Pedro Sánchez y Xi Jinping, en el Gran Salón del Pueblo de Pekín, antes de su reunión bilateral.

Pedro Sánchez y Xi Jinping, en el Gran Salón del Pueblo de Pekín, antes de su reunión bilateral. Moncloa

Política GOBIERNO

Sánchez ejerce de 'policía bueno' en Pekín mientras crece la tensión entre Von der Leyen y China

El presidente español engrasa el diálogo con Pekín en una ofensiva diplomática de la UE ante el momento decisivo del "nuevo orden mundial".

1 abril, 2023 02:51

Era una visita oficial del presidente del Gobierno español a Pekín, devolución de la visita de Estado del presidente chino, hace ya casi cinco años, a Madrid. Pero era también la primera de un líder occidental a Xi Jinping tras su ceremonia de abrazos, bien escenificados ante las cámaras, con Vladímir Putin, hace sólo una semana. Y abría, por tanto, la primera rendija al diálogo con Europa, en el momento en que China da un paso adelante.

Pero la de Pedro Sánchez era también la visita del próximo presidente de turno de la Unión Europea, que aterrizaba en la isla de Hainan el mismo día en el que Ursula von der Leyen lanzaba un mensaje durísimo al Gobierno de Xi. Fuentes cercanas a la Comisión Europea revelaron a este diario que el enfado en Pekín era tal que se llamó a consultas al embajador de la Unión.

La presidenta europea defendió la ofensiva diplomática que inauguraba Sánchez y seguirán ella misma y Emmanuel Macron el próximo martes; Josep Borrell ocho días después; y la italiana Giorgia Meloni en breve. Pero avisó de que "una política sólida hacia China depende de una fuerte coordinación entre los Estados miembros y las instituciones de la UE y de la voluntad de evitar la táctica del 'divide y vencerás' que sabemos que nos vamos a encontrar".

La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, durante su discurso este jueves sobre China

La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, durante su discurso este jueves sobre China

De hecho, Sánchez y Von der Leyen hablaron el mismo jueves para coordinarse. Si ella hizo públicamente el papel de poli malo, al presidente español le tocaba el del poli bueno.

En un discurso consagrado íntegramente a las relaciones entre Bruselas y Pekín [léalo aquí], la presidenta europea lamentó que "China se está volviendo más represiva hacia adentro y más asertiva hacia el exterior" y advirtió de que "la forma en que China continúe interactuando con la guerra de Putin será un factor determinante para el futuro de las relaciones UE-China".

Que la intervención de Von der Leyen era un mensaje preparado y dirigido para Pekín es tan evidente como el hecho de que la web de la Comisión no la publicó en español -uno de los idiomas oficiales de la Unión-, pero sí traducida al chino.

"Los intereses de Europa"

Horas después, la desarrollaba Borrell este viernes en Wake Up, Spain!, cuya edición de 2023 clausuró: "La autonomía estratégica significa que Europa tome su responsabilidad. En este nuevo orden mundial, ya no podemos dejar toda nuestra seguridad en manos de EEUU. Pero menos aún, nuestra energía en los caprichos de Rusia, y nuestros suministros en las fábricas chinas".

Es decir, sabemos quién nuestro aliado... pero estamos obligados a ser autosuficientes. "Europa no es equidistante entre Estados Unidos y China", incidió, "pero tenemos que defender nuestros intereses, como también hace Estados Unidos con los suyos". 

Ése era el papel de Sánchez, como avanzadilla europea. El presidente español tiene fama internacional de forjador de consensos, y le tocará presidir la UE en el momento clave de las relaciones entre Bruselas y Pekín.

De la mano del Alto Representante Borrell, Sánchez liderará el Consejo de la UE en los meses en los que se empezará a ver cuál es el enfoque real que Xi le quiere dar a su influencia sobre la máquina de guerra del Kremlin. Y al rol de líder del 'bando antioccidental' en este "nuevo orden mundial", como el presidente español durante la rueda de prensa posterior a su entrevista con Xi.

A Pekín no le conviene la desestabilización del comercio global, del que depende: y por eso quiere hablar con la UE. Pero China ya es el "rival sistémico" de Occidente y "la mayor amenaza" para la prevalencia de Estados Unidos como primera potencia del planeta: y de la mano de Rusia, junto a su escalada (no sólo) dialéctica por la "reunificación de la patria" ya mira a Taiwán como "elemento clave de la revitalización china".

Éstos fueron algunos de los mensajes emitidos por Xi hace sólo tres semanas, en sus discursos ante la Asamblea del Pueblo. Y por eso hace bien la Unión Europea en mirar con lupa los detalles de esa disposición de Pekín para participar directamente de la reconfiguración del sistema internacional.

No es que Xi pudiera temer ninguna inestabilidad -en un sistema de partido único que él ha purgado-, pero lo cierto es que acaba de renovar mandato, hasta 2028. Le toca dar un paso más, después de una década diseñando una China de puño de hierro en guante de seda, y en sus cuatro discursos ante la Asamblea del Pueblo, hace apenas tres semanas dio bastantes claves.

El doble juego europeo

Tanto Washington como Bruselas lo han escuchado. Pero la Casa Blanca de Joe Biden sólo puede hablar desde la confrontación. La tecnológica, la económica, la ideológica y, cada vez más, la militar.

Josep Borrell, Alto Representante de la UE, en la clausura del 'Wake Up, Spain!' 2023.

Josep Borrell, Alto Representante de la UE, en la clausura del 'Wake Up, Spain!' 2023. Sara Fernández

Por su parte, los líderes de la UE no sólo pueden, sino que necesitan, buscar su papel. El hueco de Europa no cambia sus principios y valores democráticos, pero le permite negociar más libremente con China... y de ese modo, mostrarle el camino que haría posible un "futuro de diálogo y concertación", como planteó Sánchez en Pekín.

En todo caso, la Unión ha estrenado la táctica del doble lenguaje. Mientras Von der Leyen arremetía con dureza, Sánchez engrasaba el diálogo. Y al tiempo que Borrell marcaba el terreno de "los principios" ofrecía el horizonte de "los intereses".

Nada que no se haya visto enfrente, que no lleve haciendo Xi desde que llegó al poder. Mientras propone hablar de "paz en Ucrania", reafirma su "amistad sin límites" con Putin.

Al tiempo que ofrece a sus compañías tecnológicas para la transición digital en todo el mundo -con los mejores precios y calidades en el 5G-, aprueba leyes que obligan a todas las empresas del país a volcar sus datos en el servidor del Estado y a "colaborar con el Ejército".

A la vez que emite mensajes de "paz y estabilidad global", construye defensas antiaéreas en el estrecho de Taiwán, despliega la mayor flota de guerra del mundo tras la estadounidense y abre oficinas de reclutamiento en todas sus grandes ciudades.

Y mientras iniciaba con Sánchez una ronda de contactos con líderes europeos, acusa a Occidente, "encabezado por Estados Unidos", de poner en marcha "una política de contención, un cerco y represión contra China"

Por eso, la tensión y la desconfianza en Bruselas conviven con las ofertas y los incentivos. Por eso se aplauden aspectos de la iniciativa china para la paz, pero se le dice que "no puede actuar de mediador", sino como mucho, "ejercer su influencia" en Moscú.

Por eso, desde 2019 la UE define a China como "socio, competidor y rival sistémico". Y por eso, Von der Leyen, Borrell y Sánchez, aunque con distinto envoltorio, en el fondo le decían lo mismo a Xi: por los hechos les juzgaremos, llame usted a Zelenski, respeten la Carta de Naciones Unidas, "el futuro no tiene por qué ser bélico".