Ciervos cruzando una carretera.

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Mascotario

Países Bajos marca las normas: unas líneas láser se activan cuando los animales se acercan a la carretera

La nación neerlandesa se consolida como el referente europeo en bienestar animal tras eliminar los obstáculos que aíslan a las mascotas de la vida pública.

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Mientras gran parte de Europa todavía debate si un perro puede o no entrar en un museo o en un hospital, Países Bajos ha decidido ir un paso más allá.

El país que logró el hito histórico de no tener perros abandonados en sus calles ha iniciado una nueva revolución: la eliminación de barreras físicas y legislativas para que la fauna urbana y los animales de compañía convivan de forma orgánica con el ser humano.

No se trata solo de leyes de protección, sino de un cambio estructural en el diseño de las ciudades que prioriza el bienestar animal como un pilar más de la salud pública.

La reciente difusión de imágenes en redes sociales sobre estas "barreras caídas" ha puesto el foco en cómo las ciudades neerlandesas han adaptado sus infraestructuras. En lugar de vallas físicas, unas finas líneas láser se activan cuando los animales se acercan a la carretera, avisando a los conductores en tiempo real de que hay fauna cerca.

Desde pasos de fauna integrados en el tejido urbano hasta la total apertura de espacios de ocio, el modelo neerlandés demuestra que una sociedad madura es aquella que no segrega a sus animales, sino que adapta su arquitectura para protegerlos y darles voz en el espacio común.

Arquitectura de convivencia: puentes verdes y espacios sin límites

La clave del éxito neerlandés reside en su capacidad para diseñar pensando en todas las especies. Países Bajos cuenta con una de las redes de ecoductos más densas y eficientes del mundo, pero la verdadera novedad reside en cómo han trasladado este concepto a la microescala urbana.

En ciudades como Ámsterdam o Utrecht, las barreras físicas que tradicionalmente separaban los parques de las zonas de tráfico han sido sustituidas por sistemas de transición suave que evitan accidentes y estrés en los animales.

Expertos en urbanismo y bienestar animal, como los especialistas de la organización Stichting Viervoeters (la delegación neerlandesa de Four Paws), destacan que la eliminación de barreras no solo beneficia a los animales de compañía, sino que protege la biodiversidad local.

Al eliminar obstáculos y crear corredores seguros, se reduce drásticamente la tasa de atropellos y se fomenta una conducta animal más equilibrada. "Un animal que puede desplazarse por su entorno sin enfrentarse a barreras infranqueables es un animal con menores niveles de ansiedad", señalan los expertos.

Este enfoque ha convertido a las ciudades en espacios de coexistencia donde el mobiliario urbano se diseña con una "doble función" para humanos y mascotas.

El respaldo legislativo: de la calle al parlamento

Este avance no sería posible sin un marco legal que respalde la integración total. Mientras que en otros países, como se mencionaba en el reciente caso de las unidades con drones en Polonia, la tecnología se usa para el rescate en condiciones extremas, en Países Bajos la tecnología y la ley se usan para la prevención.

El sistema de impuestos sobre la compra de animales de raza, unido a las leyes de esterilización masiva financiadas por el Estado, ha creado un ecosistema donde no existe el excedente de animales, lo que permite que los que existen puedan disfrutar de una libertad de movimientos casi total.

El modelo neerlandés, conocido como el protocolo CNVR (Capturar, Esterilizar, Vacunar y Retornar), se ha complementado con una normativa de accesibilidad universal.

Hoy en día, es prácticamente inexistente encontrar una barrera de "prohibido el paso a perros" en establecimientos públicos del país. Esta normalización social ha sido fundamental para que el mercado inmobiliario y el transporte público se adapten sin fricciones.

Como bien subraya la activista y experta en derecho animal Marianne Thieme, fundadora del Partij voor de Dieren (Partido por los Animales), la clave está en tratar a los animales no como propiedades, sino como "cohabitantes" con derechos espaciales.