Una médico se equipa con EPI para entrar en una zona de tratamiento de alto riesgo en República Democrática del Congo.
El ébola en el Congo reabre la brecha de la salud global: "La salud pública no puede depender de los mercados"
La retirada de fondos internacionales condena a los países de rentas bajas a combatir las emergencias sanitarias sin recursos básicos.
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Esta semana, los ojos del mundo están puestos en África Central, concretamente en la República Democrática del Congo (RDC). A la crisis de seguridad y humanitaria que sufre el país en el este, se ha sumado un brote de ébola que ya contabiliza 177 muertes sospechosas por la enfermedad y 750 casos.
Las alarmas saltaban el pasado 17 de mayo cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró una emergencia de salud pública de importancia internacional. Una situación que ha ido creciendo durante la semana y ha acabado traspasando la frontera del país. La cepa se ha detectado también en Uganda y Sudán del Sur.
Precisamente, esta era una de las mayores preocupaciones de la OMS, su paso de fronteras. Motivo que le llevó a declarar este viernes un nivel de riesgo muy alto nivel nacional y alto a nivel regional.
A nivel global el riesgo de expansión es bajo, pero eso no significa que el resto del mundo pueda mirar hacia otro lado.
Daniel López-Acuña, epidemiólogo y exdirector de Acción Sanitaria en Situaciones de Crisis de la Organización Mundial de la Salud (OMS), señala que este brote "es posiblemente la expresión visible del impacto de los recortes en término de respuesta a epidemias y pandemias".
Añade que la situación se da en un contexto con una infraestructura sanitaria "precaria y diezmada", donde es muy necesaria la cooperación internacional para poder contener la enfermedad, agrega el especialista. Sin embargo, cada vez reciben menos medios.
La financiación del organismo mundial es cada vez menor desde que Estados Unidos anunciara a principios de 2025 su salida y se ha agudizado en 2026, según López-Acuña.
La OMS ha perdido la tercera parte de su presupuesto, ha despedido alrededor de 1.200 funcionarios y ha tenido que recortar numerosos programas vitales para la salud pública internacional, apunta el epidemiólogo.
A ello se ha sumado el recorte de la ayuda bilateral que venía aportando EEUU, particularmente en África, para apoyar la lucha contra la malaria, la tuberculosis y el SIDA. También para fortalecer los programas de vacunación, de preparación pandémica y de salud sexual y reproductiva.
Yuan Qiong Hu, responsable de Análisis de Médicos Sin Fronteras (MSF), señala que no se puede afirmar directamente en qué medida los recortes de EEUU están contribuyendo al brote actual. Sin embargo, López-Acuña cree que tienen un impacto negativo en esta situación.
MSF carga en el aeropuerto de Bunia (República Democrática del Congo) equipos de protección y suministros médicos para combatir el brote Anna Schönhofer / MSF
Lo que Hu tiene claro es que la violencia, las respuestas de emergencia y el acceso a la atención sanitaria se han visto gravemente afectados por la inseguridad, la reducción de la financiación, las limitaciones políticas y los importantes retos logísticos que afronta la región.
El brote de 2014
Sobre África planea de nuevo la sombra del brote que sufrió en 2014 la zona occidental y que afectó a Guinea, Liberia y Sierra Leona. Entonces, recuerda Hu, MSF se vio obligada a intervenir sin contar con herramientas adecuadas y vitales, como vacunas y tratamientos.
Una tragedia de la que López-Acuña espera que se hayan aprendido las lecciones necesarias y se puedan movilizar rápidamente los medios materiales y los equipos profesionales internacionales que se requieren.
No obstante, parece que no estamos en ese camino. 12 años después de aquello, los miembros de MSF se enfrentan a la misma situación en las mismas condiciones. Sus equipos se ven obligados a actuar sin disponer de los medios adecuados para hacerlo y las comunidades se quedan sin atención médica, lamenta Hu.
El brote que sufre actualmente RDC está provocado por el virus de Bundibugyo, una variante menos conocida. Fue identificada por primera vez en 2007 durante un brote en Uganda y hubo otro episodio más pequeño en la propia RDC en 2012.
La complicación principal es que para este tipo no existe vacuna disponible, lo que dificulta enormemente su contención. Aun así, la situación no sería tan distinta si se tratara de una variante más común, se queja el portavoz de MSF.
Para él, la situación actual muestra que los esfuerzos de investigación y desarrollo realizados en el pasado siguen descuidando las enfermedades que afectan a los entornos de los países de ingresos bajos y medios.
Los tratamientos y vacunas existentes contra la enfermedad por el virus del Ébola tienen un precio demasiado elevado y cuesta mucho llevarlos a quienes los necesitan en ausencia de una financiación intensiva por parte de los donantes.
Contención de pandemias
Tanto este brote como el de hantavirus producido en el crucero MV Hondius han puesto de manifiesto la importancia de la cooperación internacional y de que las potencias compartan información.
Entrada del Instituto Nacional de Investigación Biomédica de Goma (RCD). Anna Schönhofer / MSF
En ese sentido, Rafael Vilasanjuan, Director del área de Traslación e Impacto en el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), recuerda que existe un tratado de pandemias publicado y aprobado por la OMS hace 1 año. Documento que aún no cuenta con la ratificación de los 60 estados necesarios para que sea aplicado.
El motivo fundamental, desgrana, es que quedan "aspectos, especialmente económicos y de transferencia de conocimiento, en los que existen intereses todavía demasiado contrapuestos". Vilasanjuan no cree que el proyecto esté muerto, pero sí que está "hibernando".
Da la impresión de que deben llegar las epidemias hasta occidente para entender que no todo se puede someter a las leyes del mercado, subraya. "Hay cuestiones que pertenecen a la salud pública y eso requiere acuerdos internacionales que estén por encima de los acuerdos de propiedad intelectual o de la regulación de medicamentos".
El portavoz de ISGlobal recuerda también que los sistemas de vigilancia y prevención de epidemias en países de renta baja han empeorado desde la crisis de covid-19 porque ha habido una retirada de fondos.
De hecho, una buena parte de esa financiación perdida se destinaba precisamente a reforzar los servicios de atención primaria básica. "Aquí es donde normalmente se detectan los primeros casos y se reportan los primeros riesgos de epidemia".
Estos países, como RDC y Uganda, no cuentan con la capacidad fiscal ni económica propias para desarrollar unos sistemas de salud capaces de facilitar el desarrollo de un sistema de vigilancia, atención y respuesta necesario como para frenar "lo que podría ser en algún momento a una pandemia", advierte.
Para Vilasanjuan, el reto actual de la OMS es volver a unir a los ministerios de Sanidad de todos sus miembros. En esa línea, López-Acuña advierte de la amenaza que pueden suponer los discursos de soberanía de los países que han abandonado el organismo.
Son una amenaza para el multilateralismo sanitario y debilitan la cooperación internacional en salud, apunta el epidemiólogo. "Esto hay que combatirlo, contrarrestarlo, y España debe ser un adalid de las alianzas sanitarias globales"