez de haber sabido que se había lucrado familiarmente con negocios basados en la prostitución, la explotación de menores y el tráfico de drogas mientras decía combatir esas lacras como concejal del partido en el ayuntamiento de Madrid?

¿Se habría atrevido el PSOE a presentarle cinco veces como candidato a la Moncloa, le habrían votado los españoles, le habrían respaldado sus socios en la moción de censura y en sus sucesivas investiduras?

No son preguntas retóricas basadas en meras sospechas. La prostitución, los menores y las drogas en las saunas de Sabiniano son elementos corroborados ya por testigos presenciales. Los delitos estarán prescritos, el estigma para quienes se aprovecharon de ellos no.

Ahí está la larga entrevista en la que el comercial Paco de Narváez describió a Jorge Calabrés hace sólo nueve meses todos esos detalles, además del papel directo de Begoña Gómez como contable y pagadora en metálico a los proveedores del negocio.

Si el escándalo —pocas veces tiene tanto sentido este concepto-—hubiera estallado doce años antes, habría sido mucho más sencillo reunir testimonios análogos. Incluidos los de las víctimas más jóvenes y desprotegidas de la trata que se ejercía bajo el control financiero de la esposa del líder socialista y en beneficio económico de ambos.

Si le doy tanta trascendencia a este documento no es por su exactitud, pues hay múltiples detalles ajenos a las saunas que el propio texto presenta como meras especulaciones y que luego se han demostrado falsos o simplemente irrelevantes.

Se la doy porque, amén de lo que revela de las saunas, probablemente sea la primera vez que se puso negro sobre blanco un diagnóstico ético sobre el aún presidente que hoy compartimos tantos: "Algunas de las fuentes socialistas consultadas señalan a PS como personaje sin escrúpulos".

Sin embargo él acaba de decir que "nunca hubiera tolerado" las "andanzas" de la 'fontanera' que decía actuar en su nombre. ¿Ah, no?

Sigamos con los "Riesgos PS" y con la "Reunión con PS".

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¿Cuánto sabía el presidente, cómo lo sabía y desde cuándo lo sabía? Al igual que ocurría con Nixon respecto a Watergate, estas son las preguntas que febrilmente se plantea la sociedad tras conocer el contenido del sumario del "caso Fontanera". Analicemos las cinco vías de las que disponemos para contestarlas.

En primer lugar, están las propias evidencias obtenidas hasta ahora en la instrucción. Más de doscientas menciones al "One", al "presidente", al "jefe" o a "PS". Pero todas en boca de testigos de referencia.

Leire y otros miembros de la trama decían una y otra vez que alguien —casi siempre Cerdán— les había dicho que el presidente seguía y aprobaba sus acciones.

¿Cuánto sabía el presidente, cómo lo sabía y desde cuándo lo sabía?

Quien mejor le conocía de entre ellos, Juanma Serrano, lo dedujo además al escuchar el discurso con el que cerró sus 'cinco días de reflexión': "Mira el jefe, cómo cita el tema de los audios".

O sea, que había sido informado de lo que se dijo y escuchó en Ferraz sobre las saunas. ¿Cómo no iba a serlo si mandó a su subjefe de gabinete Antonio Hernando expresamente a eso?

En segundo lugar, contamos con la estrechísima relación personal y política que Cerdán mantenía con Sánchez durante los meses en los que actuó la trama.

Si acudía con regularidad a las reuniones de coordinación entre el partido, el Gobierno y los grupos parlamentarios que se celebraban en Moncloa; si fue aclamado en el congreso de Sevilla como gran paladín del sanchismo; si hasta fue invitado con la "Paqui" a cenar al palacio con PS y Begoña como desagravio por el acoso de la prensa, ¿Cómo no les iba a contar lo que estaba haciendo para protegerles?

¿Acaso era una sorpresa de cumpleaños o un regalo secreto de aniversario de boda?

El tercer indicio de que Sánchez no sólo sabía lo que hacían sus cloacas, sino que tuvo que intervenir en su gestión, es la implicación en la trama de personas e instituciones sobre las que Cerdán no tenía autoridad.

Es el caso de la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, que mantenía una fluida relación bilateral con 'la fontanera', se whatsapeó con ella el día de la reunión clave en Ferraz y luego mintió al declararse "muy sorprendida" por lo descubierto; es el caso de al menos dos directores generales de la Guardia Civil nombrados por Marlaska; y es el caso de quien abriera a Leire las puertas de la Fiscalía General del Estado.

De la misma manera que la confluencia del GAL azul (Policía Nacional), con el GAL verde (Guardia Civil) y el GAL marrón (Cesid) denotaba la existencia de un 'señor X' con mando sobre todos ellos, la superposición de tramas indica también ahora que "PS" tenía que estar al tanto.

El cuarto camino es el del "quid prodest". Es verdad que tanto Cerdán como Leire y Vicente Fernández mantenían redes de corrupción paralelas, pero sus ganancias en la guerra sucia contra jueces, fiscales y guardias civiles eran irrelevantes. Como bien ha concluido la UCO, trabajaban en pro de los intereses del Gobierno, su presidente y su familia.

Y la quinta vía es la que nos devuelve al asunto de las saunas y a la reivindicación por parte de Sánchez de sus propios límites éticos.

¿Sería moralmente capaz Sánchez de montar o al menos alentar una trama delictiva contra jueces, fiscales y policías para evitar que su esposa, su hermano y sus colaboradores directos sean investigados, juzgados y eventualmente condenados como si fueran ciudadanos cualesquiera?

Heráclito advirtió que "el destino es el carácter" y los antecedentes de Sánchez hablan por sí mismos.

Fue capaz de nombrar ministros a aquellos que decía que le "quitarían el sueño".

Fue capaz de pactar la incesante excarcelación de etarras y entregar el ayuntamiento de Pamplona a cambio del apoyo de Bildu en Navarra y Madrid.

Fue capaz de canjear su última investidura por una amnistía que expresamente había descartado conceder por considerarla inconstitucional.

¿Sería moralmente capaz Sánchez de montar o al menos alentar una trama delictiva contra jueces, fiscales y policías para evitar que su esposa, su hermano y sus colaboradores directos sean investigados, juzgados y eventualmente condenados como si fueran ciudadanos cualesquiera?

Y, mucho antes, había marcado su impronta —dicen que el primer "crimen" es el único difícil de cometer— al ser capaz de vivir de la prostitución mientras clamaba contra ella.

Nunca "hubiera tolerado nada de eso", pero vaya que si lo toleró.

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Estamos ante un presidente "Escrúpulos Cero" al que su más estrecho colaborador del momento, Iván Redondo, llamó "Calígula" y "mentiroso" en un arranque de espontaneidad.

No podemos olvidar a quien tenemos enfrente, acorralado y sin salida. Eso lo vuelve especialmente peligroso.

Porque a pesar del ambiente sicalíptico que impregna la vida de los atrincherados en Moncloa, allí aún quedan abogados como para advertirle que la imputación penal del PSOE como persona jurídica por financiar una organización criminal puede estar cerca; y que la suya personal es cuestión de tiempo.

Bastará que alguno de los implicados —Cerdán, Leire, Serrano I, Serrano II, Narbona, Fuentes…— revele una conversación con él o incluso que el instructor llegue a la conclusión de que no cabe otra alternativa a su liderazgo de la trama, para que eleve el asunto al Tribunal Supremo.

Entonces procederá pedir el suplicatorio y Sánchez sabe que ni siquiera con su actual composición —no digamos con la que predicen las encuestas— la cámara se atrevería a bloquearlo ni a denegarlo. ¿Sería capaz de sentarse en el banquillo como presidente del Gobierno? Naturalmente que sí.

El calendario de las elecciones generales no es lo importante. El viernes se acortó cuatro meses la legislatura. No serán ni antes de octubre —para que pase el verano— ni después de abril porque los alcaldes tanto del PSOE como de sus socios separatistas no permiten a Sánchez que les unza al yugo de su suerte. Por eso ha tenido que renunciar al superdomingo.

Menos aún le consentirán celebrar las generales otra vez en julio, para que las patadas dirigidas a él se las hayan dado ya por adelantado en sus municipales traseros. Si el presidente se empecinara en eso, sí que habría moción de censura instrumental.

Entonces procederá pedir el suplicatorio y Sánchez sabe que ni siquiera con su actual composición (...) la cámara se atrevería a bloquearlo ni a denegarlo.

Por lo tanto, los comicios más importantes de la democracia, las elecciones en las que se jugará la suerte de varias generaciones de españoles, tendrán lugar en el intervalo de seis meses que mediará entre el otoño y la primavera.

Pero la labor de la Justicia se prolongará mucho más allá de ese hito político. Sólo con lo ya descubierto, las causas penales contra Sánchez y los suyos pueden marcar la pauta, entre testificales, periciales, comisiones rogatorias, cierres de sumarios, vistas orales y recursos no ya de lo que queda de esta, sino de la próxima legislatura completa.

En la hipótesis de que, recurriendo a sus múltiples palancas de manipulación política, Sánchez lograra atornillarse a la Moncloa es obvio que no toleraría que la policía, los jueces, los fiscales y sobre todo los periodistas siguiéramos cumpliendo nuestra función constitucional de vigilancia y contrapeso.

Si Sánchez lograra quedarse no sería para seguir confiando en unos fontaneros tan chapuceros como los de Watergate que "a veces parecían Al Capone y otras Buster Keaton". Tampoco se quedaría de brazos cruzados a que siguieran acumulándose las pruebas contra él, mientras Begoña se sienta en el banquillo ante un jurado.

Coincido con Aznar en que su hoja de ruta pasaría por el desmantelamiento del orden constitucional con el pretexto de dar paso a la España multinacional, configurada como suma de autocracias. El modelo no sería el chavismo sino el peronismo. Ese es hoy en día el mayor "Riesgo PS".

La cuestión es bien sencilla: o la democracia acaba con Sánchez o Sánchez acabará con la democracia. Y cuando hablo de 'democracia' no sólo me refiero a las urnas. También a la Justicia, a la prensa o a los partidos políticos.

Page es el único que está salvando la "dignidad" del PSOE. En favor de Sánchez ya sólo hablan sus más toscos sicarios, los pringados en la corrupción y un último japonés perdido en la jungla llamado Bolaños que actúa como si no estuviera informado de nada.

Nadie tiene el coraje de dimitir en el sentido terapéutico que, apelando a la política británica, reivindica en su última columna Ana Núñez Milara.

Los demás callan. Pero van siendo conscientes de que cada día que pasa la ponzoña que infecta al líder sigue contagiándoles y destruyendo el respeto que sentían al mirarse ante el espejo.

A algunos habrá que decírselo a la cara: Sánchez es el cáncer del PSOE. Ya saben lo que tienen que hacer si quieren redimir y preservar a su partido.

Cabría en efecto una "teórica posibilidad" de que el presidente "no se hubiera enterado" de lo mucho que se delinquía para intentar ayudarle. Y que, de haberse enterado, "no lo hubiera tolerado nunca".

Pero, como ha dicho el presidente castellano-manchego, "eso no se lo va a creer nadie en España".

¿Por qué? Porque ninguno de nosotros somos como aquella ingenua Reina Blanca de Alicia en las Maravillas que era "capaz de creerse seis cosas imposibles antes de desayunar". Ya no.