El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, durante su rueda de prensa del jueves.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, durante su rueda de prensa del jueves. Ronen Zvulun Reuters

Oriente Próximo

Netanyahu se postra ante el "líder visionario" Trump, pero insiste en la necesidad de cambiar el régimen iraní

El primer ministro esquivó toda polémica con el presidente estadounidense, a quien regaló toda clase de elogios, invitando al resto del mundo a que le agradecieran lo que estaba haciendo por ellos.

Más información: Netanyahu: "Tras 20 días de guerra Irán no tiene capacidad para enriquecer uranio ni construir misiles balísticos"

Publicada

Las claves

Netanyahu elogia el liderazgo de Trump en la operación militar contra Irán, pero insiste en que Israel no influye en las decisiones de EE.UU.

El primer ministro israelí recalca la necesidad de un cambio de régimen en Irán, señalando que los ataques aéreos no son suficientes y sugiriendo la intervención terrestre.

Existen diferencias entre los objetivos de EE.UU. e Israel en la guerra contra Irán, especialmente sobre el envío de tropas y la estrategia para acabar con el régimen iraní.

El conflicto plantea altos costes económicos y militares, y Netanyahu teme que dejar la guerra a medias permita a Rusia y China intervenir y fortalecer al régimen iraní.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quiso dejar claro en rueda de prensa que ni Israel ni él mismo tienen ninguna capacidad de influir en Donald Trump, a cuyo "liderazgo visionario" atribuyó el éxito de la operación militar contra Irán.

Netanyahu salía así al paso de las acusaciones de buena parte de la derecha alternativa estadounidense de ser el cerebro detrás de esta guerra y de casi haber obligado a Trump a bombardear Irán.

Este discurso lo ha utilizado el comentarista Tucker Carlson y el exjefe de contraterrorismo Joe Kent… pero también el secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional, Marco Rubio, en los primeros compases de la guerra.

El hecho de que Trump se distanciara del ataque de Israel sobre las instalaciones del yacimiento de gas natural en Pars Sur, provocando la represalia de Irán contra Catar y un aumento espectacular en el precio del petróleo que fue remitiendo durante el día, parecía abonar esa hipótesis.

Netanyahu, en un mensaje claramente dirigido a la opinión pública estadounidense, alabó la coordinación entre ambos países, elogió a Trump de todas las maneras posibles e insistió en que el régimen de los ayatolás no era un problema sólo para Israel, sino para Estados Unidos —enumeró todas las afrentas desde 1979 contra objetivos estadounidenses— y, por extensión, para todo el mundo.

"Deberían darle las gracias al presidente Trump por salvarles", afirmó el líder del Likud.

Diferentes objetivos

La declaración pública destacó por su calculada ambigüedad. Netanyahu reconoció que Irán ya no podía enriquecer uranio ni podía fabricar nuevos misiles balísticos. Más allá de la veracidad de estos datos —lo mismo se dijo en junio de 2025 y, nueve meses después, aquí estamos—, de alguna manera Israel abre una puerta con este reconocimiento a Trump para que abandone la guerra.

Al fin y al cabo, los objetivos de la operación Furia Épica, lanzada desde Washington, no son los mismos de la operación León Rugiente, impulsada desde Tel Aviv.

Si ya no hay amenaza nuclear y no hay posibilidad de fabricar misiles a corto y medio plazo, se podría entender que los objetivos de Trump ya están cumplidos.

Esa es una interpretación plausible… aunque, por supuesto, Netanyahu quiere que Estados Unidos siga a su lado en esta operación y que amplíe sus objetivos.

De ahí que, casi de forma inmediata, el primer ministro pusiera énfasis en la necesidad de liberar el estrecho de Ormuz, algo que solo pueden hacer los estadounidenses, y de buscar alternativas al transporte del petróleo mediante gasoductos a través de Arabia Saudí.

No sólo eso, sino que abogó por la necesidad de un cambio de régimen en Teherán.

"No sirve de nada cambiar a un ayatolá por otro ayatolá, igual que no habría servido de nada cambiar a Hitler por Himmler", aseguró.

Para ello, aclaró, no bastan los ataques aéreos. "Ninguna revolución se consigue desde el aire", afirmó, para después advertir: "Tiene que haber algún tipo de componente sobre el terreno", en referencia al debate sobre si enviar soldados o no para asegurarse el control absoluto del país.

Contradicciones

Ese es el gran punto de colisión ahora mismo entre ambos países y, desde luego, Netanyahu no quiso hacer de ello un problema público.

Sabe que la mejor manera de que Trump acepte algo es hacerle pensar que solo a él podría habérsele ocurrido.

Horas antes, el presidente estadounidense había afirmado públicamente que no iba a mandar tropas a ningún lado, aunque la constancia argumentativa no es uno de sus fuertes, como todos sabemos.

Al respecto del cambio de régimen y el envío de tropas, en estas tres semanas, Trump ha afirmado "no tener miedo a otro Vietnam", ha enfatizado la necesidad de que él, personalmente, elija al nuevo líder iraní y ha insistido —como lo ha hecho el jefe del Pentágono, Pete Hegseth— en que los propios familiares de los militares fallecidos en Oriente Próximo le estaban pidiendo que "terminara lo empezado".

Del mismo modo, le ha dado tiempo a afirmar prácticamente lo contrario, según el día.

Trump es capaz de asegurar que ya ha ganado la guerra, que está ganando la guerra, que necesita ayuda para ganar la guerra y que no la necesita en absoluto.

Digamos que no es un ejemplo de coherencia.

Netanyahu lo sabe y sabe qué teclas hay que tocar con el multimillonario neoyorquino… otra cosa es que siempre vayan a sonar como él quiera, obviamente.

La idea de un Trump marioneta mientras Israel mueve los hilos resulta demasiado simplista y parece revelar muchos prejuicios.

El recuerdo de Gaza

Dicho esto, lo cierto es que Trump tiene que tomar decisiones y las tiene que tomar ya.

Da la sensación de que todo se ha hecho de manera precipitada y poco planeada.

Ya en 2019, durante su primer mandato, Trump se pasó meses empeñado en que Irán quería negociar con él cuando ni Alí Jamenei ni Hasán Rouhaní, por entonces presidente de la República Islámica, tenían la más mínima intención de refrendar nada que no fuera idéntico a lo que ya habían firmado con Barack Obama y la Unión Europea en 2015.

Aquí puede estar repitiéndose el error, es decir, puede que Trump, como ya afirmara Steve Witkoff durante las negociaciones de Ginebra, siga pensando en que la vía militar no es sino un paso para la diplomática. Una conclusión que cuadra con el lema "paz mediante la fuerza" que acuñó durante su discurso de investidura.

Otra cosa es que los iraníes estén en eso, que no parece. Irán no va a rendirse ni va a aceptar una transición tutelada como sí hizo el chavismo o puede hacer el castrismo.

No lo hizo ni siquiera Hamás en Gaza, pese a dos años de intensos bombardeos, decenas de miles de muertos, la destrucción total de la Franja y el asesinato de prácticamente todos sus líderes.

A marzo de 2026, los terroristas siguen gobernando en esa parte de Palestina.

Eso lo sabe Netanyahu, pero también sabe que Israel, solo, no puede hacer el trabajo. Por eso tiene que buscar las palabras y las excusas que hagan que Trump se olvide de las midterms, se olvide de los miedos a un nuevo Irak o un nuevo Afganistán, y ponga los soldados necesarios sobre el terreno para acabar de verdad con el régimen.

200.000 millones de dólares más

La otra alternativa es una insurrección popular, pero el propio primer ministro reconoció que aún era muy pronto para considerar esa posibilidad… y expresó sus dudas acerca de si ese momento llegaría alguna vez.

Netanyahu quiere que Trump acabe con los ayatolás y sus razones tiene. Dejar la guerra a medias supondría que Rusia y China entraran inmediatamente, recompusieran todo y hubiera que volver a bombardear dentro de nueve meses.

Los gastos económicos y militares de alargar el conflicto de esta manera son incalculables.

Hegseth está valorando la posibilidad de pedir 200.000 millones de dólares al Congreso para financiar la operación, pero ¿cómo va a volver a pedirlos en unos meses si los ayatolás reconstruyen su proyecto?

La diferencia de eficacia entre las armas estadounidenses y las iraníes es evidente, pero también lo es su precio. Cada día de bombardeos puede estar costándole al Pentágono 1.000 millones de dólares.

Irán, en ese sentido, tiene mayor capacidad de resistencia. La crisis energética, obviamente, no le afecta. Sus aliados sí pueden pasar libremente por Ormuz.

El gasto en armas es mínimo y las estimaciones han sido fallidas: en los últimos días, Teherán está lanzando cada vez un número mayor de misiles contra Israel y los países árabes, así como una mayor cantidad de drones.

Por supuesto, tampoco tiene que preocuparse de lo que diga la opinión pública, la sana espada de Damocles que pende sobre cada decisión de Trump o Netanyahu.