Un perro.

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Ya ha entrado en vigor: es obligatorio educar a un animal solo con métodos de refuerzo positivo y se prohíbe la fuerza

La ley española impone el refuerzo positivo como única vía de educación, prohibiendo herramientas como los collares eléctricos.

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Angelica Rimini
Publicada

La relación entre los humanos y sus perros ha dado un giro legal definitivo en España con la entrada en vigor de la normativa que prohíbe cualquier método de adiestramiento basado en el castigo físico o el miedo.

Lo que durante décadas fue una elección ética de algunos propietarios y educadores caninos, se ha convertido hoy en una obligación legal ineludible. La Ley de Bienestar Animal establece de manera taxativa que la educación de los animales debe realizarse exclusivamente mediante el refuerzo positivo, desterrando herramientas y técnicas que causen dolor, angustia o estrés innecesario al animal.

Esta transición legislativa supone la desaparición inmediata del mercado y del uso cotidiano de dispositivos que hasta hace poco eran comunes en las tiendas de mascotas y parques.

Herramientas como los collares eléctricos, los de pinchos, de ahorque o los sistemas de impulsos por control remoto han quedado prohibidos bajo la premisa de que no solo son innecesarios para el aprendizaje, sino que comprometen gravemente el bienestar emocional del perro.

El refuerzo positivo

La ley defiende que el aprendizaje basado en la recompensa de los buenos comportamientos —ya sea mediante premios, caricias o juego— genera vínculos más sólidos y evita los problemas de agresividad reactiva que suelen derivar del uso de la fuerza.

La responsabilidad de aplicar estos métodos recae directamente sobre el propietario, quien debe velar porque cualquier profesional contratado para el adiestramiento cumpla estrictamente con estos principios de respeto.

El uso de técnicas de dominación basadas en la intimidación no solo se considera ahora una práctica obsoleta desde el punto de vista científico, sino que puede acarrear sanciones económicas considerables.

Al ser calificada como una infracción que atenta contra la integridad emocional del animal, las multas por utilizar métodos de castigo prohibidos pueden escalar rápidamente desde los tramos leves hasta los graves, dependiendo de las secuelas físicas o psicológicas que el animal pueda presentar.

La etología y psicología del aprendizaje

Este cambio de paradigma también impulsa una profesionalización del sector del adiestramiento en España. Los educadores caninos deben ahora acreditar conocimientos en etología y psicología del aprendizaje para ofrecer soluciones que respeten la naturaleza del animal.

La normativa busca que el ciudadano entienda que educar a un perro no consiste en someterlo, sino en guiarlo hacia una convivencia armoniosa en la que el animal se sienta seguro y motivado para colaborar. España abraza un modelo de educación canina mucho más empático y alineado con los estándares internacionales de protección animal.

Al prohibir el castigo, la ley no solo protege al perro de posibles abusos encubiertos bajo el nombre de "corrección", sino que también educa a la sociedad en el valor de la paciencia y el respeto hacia los seres vivos con los que compartimos nuestro entorno.

A partir de ahora, el buen dueño no es aquel que logra obediencia a través del temor, sino aquel que consigue la complicidad de su mascota a través del refuerzo y la comprensión mutua.