Feijóo, junto a Azcón, con Guardiola en primer plano, a la llegada del barón aragonés a la Junta Directiva Nacional del PP tras el 8-F.

Feijóo, junto a Azcón, con Guardiola en primer plano, a la llegada del barón aragonés a la Junta Directiva Nacional del PP tras el 8-F. EP

Política PARTIDO POPULAR

Azcón y Guardiola, obligados a pactar con Vox antes del 3 de mayo para no repetir elecciones ni interferir en las andaluzas

La investidura en Extremadura y la constitución de las Cortes de Aragón activan un doble reloj que empuja al PP a sellar pactos con Vox en plena escalada de los de Abascal.

Más información: Al menos 31.000 de los votos de Vox en Aragón proceden del PP: el 26% de los que ha obtenido y el 13% de los que tenía Azcón.

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Las claves

María Guardiola (Extremadura) y Jorge Azcón (Aragón) deben pactar con Vox antes del 3 de mayo para evitar la repetición electoral en sus regiones.

El PP necesita un acuerdo rápido con Vox para constituir gobiernos estables en Extremadura y Aragón, lo que podría afectar la campaña de las elecciones andaluzas.

El ascenso de Vox obliga al PP a negociar coaliciones, alejándose de la idea de gobernar en solitario y asumiendo la aritmética parlamentaria.

El calendario electoral coincide y cualquier bloqueo en Extremadura o Aragón repercutirá en la narrativa de estabilidad que busca el PP, especialmente de cara a Andalucía.

Este martes, María Guardiola será propuesta candidata a la Presidencia de la Junta de Extremadura por Manuel Naharro, presidente de la Asamblea.

Con ese gesto institucional, el PP activa el primero de los relojes que le obligan a pactar con Vox o a asumir el coste político de unas nuevas elecciones.

El pleno de investidura deberá celebrarse, como muy tarde, el 3 de marzo. Y ese mismo día, a casi 1.000 kilómetros de Mérida, las Cortes de Aragón están obligadas, por el Estatuto de Autonomía, a quedar constituidas.

Ese segundo reloj, el aragonés, se activa de manera automática. Y si el 3 de mayo no hay presidente investido en ninguna de las dos regiones, se disuelven sus parlamentos y se repite la llamada a las urnas de las dos autonomías populares que adelantaron elecciones.

En Extremadura, el tiempo empezará a contar desde la primera votación de investidura, ese mismo martes 3 de marzo. Si dos meses después Guardiola no ha sido reelegida, la Asamblea se disolverá.

Entretanto, Azcón deberá haber sido capaz de alcanzar el primer acuerdo con Vox, para constituir una Mesa de las Cortes que contente a Alejandro Nolasco, el candidato de derecha extrema que ha duplicado su número de diputados.

Pero la cuenta empieza a bajar en Aragón desde el mismo 3 de marzo, sin escalón intermedio. Si en dos meses desde que se vota el órgano de gobierno de las Cortes el candidato del PP no consigue la confianza de la Cámara, el escenario será idéntico: elecciones repetidas.

Las andaluzas

Esa fecha de caducidad, curiosamente coincidente en ambos territorios, del 3 de mayo llevará al PP no sólo a estar afrontando el riesgo de perder dos gobiernos, sino a interferir de lleno en la precampaña de las elecciones andaluzas.

Juanma Moreno cumple mandato y su Parlamento estará ya disuelto. En San Telmo se baraja convocar a "finales de mayo o a principios de junio", según fuentes del entorno más cercano al barón popular andaluz, lo que sitúa la disolución del Parlamento, como muy tarde, en abril.

Así que el 3 de mayo Andalucía estará en modo campaña total. Y cualquier ruido procedente de Extremadura y Aragón impactará en la narrativa del PP sobre la estabilidad, la moderación y el "voto útil".

En Génova lo admiten, aunque bajando la voz: "Con estas elecciones nos hemos dado un pequeño tiro en el pie", admite un asesor de alto nivel. "Es cierto que sólo nos hemos volado el meñique, pero nos hemos disparado nosotros mismos", resume.

El cálculo de Alberto Núñez Feijóo y sus presidentes era aprovechar el desgaste de Pedro Sánchez en este carrusel electoral.

Pero el resultado está siendo un Vox reforzado y un PP que sólo "aguanta", lo que le obliga a negociar gobiernos de coalición para no añadir la incapacidad de gobernar a unos resultados sólo a medias satisfactorios.

"Pedro Sánchez es una fábrica de votantes de Vox", se consuela un dirigente nacional. "Y lo hace de manera deliberada, alimentando la bronca; la gente está cabreada con él y eso se ha impuesto a todo lo demás".

Análisis de Aragón

En Aragón lo han vivido en carne propia. Azcón inició una campaña "regional, en positivo, de guante blanco". Pero terminó abrazando mensajes más duros para contener la fuerza de Vox y salvar algunos escaños.

"La gestión ya no vende, ocurre en todo el país", admite un responsable de campaña. "Nosotros intentamos llevar el cabreo a la razón, proponiendo soluciones... pero se ha impuesto la bronca, y en eso Vox se mueve bien, nosotros no".

Pese a todo, otro alto cargo del PP insiste en que "ha sido una paliza más a los rojos", entre sonrisas. "Le hemos sacado 10 puntos al PSOE. Más derecha y menos izquierda, eso es lo bueno".

La lectura de un presidente regional, a la entrada de la Junta Directiva Nacional de este lunes, era así de fría: "No hay partido europeo de centro derecha que resista mientras el de su derecha duplica, sólo el PP".

Por eso Feijóo repite que el suyo es "el único partido con capacidad de gobernar" en un escenario hiperfragmentado.

Pero el problema es cómo se gobierna. Este 8-F Azcón intentaba librarse de la dependencia de Vox en Aragón, y ahora el voto radical procede en buena medida de antiguos electores del PP.

La realidad es que hay un escalón de voto del PSOE al PP y de éste a Vox, o si el trasvase es directo del socialismo al populismo ultra... lo que, a juicio de otro asesor, da alas al relato de "socialdemócratas azules" que exhibe Santiago Abascal.

"Le hemos dejado crecer al otro demasiado, a cambio de muy poco para nosotros, sólo el desplome del PSOE... que no es poco, pero que por sí mismo no arregla España", reconoce un dirigente regional.

En ese contexto, Feijóo ha empezado a preparar a sus simpatizantes (y a los más reticentes de su cúpula) para "pactos responsables" con Vox. El mensaje interno es alejarse del bloqueo, asumir la aritmética y evitar la imagen de un PP débil, rehén de su derecha.

"Nos dicen que nos replanteemos la estrategia… ¡pero si hemos ganado!", argumenta un cargo nacional. "Lo que no podemos es aparecer como incapaces de llegar a acuerdos cuando el mandato está clarísimo".

De ahora en adelante

En Aragón, la clave inmediata es la Mesa de las Cortes. Azcón sabe que ese será el primer pulso con Nolasco, antes del verdadero, el de la coalición de gobierno. Con sólo siete diputados, Vox ya exigió hace dos años y medio la Vicepresidencia de Despoblación y la Consejería de Agricultura.

"Antes queríamos un Gobierno sólo con consejeros del PP", resume un dirigente aragonés. "Ahora, pedimos un gobierno estable y fuerte para que Aragón siga creciendo… y quien quiera entender, que entienda".

En Extremadura, Guardiola afronta un equilibrio algo menos delicado. Disolvió la Asamblea para ir al 21-D señalando a Vox por negarse a un pacto de Presupuestos, y nunca ha ocultado que no los quería cerca... aunque ahora les pide que se integren en su Ejecutivo.

Si no es investida el 3 de marzo, habrá un nuevo debate el día 6. Cada cita parlamentaria será leída en clave nacional e influirá en los mensajes que deban emitir Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León, y Juanma Moreno en Andalucía... y en la estrategia general de Feijóo.

Porque el calendario tiene otra derivada inmediata: el 15 de marzo se celebran las terceras elecciones de este carrusel. Y ese 3 de marzo, día de la investidura extremeña y de la constitución de las Cortes aragonesas, se colará inevitablemente en su campaña.

En el PP tratan de argumentar que "las campañas influyen cada vez menos", comenta un veterano, restando dramatismo al ruido de esos días. "En la última mía se movieron las cosas apenas medio punto".

Pero al mismo tiempo nadie subestima el simbolismo del 3 de mayo. Si ese día Guardiola y Azcón siguen sin gobierno, el mensaje para Andalucía será el de un PP que gana elecciones, pero no logra gobernar.

Feijóo lo sabe y por eso ha empezado a advertir contra el "castigo" del electorado propio si el PP y Vox no son capaces de "encontrar cuatro o cinco puntos comunes". La línea roja ya no es tanto pactar o no pactar, sino hacerlo de manera "responsable".