Pistacho de la Sierra Alcaraz.

Pistacho de la Sierra Alcaraz. Cedida

Historias

La Sierra de Alcaraz apuesta por los pistachos para generar valor y empleo: "El campo no puede conformarse con sobrevivir"

La comarca albaceteña quiere convertir su cultivo en un motor de transformación, conocimiento y oportunidades para frenar la despoblación.

Más información: La fiebre del pistacho convierte a España en el cuarto productor mundial: Castilla-La Mancha concentra el 80% de los cultivos

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Si el campo quiere tener futuro, no basta con producir. Bajo esta premisa nace Pistachos Alcaraz, un proyecto impulsado por Industrias Agrarias Castellanas S.A. (INDACSA), empresa vinculada al sector agroalimentario desde hace cinco décadas, que busca llevar una mayor parte de la cadena de valor del pistacho hasta la Sierra de Alcaraz.

"Si queremos que el sector primario tenga futuro, no podemos limitarnos a producir; tenemos que generar valor alrededor de la producción y hacerlo cerca de donde están los agricultores", explica José Ramón Díaz de los Bernardos Romero de Ávila, ingeniero agrónomo, responsable técnico de operaciones y calidad del proyecto, además de asesor agrícola.

La iniciativa nace al analizar la evolución del pistacho en Castilla-La Mancha y las posibilidades de la Sierra de Alcaraz y el Campo de Montiel. La oportunidad, explica, no está únicamente en plantar árboles, sino en construir alrededor del cultivo una actividad económica capaz de permanecer en el territorio.

"No queremos que la Sierra de Alcaraz sea únicamente productora de pistacho. Queremos que también sea territorio de transformación, conocimiento, empleo y oportunidades", señala.

Pistachos Alcaraz, que se pone en marcha este mes de septiembre, pretende acercar al agricultor una de las fases más críticas del cultivo: la recolección, la recepción y el procesado. Díaz de los Bernardos lo resume: "Queremos ser el hospital de campaña del pistacho".

Carrera a contratiempo

Tras la recolección del pistacho existe una ventana crítica en la que la rapidez de actuación puede influir en la conservación de la calidad del producto. El agricultor necesita capacidad de recepción, conocimiento técnico y respuesta rápida.

Por eso, la intención no es construir únicamente una planta donde entre pistacho y salga pistacho procesado. El proyecto busca crear una infraestructura alrededor del agricultor que reúna procesado, servicios, conocimiento, asesoramiento y actividad económica.

José Ramón Díaz de los Bernardos.

José Ramón Díaz de los Bernardos. Cedida

La iniciativa pretende incorporar progresivamente agricultores de la Sierra de Alcaraz, Campo de Montiel y territorios próximos para consolidar la actividad industrial, ampliar la red de productores y desarrollar los servicios asociados al procesado.

El planteamiento, según Díaz de los Bernardos, parte de una visión del pistacho que va más allá del cultivo. Requiere paciencia, conocimiento, inversión y visión a largo plazo, ya que el agricultor debe esperar años hasta conseguir una producción significativa y asumir durante ese tiempo riesgos agronómicos, climáticos y económicos.

Pero la cosecha abre también una oportunidad para generar servicios técnicos, empleo, transformación, logística, comercialización, conocimiento y nuevas oportunidades empresariales.

El valor en origen

El proyecto pretende cambiar una dinámica que, según su responsable, se ha mantenido durante demasiado tiempo: producir la materia prima en un territorio y desarrollar lejos de él las fases de transformación, clasificación, comercialización y valorización. "La materia prima no debería ser el final de la cadena. Debería ser el principio", afirma su responsable técnico.

De este modo, la apuesta pasa por que una mayor parte del valor generado por una hectárea de pistacho permanezca alrededor de esa hectárea. Eso implica facilitar al agricultor una instalación cercana para llevar su producción y generar empleo, transporte, mantenimiento, servicios técnicos, comercialización y nuevas oportunidades empresariales.

También conocimiento. Que existan técnicos, profesionales, agricultores especializados y empresas que conozcan el cultivo en la comarca significa que una parte del conocimiento asociado a la producción permanece en el territorio.

El efecto, por tanto, no se limita a la actividad de la propia planta. Cada tonelada recepcionada genera necesidades alrededor de la operación industrial y puede convertir la instalación en un nodo de actividad económica.

Identidad propia

Díaz de los Bernardos considera que el pistacho de la Sierra puede aspirar a construir una identidad propia, aunque evita dar por hecho que el origen determine por sí solo una mayor calidad.

"No podemos afirmar que cualquier pistacho cultivado en una zona de sierra vaya a ser automáticamente superior a cualquier otro", advierte. La variedad, el suelo, el manejo agronómico, la disponibilidad de agua, la altitud, las diferencias térmicas, el momento de recolección y el procesado posterior son determinantes.

Campos de cultivo de pistacho en la Sierra Alcaraz.

Campos de cultivo de pistacho en la Sierra Alcaraz. Cedida

Sin embargo, las condiciones particulares de una zona de sierra, combinadas con una buena elección varietal y un manejo adecuado, pueden contribuir a desarrollar perfiles sensoriales diferenciados, con aromas, intensidad, persistencia, textura y carácter. "Por eso creo que el pistacho de la Sierra puede aspirar a construir una identidad propia", sostiene.

En ese objetivo, el procesado cercano adquiere de nuevo un papel central: proteger el potencial organoléptico que el agricultor ha construido durante todo el año en su parcela.

Tecnología y conocimiento

La principal innovación de Pistachos Alcaraz, según su responsable, no está únicamente en una máquina concreta, sino en la forma de entender el proyecto. La tecnología permitirá mejorar la eficiencia, la homogeneidad, el control de procesos, la trazabilidad y la calidad. Pero la intención es combinarla con conocimiento agronómico y proximidad al agricultor.

La planta quiere funcionar como punto de encuentro entre agricultor, técnico y empresa, de manera que los datos obtenidos durante el procesado puedan contribuir al conocimiento del cultivo y a mejorar su eficiencia, calidad y trazabilidad.

Empleo y arraigo

Este proyecto no va a solucionar por sí solo la despoblación, advierte su responsable. El problema es estructural y requiere vivienda, servicios, conectividad, educación, sanidad, movilidad, empleo y oportunidades empresariales. Pero existe una condición previa: "Sin actividad económica no existe proyecto de territorio".

Pistachos Alcaraz pretende generar necesidades profesionales diversas: agricultores, ingenieros agrónomos, técnicos, operarios de transformación, responsables de calidad, mantenimiento, logística, administración, comercialización y servicios auxiliares.

Y el impacto puede extenderse a otras actividades. Una persona que trabaja en la comarca consume en ella; una familia que permanece mantiene una vivienda; una empresa auxiliar encuentra clientes; un comercio consigue más actividad.

"La despoblación no se combate con una única gran decisión. Se combate creando cientos de pequeñas razones para quedarse", afirma Díaz de los Bernardos.

En este punto, el proyecto pone el foco especialmente en los jóvenes y las mujeres. Su responsable reivindica que el medio rural no puede limitarse a pedir a las nuevas generaciones que no se marchen.

"Los jóvenes queremos oportunidades profesionales, empresas, tecnología, capacidad de decisión. Queremos proyectos ambiciosos. Y queremos poder vivir en un pueblo sin sentir que estamos renunciando a nuestras aspiraciones".

La cuestión, por tanto, no sería únicamente cómo evitar que los jóvenes se marchen, sino qué hay que construir para que quieran quedarse y para que otros quieran venir.

Del residuo al recurso

El proyecto también incorpora una dimensión ambiental. La intención es que la planta sea una infraestructura moderna y eficiente, teniendo en cuenta aspectos como el consumo de agua, la generación de energía y la gestión de residuos y subproductos.

En un territorio donde el agua es un recurso que debe utilizarse con responsabilidad, la premisa es emplear únicamente la necesaria y hacerlo de la forma más eficiente posible.

La energía solar es otra de las herramientas incorporadas al proyecto, con el objetivo de aprovechar el potencial de generación renovable del territorio y reducir progresivamente la dependencia de fuentes energéticas convencionales.

Pistacho cultivado en la Sierra Alcaraz.

Pistacho cultivado en la Sierra Alcaraz. Cedida

En cuanto a los residuos, la filosofía pasa por estudiar qué utilidad pueden tener los materiales derivados del procesado. "Lo que para una fase puede ser un residuo, en otra puede convertirse en un recurso", explica.

En el caso del pistacho, las cáscaras, restos vegetales y otros materiales derivados del procesado pueden tener diferentes vías de aprovechamiento que deberán estudiarse en función de sus características y de los usos técnicamente viables.

Entre las posibilidades que plantea están la valorización energética, los materiales, el compostaje, las enmiendas o determinadas aplicaciones industriales, siempre de acuerdo con la normativa correspondiente.

Nuevo capítulo rural

Si dentro de diez años el proyecto funciona como esperan, a Díaz de los Bernardos le gustaría encontrar una Sierra de Alcaraz con más agricultores profesionales, jóvenes trabajando, actividad empresarial, conocimiento y valor generado dentro de la comarca.

También con explotaciones de pistacho profesionalizadas, técnicos, empresas auxiliares y jóvenes y mujeres que hayan encontrado una oportunidad profesional en el territorio.

Y considera que el modelo puede trasladarse a otras comarcas rurales, a otros cultivos y actividades como almendro, olivar, viñedo, frutos secos, ganadería o transformación agroalimentaria.

La fórmula, explica, consiste en "identificar lo que el territorio sabe producir, conseguir que una mayor parte de la cadena de valor permanezca allí, profesionalizar la actividad, incorporar tecnología y crear oportunidades para que la siguiente generación quiera quedarse".

Para Díaz de los Bernardos, ese es el cambio de mirada que necesita el medio rural. "El campo no puede conformarse con sobrevivir. El campo tiene que aspirar a crecer, a innovar, a generar riqueza y a liderar".