La socialdemócrata sueca Magdalena Andersson comparece tras hacerse públicos los resultados de las elecciones generales.

La socialdemócrata sueca Magdalena Andersson comparece tras hacerse públicos los resultados de las elecciones generales. Denis Balibouse Reuters

Europa

Suecia, a la contra de Alemania: la ultraderecha cae frente a una socialdemocracia dura contra la migración y opuesta a Sánchez

La ex primera ministra Magdalena Andersson buscará gobernar desde el centro, y no espera un cambio sustancial de política migratoria.

Mantendrá los estrictos controles de asilo y condicionará los permisos de residencia a la inserción laboral y al dominio del sueco.

Más información: Los socialdemócratas ganan en Suecia por menos de medio punto y logran la mayoría por un solo diputado

Á. Escalonilla
Publicada
Las claves
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Los socialdemócratas de Magdalena Andersson ganan las elecciones legislativas en Suecia por un estrecho margen frente al bloque conservador.

El bloque de izquierdas obtiene 176 escaños frente a los 173 de la derecha, pero la coalición no es cohesiva y enfrenta vetos internos para formar gobierno.

La ultraderecha de los Demócratas de Suecia, liderada por Jimmie Åkesson, sufre su peor resultado desde 2010 y pierde once escaños.

Los socialdemócratas mantienen una política migratoria estricta, similar a la aplicada en Dinamarca, y la inmigración dejó de ser un tema central en la campaña.

Los Socialdemócratas de Magdalena Andersson ganaron este domingo por la mínima las elecciones legislativas en Suecia. Los sondeos a pie de urna arrojaron una victoria clara del bloque de izquierdas, aunque la derecha recortó distancias a medida que avanzaba el escrutinio e incluso llegó a ponerse por delante. Muchos temieron haber celebrado antes de tiempo.

Sin embargo, con más del 95 % de las papeletas escrutadas, los cuatro partidos de izquierdas obtienen 176 escaños por los 173 del sector conservador que lidera el Partido Moderado del primer ministro en funciones, Ulf Kristersson. Sólo tres diputados más en el Riksdag, que cuenta 349 asientos.

Quedan por contar los votos del exterior, así que los resultados definitivos no llegarán hasta este miércoles. Por eso, Andersson muestra cierta cautela, consciente de que puede haber sorpresas de última hora. "Nos presentamos a las elecciones para cambiar de gobierno y de rumbo para Suecia. Si este resultado se mantiene, así sucederá", escribió la noche electoral.

El escenario más probable es que reciba el encargo de formar gobierno, y entonces tendrá que hacer equilibrismo para articular una coalición. "El pueblo sueco parece haber suspendido a la base de gobierno de Ulf Kristersson y ahora los socialdemócratas estamos listos para asumir la responsabilidad de nuestro país", manifestó el domingo.

Su gran reto será superar los vetos cruzados en el bloque de la izquierda. El Partido de Centro no quiere que los poscomunistas del Partido de Izquierdas formen parte del próximo Ejecutivo, como se encargó de recordar este lunes su secretario general, Hannes Hervieu. Pero el Partido de Izquierdas no renuncia a tomar asiento en el Consejo de Ministros.

"El principal problema es que, en realidad, este no es un bloque de izquierdas cohesionado", explicaba en conversación con este periódico Niklas Bolin, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Suecia Central.

"Los socialdemócratas y los verdes pueden cooperar con relativa facilidad, pero el Partido del Centro y el Partido de Izquierda están muy alejados, sobre todo en materia de política económica, fiscalidad, cuestiones relativas al mercado laboral y el papel del Estado", señalaba el especialista.

Los candidatos a primer ministro Magdalena Andersson (Socialdemócratas) y Ulf Kristersson (Los Moderados) posan para los fotógrafos antes de un debate electoral en Gävle.

Los candidatos a primer ministro Magdalena Andersson (Socialdemócratas) y Ulf Kristersson (Los Moderados) posan para los fotógrafos antes de un debate electoral en Gävle. Anders Wiklund Reuters

Tanto, que Kristersson insiste desde la noche electoral en la posibilidad de articular "una mayoría no socialista" con el respaldo del Partido de Centro, aunque los centristas descartaron cambiar de bando tras confirmar este lunes su disposición a negociar un acuerdo de coalición con los socialdemócratas.

Bolin constató, en este sentido, que el bloque progresista "estaba unido principalmente por su oposición a un Gobierno de Kristersson que dependa de la extrema derecha de los Demócratas de Suecia, más que por un programa político común".

Escenario à la danesa

Los de Andersson recuperarán el poder pese a haber cosechado su peor resultado desde 1930, un 28 %. Suenan ecos de Dinamarca, donde los socialdemócratas de la primera ministra Mette Frederiksen protagonizaron un caso similar en marzo, cuando perdieron alrededor de 400.000 votos y aun así se mantuvieron como primera fuerza.

Nadie espera, sin embargo, un cambio sustancial de política migratoria con el regreso de Andersson. La ex primera ministra propone mantener los estrictos controles de asilo y la política de deportaciones para aquellos que cometan delitos, y también condiciona los permisos de residencia a la inserción laboral y al dominio del sueco.

La política de puertas abiertas que aplicaron los socialdemócratas suecos durante la crisis de los refugiados de 2015 terminó, del mismo modo que en la vecina Dinamarca y en otros países del norte de Europa, como Alemania, donde los ultras de la AfD ganan elecciones regionales una tras otra y escalan en los sondeos hasta aparecer como primera fuerza.

Durante la campaña, Andersson criticó algunas de las políticas más duras de la coalición de Kristersson, que gobernó con el respaldo parlamentario de los Demócratas de Suecia, la extrema derecha de Jimmie Åkesson, pero la ex primera ministra no prometió recuperar, en ningún caso, el modelo anterior.

Jimmie Åkesson, líder de la ultraderecha en Suecia, durante un mitin de campaña.

Jimmie Åkesson, líder de la ultraderecha en Suecia, durante un mitin de campaña. Reuters

"La inmigración ha desempeñado en realidad un papel relativamente limitado en esta campaña, especialmente en comparación con elecciones anteriores. Una razón importante es que las diferencias entre los principales partidos se han reducido considerablemente", explicaba en este sentido el propio Bolin.

El profesor de Ciencia Política en la Universidad de Suecia Central apuntaba que los socialdemócratas suecos habían adoptado "una posición mucho más restrictiva" y habían dejado claro que mantendrán "una política migratoria restrictiva" si ganaban. "Como resultado, la inmigración fue una cuestión menos divisiva en estas elecciones", zanjaba Bolin.

En paralelo, los de Åkesson cosecharon su peor resultado a nivel nacional desde que accedieron al Parlamento en 2010. Once escaños menos. Per Oleskog Tryggvason, director de opinión de la empresa demoscópica Indikator, considera que los lastró haber ocupado una "posición de poder" en el último Gobierno.

Fundado por neonazis en los años ochenta, el partido de Åkesson aumentaba su representación en cada elección legislativa a bordo de un duro discurso antiinmigración. Así crecieron hasta llegar a convertirse en la segunda fuerza política del país, por delante de los Moderados de Kristersson, que ahora recuperan el liderazgo de la oposición.

Contento con los resultados de la política migratoria de su principal socio parlamentario, el primer ministro en funciones, que criticó la regularización masiva de migrantes del Gobierno de Pedro Sánchez tras la crisis en Ceuta recordando el precedente sueco de 2015, les había llegado a ofrecer en campaña la cartera de Migración y otros puestos en el próximo Gabinete.

Sin embargo, la normalización de los socialdemócratas de algunos de sus postulados forzó a la ultraderecha a endurecer aún más su discurso. Tanto, que Åkesson llegó a plantear que incluso los nacidos en Suecia pudieran perder la nacionalidad si tenían doble ciudadanía y reclamó elevar las ayudas para incentivar el retorno de inmigrantes a sus países de origen.

Además, el auge de los Demócratas de Suecia y sus políticas de repatriación, con ayudas de hasta 350.000 coronas (31.100 euros), despertaron la reacción de las zonas donde residen ciudadanos de origen extranjero, como Rinkeby, uno de los suburbios de Estocolmo. El domingo, Åkesson emitió su voto desde allí, y dijo que "Suecia no debería ser así".

Como resultado, el bloque de izquierdas concentró el 94 % de las papeletas en Rinkeby. Uno de sus residentes, Kahin Ahmed, un sociólogo de 59 años y de origen somalí, reconoció en declaraciones a Reuters que los resultados suponen "un alivio enorme". "Tienen miedo de que este Gobierno los envíe fuera", subrayó el exdiputado socialdemócrata Pyry Niemi.

Sin embargo, los votos de la población de origen extranjero no fueron a parar a los de Andersson, sino al Partido de la Izquierda, que arrasó en las zonas clasificadas como "vulnerables" o "especialmente vulnerables", como los barrios de Rosengård o Råslätt, ubicados respectivamente en las ciudades de Malmö y Jönköping.

"Han sido más claramente de izquierdas que los Socialdemócratas", justificaba la politóloga Jenny Madestam en la cadena pública STV. "Los escándalos con miembros del Partido de la Izquierda que han elogiado a Hamás o difundido antisemitismo no parecen haber tenido un efecto disuasorio en los votantes".