Europa se ha fijado un objetivo claro: reducir al menos un 55% sus emisiones en 2030. España, por su parte, avanza con determinación hacia la neutralidad climática en 2050. Son metas ambiciosas, necesarias y urgentes.
Pero alcanzarlas exige decisiones concretas que van más allá del consenso político y la inversión en infraestructuras, requiere de una redefinición profunda de nuestros patrones de producción y consumo energético. Y, en mi opinión, estamos ante una oportunidad histórica para liderar ese cambio con inteligencia y liderazgo.
En la era de transformación que estamos atravesando, existe un factor con un gran potencial que todavía no ha sido suficientemente aprovechado: el calor.
Los sistemas de calefacción, refrigeración y agua caliente sanitaria en los sectores industrial y residencial representan una parte esencial del consumo energético y su optimización es, precisamente, una de las palancas más poderosas que tenemos para acelerar la descarbonización real de nuestra economía.
La transición energética será más completa y eficiente si abordamos este reto con la misma ambición con la que hemos promovido la electrificación o el despliegue de energías renovables más visibles como la solar fotovoltaica.
Necesitamos integrar soluciones capaces de garantizar un suministro térmico constante, estable y sostenible en el tiempo, sin depender de las inclemencias climáticas ni de la volatilidad de los mercados energéticos.
Si hay una tecnología de vanguardia llamada a jugar un papel decisivo en este proceso es la geotermia, sólida, versátil y con un potencial de desarrollo que apenas hemos comenzado a explorar.
Aprovechando el calor almacenado en el subsuelo para climatizar edificios y procesos industriales, esta solución innovadora ofrece lo que pocas fuentes pueden garantizar, continuidad, disponibilidad 24/365 e impacto ambiental mínimo.
Su capacidad para proporcionar energía térmica de forma ininterrumpida la convierte en una pieza estratégica para construir modelos verdaderamente resilientes y bajos en carbono.
Y precisamente ahí reside su mayor atractivo. Opera de forma discreta, liberando espacio en azoteas y fachadas, permitiendo una integración arquitectónica total, especialmente valiosa para entornos urbanos, edificios históricos o zonas donde la estética y la armonía con el entorno son factores determinantes.
Desde Veolia, trabajamos para poner en valor este potencial, incorporando soluciones que actúen directamente sobre la demanda térmica. Nuestra experiencia en diferentes proyectos demuestra que integrar esta tecnología de forma eficiente, sostenible y adaptable a diferentes realidades y contextos no solo es posible, sino rentable y replicable.
La innovación no siempre consiste en descubrir nuevas fuentes de energía, sino sacar el máximo partido a las que ya tenemos a nuestra disposición. Apostar por la geotermia es apostar por una transición más completa, más rigurosa y más alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Tenemos las herramientas, la tecnología y los resultados que avalan el camino. La geotermia es una fuente renovable, limpia e inagotable, y su carácter local la convierte en una fuente especialmente valiosa para reducir la dependencia energética exterior y poner en valor los recursos propios del territorio.
Situarla en el centro de nuestra hoja de ruta energética es apostar por una transición más alineada con los objetivos climáticos que nos hemos comprometido a alcanzar.
*** José Otero es director de Energías Renovables de Veolia en España.