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Imagen de ilustración. iStock.

Estilo de vida

Las cocineras coinciden: "El arroz con leche más cremoso no lleva solo leche, también necesita 250 ml de nata"

Según las expertas, la clave está en combinar leche entera y nata y respetar una cocción lenta para conseguir una textura suave y mucho más cremosa.

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El arroz con leche es uno de esos postres que saben a casa incluso antes de probarlos. Su aroma a canela y limón, la suavidad del arroz y esa textura que queda entre líquida y espesa lo han convertido en un clásico que sigue pasando de generación en generación.

Aunque pueda parecer una elaboración sencilla, conseguir un arroz con leche realmente cremoso tiene bastante más que ver con la técnica que con añadir muchos ingredientes. El tipo de arroz, el momento en el que se incorpora cada elemento y, sobre todo, la paciencia durante la cocción pueden cambiar por completo el resultado.

Por eso, las recetas tradicionales siguen guardando pequeños trucos que marcan la diferencia. Una de las versiones que los reúne es la de Silvia Pérez, creadora del canal Las recetas de la Vi, que apuesta por una cocción pausada y por ingredientes como la nata para conseguir un arroz con leche especialmente meloso.

El secreto para conseguir un arroz con leche más cremoso

Uno de los primeros detalles que llaman la atención en esta elaboración es que el arroz no comienza su cocción directamente en la leche. Antes de incorporar el lácteo, el grano pasa por una primera cocción con agua, sal, canela y piel de limón.

Puede parecer un gesto menor, pero tiene una explicación. Durante la cocción, el arroz va liberando almidón, una sustancia fundamental para conseguir esa textura ligada que buscamos en un buen arroz con leche.

Al cocinarlo de esta manera desde el principio, se favorece que el grano vaya adquiriendo una consistencia más melosa antes de terminar de hacerse con la leche.

Además, comenzar con agua permite que la canela y la piel de limón vayan soltando sus aromas poco a poco. El resultado no es simplemente un postre dulce al que se le ha añadido canela al final, sino una elaboración en la que los sabores quedan integrados desde la propia cocción.

La elección del arroz también tiene mucho que decir. El arroz redondo es uno de los más apropiados para este tipo de preparaciones, precisamente porque libera una cantidad considerable de almidón y ayuda a espesar el conjunto.

También pueden utilizarse variedades como el arborio, habitual en elaboraciones cremosas.

Esto explica por qué no todos los arroces producen el mismo resultado. Mientras un grano que absorbe bien el líquido y libera almidón facilita que la leche adquiera esa textura untuosa tan característica, una variedad menos adecuada puede hacer que el postre quede demasiado suelto o que el grano termine separado del líquido.

Una vez que el agua inicial se ha evaporado, llega otro de los puntos importantes: la leche se incorpora poco a poco. No se trata únicamente de añadirla y esperar a que el arroz termine de cocerse, sino de acompañar el proceso con una cocción lenta y removiendo con frecuencia.

Imagen de un arroz con leche.

Imagen de un arroz con leche. iStock.

Este movimiento tiene una doble función. Por una parte, evita que el arroz se agarre al fondo del recipiente, algo especialmente habitual cuando trabajamos con leche. Por otra, ayuda a que el almidón que va soltando el grano se distribuya por todo el líquido.

Justo en este paso no podemos tener prisa, ya que el arroz con leche necesita tiempo para que el grano se ablande y para que la mezcla vaya adquiriendo cuerpo.

Una temperatura demasiado elevada puede acelerar la cocción, pero no necesariamente mejora el resultado, ya que aumenta el riesgo de que la leche se agarre y de que el arroz se haga de manera desigual.

La nata aporta la cremosidad que cuesta conseguir solo con leche

Entre los ingredientes que pueden transformar el resultado está la nata, que en esta versión se utiliza para aportar mayor cuerpo y una textura más suave. La cantidad indicada es de 250 mililitros, una proporción que permite enriquecer el postre sin convertirlo en una preparación excesivamente pesada.

La razón es sencilla: la grasa de los lácteos influye en la sensación que produce un alimento en boca. Una elaboración con mayor contenido graso suele percibirse como más untuosa y redonda, algo que encaja especialmente bien con el arroz con leche.

La nata, además, ayuda a conseguir esa sensación de cremosidad que muchas veces se intenta alcanzar únicamente prolongando la cocción. Sin embargo, cocinar durante más tiempo no siempre significa conseguir un arroz con leche mejor.

Si se fuerza demasiado la evaporación, el postre puede terminar excesivamente espeso.

En esta receta, la combinación de 1,5 litros de leche entera y 250 mililitros de nata busca precisamente ese equilibrio entre un arroz bien cocido y una crema suficientemente envolvente.

La leche entera, por su parte, proporciona más grasa y sólidos lácteos que una leche desnatada, por lo que resulta más adecuada cuando se busca una textura rica y tradicional.

No significa que un arroz con leche preparado con leche semidesnatada no pueda quedar bueno, pero sí que el resultado será diferente. Cuando el objetivo es conseguir un postre especialmente cremoso, los ingredientes con mayor contenido graso juegan a favor de esa textura.

La canela y el limón no están solo para decorar

Hay ingredientes que asociamos inmediatamente al arroz con leche porque forman parte de su identidad. La canela en rama y la piel de limón son dos de ellos, pero su función va mucho más allá de servir como decoración.

La clave está en incorporarlos durante la cocción para que sus aromas pasen progresivamente al líquido. De esta manera, el sabor queda repartido por todo el postre y no concentrado únicamente en determinados momentos.

La canela aporta ese aroma cálido y ligeramente dulce que reconocemos en los arroces con leche tradicionales, mientras que la piel de limón introduce un punto cítrico que ayuda a equilibrar la sensación dulce y grasa de la elaboración.

Eso sí, hay una diferencia importante entre utilizar la piel y añadir directamente zumo de limón. Para este tipo de postres interesa principalmente la parte amarilla de la corteza, ya que la zona blanca que se encuentra debajo puede aportar un sabor amargo.

También es preferible utilizar la canela en rama durante la cocción y retirarla después. Así se consigue un aroma progresivo y limpio, sin que el sabor de la especia termine dominando el conjunto.

El azúcar funciona mejor cuando el arroz ya está prácticamente hecho

Otro de los pequeños trucos que pueden pasar desapercibidos está en el momento de añadir el azúcar. En lugar de incorporarlo desde el comienzo, se reserva para una fase más avanzada de la cocción.

La explicación está relacionada con la propia cocción del arroz. Cuando hay una concentración elevada de azúcar en el líquido, al grano le puede resultar más difícil absorber agua y terminar de ablandarse.

Por eso, si se busca un arroz especialmente tierno y cremoso, tiene sentido dejar el dulzor para el tramo final.

Además, esperar permite controlar mejor el resultado. Una vez que el arroz está prácticamente cocido, es más sencillo ajustar el punto dulce sin alterar demasiado la textura que ya se ha conseguido.

Una vez conocidos los trucos, podemos pasar a la receta de Silvia.

Ingredientes

Agua (1 o 2 dedos para cubrir el fondo de la olla)

Una pizca de sal

1 rama de canela

La corteza de 1 limón (también se puede usar la de 1 naranja)

190 g (6 puñados aprox.) de arroz redondo o tipo arborio

200-250 ml de nata (de montar o de cocinar)

1,5 l de leche entera

6 cucharadas de azúcar

2 cucharadas de leche condensada

Canela en polvo (al gusto, para decorar al final)

Paso 1

Pon una olla al fuego y añade uno o dos dedos de agua, la pizca de sal, la rama de canela y la corteza de limón.

Paso 2

Cuando el agua rompa a hervir, lava y escurre los 190 gramos de arroz y échalos a la olla. Remueve y deja que el arroz absorba completamente el agua.

Paso 3

Una vez que se haya bebido el agua, vierte los 200-250 ml de nata. Sigue removiendo de vez en cuando para que no se pegue y deja que el grano de arroz absorba también la nata para empaparse de su cremosidad y sabor.

Paso 4

Empieza a echar la leche entera poco a poco. Sube el fuego hasta que empiece a hervir y luego bájalo. Es fundamental remover constantemente para que no se pegue ni se salga de la olla, añadiendo más leche conforme veas que el arroz se va secando.

Paso 5

Antes de seguir, saca la rama de canela y la corteza de limón para no encontrártelos al comer.

Paso 6

Cuando le queden unos 10 minutos de cocción al arroz, añade las 6 cucharadas de azúcar y remueve bien. Acto seguido, incorpora las 2 cucharadas de leche condensada para darle ese toque de sabor extra.

Paso 7

Termina de echar la leche hasta alcanzar aproximadamente el litro y 750 ml. Esto es importante porque el arroz absorbe más líquido al enfriarse y, de esta manera, garantizas que quede caldoso y no seco.

Paso 8

Con el fuego ya apagado, déjalo reposar 2 o 3 minutos con el calor residual para que se integren bien el azúcar y la última leche añadida.

Paso 9

Sirve el arroz en moldes individuales asegurándote de repartir primero el grano y rellenar después con el líquido.

Paso 10

Finalmente, espolvorea canela por encima (puedes usar un colador para que quede más uniforme y bonito).

Paso 11

Aunque se puede comer templado, la cocinera recomienda dejarlo enfriar completamente, idealmente hasta el día siguiente, para disfrutar de su textura súper cremosa.