El partido socialista sueco, a punto de recuperar el gobierno.

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El socialismo sueco no quiere parecerse al socialismo de Sánchez

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Las claves
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Los socialdemócratas suecos, liderados por Magdalena Andersson, están a punto de regresar al gobierno con más del 28% de los votos.

La nueva primera ministra no revertirá las políticas migratorias estrictas del gobierno conservador; solo enfatiza la integración.

Las diferencias entre Andersson y Pedro Sánchez alejan a Suecia de España en la familia socialdemócrata europea, especialmente en migración, economía y defensa.

Andersson defiende la disciplina presupuestaria y mantener los compromisos de gasto con la OTAN, en contraste con las políticas de Sánchez.

Los socialdemócratas están a punto de regresar al gobierno en Suecia, pero eso no significa que España vaya a recuperar a a un aliado en Europa.

El partido de Magdalena Andersson se habría impuesto con más del 28% de los votos al conservador de Kristersson, que hasta ahora había gobernado en una coalición sostenida con el apoyo por fuera de Demócratas en Suecia, el partido ultra de raíces neonazis.

En estos años, Suecia ha protagonizado uno de los mayores giros migratorios de Europa: el Gobierno conservador ha sustituido la residencia permanente para los solicitantes de asilo por permisos temporaales, ha endurecido los requisitos para obtener la ciudadanía y ha ampliado las expulsiones por conductas que no constituyen delito.

Pero la socialista Andersson no plantea dar marcha atrás. Pone el énfasis en la integración, aunque promete mantener una política migratoria “estricta”.

Esta postura ha alejado a Andersson de Pedro Sánchez dentro de la familia socialdemócrata europea, por lo que el Presidente no espera encontrar en Estocolmo el aliado que se podría intuir.

Sus políticas chocan también en economía y defensa: Andersson es partidaria de la férrea disciplina presupuestaria y de la contención del gasto público, además de firme defensora de cumplir con los compromisos de gasto con la OTAN.

España sigue aislada en una Europa que ha dejado de encapsular el debate de la inmigración para volverlo indómito.